"Alemania es el lugar donde se inventó el coche".
Las palabras son de la Verbandes der Automobilindustrie (VDA), una de las múltiples asociaciones alemanas de la industria del automóvil. La declaración, desde luego, es cierta e irrefutable. Habría que preguntar a la VDA si Alemania es también el lugar donde mejor se fabrican los coches.
Esa pregunta, seguramente, cambiaría la fotografía que pretende ofrecer esta organización que estima que en 2023 trabajaban 779.700 empleados en todo el país. Una fuerza laboral que ese año produjo 4,1 millones de vehículos de pasajeros y casi 200.000 vehículos comerciales.
Para hacernos una mejor idea, en España, que somos el segundo mayor productor de vehículos de Europa, fabricamos 1,8 millones de automóviles de pasajeros el año pasado, según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac)
La fotografía, si solo miramos a los coches eléctricos, es similar. Alemania es el primer país de Europa y el segundo del mundo que más automóviles de este tipo produce. El primero, evidentemente es China.
Podríamos decir que Alemania es, por tanto, un lugar ideal para producir coches.
Nada más lejos de la realidad.
Un problema gigantesco
Si Alemania es el primer productor de coches de Europa es por una cuestión meramente histórica. Dentro de sus fronteras se desarrollaron algunas de las compañías más importantes de la historia del automóvil, empezando evidentemente por Mercedes (la marca que creó el primer coche del mundo) y seguida por el impulso industrial que la Alemania de Hitler dio para la creación de Volkswagen.
La compañía nació bajo el paraguas de un III Reich que necesitaba subir a sus ciudadanos al coche y para ello ordenó producir el famoso Escarabajo o Beetle, un coche que nació de la mano de Ferdinand Porsche, quien evidentemente era el fundador de la histórica compañía de coches deportivos.




