Madring reaviva la historia de Alfonso de Portago, el primer piloto español en hacer historia en la Fórmula 1.

Antes de Fernando Alonso, Carlos Sainz y Madring, hubo un piloto que llevó la bandera española a Ferrari y se convirtió en uno de los pioneros nacionales del automovilismo internacional. Su carrera terminó el 12 de mayo de 1957, durante la Mille Miglia, en un accidente que también mató a su copiloto, Edmund Nelson. El Gran Premio de España devuelve este fin de semana la Fórmula 1 a Madrid, cerca de cuatro décadas después de la última etapa del Jarama. El estreno de Madring conecta con una historia anterior: la de un aristócrata español que intentó hacerse un lugar en la élite de las carreras y murió a los 28 años. ¿Su nombre? Alfonso de Portago.

El nuevo circuito, situado en el entorno de IFEMA Madrid, recibe la actividad del Mundial entre el 11 y el 13 de septiembre. El programa también incluye carreras de Fórmula 2 y Fórmula 3. Madring tiene 5,4 kilómetros y 22 curvas. El trazado combina vías públicas con sectores permanentes y cuenta con rectas en las que los monoplazas pueden alcanzar los 340 km/h, de acuerdo con la información de Fórmula 1. La curva conocida como La Monumental será uno de los puntos distintivos de la prueba. Tiene 547 metros, un peralte del 24% y una entrada que limita la visión de los pilotos antes de la frenada. La organización prevé que ese sector concentre buena parte del público. La configuración de la curva busca ofrecer un desafío técnico y una zona de observación para las gradas.

Carlos Sainz, embajador del Gran Premio de España, fue el primer piloto en completar una vuelta al circuito asfaltado. El madrileño recorrió el trazado en un coche deportivo antes de la apertura de la actividad oficial. “Es más rápido de lo que parece”, afirmó Sainz al describir Madring. El piloto también destacó la primera curva como una posible zona de adelantamientos y se refirió a la exigencia de Las Cárcavas y de las enlazadas del segundo sector. Sobre La Monumental, Sainz señaló: “Sólo se ve el cielo”. La frase aludía al ascenso y al peralte que preceden a ese giro, una de las imágenes con las que el nuevo circuito busca presentarse ante el calendario.

La película que recoge su historia

El automovilismo español cuenta hoy con dos campeones del mundo, una afición consolidada y una nueva sede para el Gran Premio. En los años 50, Alfonso de Portago representó una excepción: fue el primer español que compitió para Ferrari y abrió un camino en una época con menos oportunidades para los pilotos del país. Su figura forma parte de Ferrari, la película dirigida por Michael Mann que reconstruye una etapa de presión para Enzo Ferrari y que se puede ver actualmente en Movistar+, HBO Max o Amazon Prime. Gabriel Leone interpreta a Portago, mientras Adam Driver encarna al fundador de la escudería y Penélope Cruz da vida a Laura Ferrari. El largometraje se sitúa en el verano de 1957. En esa temporada, la empresa afrontaba dificultades económicas y deportivas, y la Mille Miglia aparecía como una competición decisiva para su futuro. Portago llegó a Módena en busca de un puesto en Ferrari. Su oportunidad se abrió después de la muerte del piloto Eugenio Castellotti durante una prueba, un hecho que obligó al equipo a reorganizar sus planes.

El español no procedía de un ambiente convencional para un corredor. Su nombre completo era Alfonso Antonio Vicente Eduardo Ángel Blas Francisco de Borja Cabeza de Vaca y Leighton, y pertenecía a una familia vinculada a la nobleza. Su padre, Antonio de Portago, practicó hípica, polo y boxeo. También trabajó como actor antes de que la Guerra Civil interrumpiera esa actividad. Alfonso siguió una ruta deportiva variada. Representó a España en bobsleigh durante los Juegos Olímpicos de Invierno y practicó distintas disciplinas antes de descubrir las carreras de automóviles.

La relación de Portago con Ferrari nació en Estados Unidos. Allí conoció a Luigi Chinetti, importador de la marca italiana y figura clave en las carreras de resistencia. Chinetti le propuso participar como copiloto en la Carrera Panamericana. Portago aceptó y, poco después, tuvo su propio Ferrari 250 MM. La pasión por la marca lo llevó a intentar una incorporación al equipo de Módena. Enzo Ferrari terminó por darle una oportunidad en un contexto de necesidad para la escudería. El piloto español también ocupó espacio en la prensa por su relación con la actriz Linda Christian. La intérprete había sido pareja de Tyrone Power y volvió a las portadas italianas tras iniciar su vínculo con Portago.

La atención mediática no agradaba a Enzo Ferrari. Al fundador de la escudería le preocupaba que los fotógrafos concentraran su interés en Christian y dejaran los coches en un segundo plano. La película recupera ese episodio y lo sitúa entre las tensiones que rodeaban al equipo. También muestra a Portago como un piloto ambicioso, dispuesto a ganar un sitio en una estructura que reunía a algunas de las figuras centrales del automovilismo europeo.

Gabriel Leone como Alfonso de Portago

Una inspiración para otros pilotos

La carrera italiana debía ser una oportunidad para consolidar el lugar de Portago en Ferrari. La prueba terminó con un accidente en el tramo final, cuando el español conducía junto a Edmund Nelson. Las primeras versiones apuntaron a un fallo en los neumáticos. La investigación posterior concluyó que una piedra provocó el reventón de una rueda del coche. La tragedia abrió un período de investigaciones y cuestionamientos públicos contra Ferrari. Enzo Ferrari y la compañía fueron absueltos de los cargos relacionados con el siniestro.

La muerte de Portago dejó una pérdida para la escudería y para el deporte español. Su trayectoria había incluido el primer podio de un piloto español y su presencia como el primer representante nacional dentro de Ferrari. Fernando Alonso lo ha mencionado como una referencia por su valentía y determinación. Ahora, mientras Madrid estrena un circuito para la Fórmula 1, el recuerdo de Portago vuelve a enlazar el presente del automovilismo español con una generación que compitió cuando llegar a la élite era una excepción.