Alerta en la región núcleo: prevén hasta un 90% más de lluvias en el pico de “El Niño”
Tras tres campañas dominadas por la sequía, el panorama climático para el agro argentino experimenta un giro radical que genera tanto expectativas como serias preocupaciones operativas. La fase oceánica del fenómeno del Pacífico (ENSO) El Niño , iniciada hacia mediados de año, ha comenzado su acopla
Tras tres campañas dominadas por la sequía, el panorama climático para el agro argentino experimenta un giro radical que genera tanto expectativas como serias preocupaciones operativas.
La fase oceánica del fenómeno del Pacífico (ENSO)El Niño, iniciada hacia mediados de año, ha comenzado su acoplamiento formal con la atmósfera, inaugurando un período de intensas transferencias de humedad hacia el continente.
Según los análisis actualizados de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el evento alcanzará una categoría de fuerte a muy fuerte en la última franja del año.
Para dotar de precisión a los escenarios proyectados, la entidad bursátil reprogramó y ajustó un algoritmo estadístico desarrollado originalmente en 2023.
La herramienta procesa los datos históricos de los últimos 50 años provenientes de las 36 estaciones meteorológicas de la red GEA/BCR y los cruza con 10 de los modelos globales más estables.
Los mapas resultantes trazan un horizonte complejo para el núcleo productivo del país, estimando que las precipitaciones superarán holgadamente los promedios históricos en el último trimestre de 2026.
El salto pluvial de primavera
Las proyecciones elaboradas muestran una escala ascendente en el volumen acumulado de agua.
En octubre, el incremento estimado respecto de la media se ubicaría en torno al 30%.
Sin embargo, la brecha se profundizará severamente hacia el cierre del año. Noviembre registrará marcas que se sitúan un 70% por encima de los promedios históricos, mientras que en diciembre —el momento de mayor impacto operacional— las precipitaciones podrían trepar hasta un 90% por encima de los valores habituales de la región.
El especialista Alfredo Elorriaga, consultor meteorológico de la BCR, remarca que la evolución de la anomalía de la temperatura superficial en el Pacífico (SST) refleja un crecimiento sostenido, pasando de 1,25 a 1,8 en pocas semanas, con rangos máximos proyectados de calentamiento de entre 2 y 3 puntos.
Por sus dimensiones, el evento actual exhibe un comportamiento similar al registrado durante el ciclo 2015/2016, caracterizado por una marcada recurrencia de tormentas de envergadura.
A diferencia de aquel antecedente histórico, las modelaciones indican una diferencia relevante hacia el cierre del ciclo productivo.
Mientras que en 2016 el pico del fenómeno se extendió con fuerza hasta los primeros meses del año siguiente —provocando temporales que afectaron el levantamiento de los cultivos de verano—, las proyecciones para 2027 marcan una transición paulatina hacia la neutralidad hacia el mes de abril.
Además, las anomalías frías proyectadas en las aguas del Océano Atlántico para el tramo final de 2026 actuarán como un freno relativo, evitando el aporte de humedad adicional a la franja oriental del territorio nacional.
Un desafío para el trabajo a campo
Aunque el regreso de la humedad se perfila como un factor positivo para la recuperación de los perfiles hídricos de los suelos golpeados por la sequía prolongada, la concentración de los acumulados plantea un cuello de botella logístico severo en los establecimientos agrícolas.
El mayor obstáculo proyectado no será la falta de insumos, sino los problemas de piso derivados del barro y la escasez de días de buen tiempo para transitar con la maquinaria pesada.
El calendario de trabajos muestra una condensación crítica a partir del mes de octubre.
En primera instancia, los productores deberán ejecutar la implantación de la soja de primera en medio de suelos saturados.
Hacia finales de noviembre y durante todo el mes de diciembre, las labores se solaparán trágicamente: la trilla de las áreas sembradas con trigo coincidirá con las ventanas óptimas para las siembras de soja de segunda y la entrada de las fechas de maíz tardío.
El maíz, en particular, se posiciona como el cultivo de mayor vulnerabilidad frente a esta dinámica pluvial.
Al tratarse de un insumo de elevado valor económico por hectárea, la especie presenta poca capacidad de compensación si la emergencia se ve alterada por anegamientos tempranos.
En este sentido, los técnicos coinciden en que la siembra del maíz tardío en diciembre podría convertirse en el principal talón de Aquiles de la campaña, al quedar expuesta al punto máximo del evento.
Por el contrario, la opción de adelantar las siembras tempranas de maíz hacia los últimos días de agosto o primeros días de septiembre surge como una estrategia de mitigación válida para esquivar los temporales primaverales de mayor volumen.
La recomendación extendida desde la BCR hacia el sector agropecuario se enfoca en la anticipación y en la optimización operativa.
Frente a una frecuencia de precipitaciones que promete recortar drásticamente los días de trabajo disponibles, cualquier demora en la ejecución de la siembra o la cosecha podría paralizar los esquemas planeados.
En un escenario dominado por la abundancia hídrica, la ventana para tomar decisiones dentro del lote será extremadamente acotada.