Los ISRS podrían aliviar la depresión y la ansiedad al retrasar la recaptación de serotonina y favorecer cambios de neuroplasticidad en circuitos cerebrales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) son un tipo común de antidepresivo. Actúan modificando la actividad de la serotonina, una sustancia química que influye en el estado de ánimo, así como en muchas otras funciones corporales y mentales, explica Cleveland Clinic.

En Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr. y el movimiento MAHA impulsan restricciones al uso de los ISRS, medicamentos antidepresivos que actúan sobre la serotonina y suelen indicarse para tratar la depresión, los trastornos de ansiedad y otras afecciones de salud mental. Frente a ese debate, surge la pregunta de cómo evaluar hoy el inicio, la continuidad o una eventual suspensión de estos tratamientos.

En un episodio del podcast Opiniones de The New York Times, el columnista David Wallace-Wells y la médica Rachael Bedard dialogaron con el psiquiatra y profesor de la Facultad de Medicina Cooper de la Universidad Rowan, Anthony Rostain sobre la evidencia disponible, los límites del conocimiento actual y los criterios que médicos y pacientes pueden considerar al tomar decisiones sobre los ISRS.

Estos medicamentos se utilizan a menudo para tratar trastornos de salud mental , como la depresión, la ansiedad, el trastorno de estrés postraumático (Imagen Ilustrativa Infobae)

El psiquiatra expresó que los ISRS podrían aliviar síntomas de depresión y ansiedad al retrasar el reciclaje de serotonina y favorecer la neuroplasticidad, cambios en circuitos cerebrales ligados al ánimo, el estrés y la toma de decisiones.

La eficacia observada en grupos de pacientes no permite anticipar la respuesta de una persona en particular, advirtió Rostain. El especialista señaló que estos fármacos podrían ayudar en cuadros de depresión moderada a grave, pero no constituyen una solución universal y algunas personas continúan con síntomas pese al tratamiento.

Wallace-Wells indicó que uno de cada seis estadounidenses toma antidepresivos, mientras que Bedard situó en cerca de cinco años la duración mediana del tratamiento entre quienes lo sostienen a largo plazo.

Algunos investigadores y defensores de la salud han expresado su preocupación por el elevado número de pacientes que consumen antidepresivos y por las dificultades que enfrentan quienes desean dejar de tomarlos", afirmó en un artículo en The Conversation Andrew McLean, Profesor clínico de psiquiatría y ciencias del comportamiento, Universidad de Dakota del Norte de Estados Unidos quien también mencionó a Robert F. Kennedy Jr., que en mayo de 2026 “impulsó una iniciativa para alentar a los médicos a buscar, siempre que sea posible, alternativas al uso de antidepresivos y otros fármacos psiquiátricos para tratar la depresión”, señaló el profesor.

Del desequilibrio químico a los circuitos cerebrales

La respuesta a los ISRS no puede predecirse en una persona en particular y estos antidepresivos no funcionan como una solución universal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los ISRS no corrigen de manera simple una supuesta falta de serotonina, según los participantes de la conversación. Rostain explicó que la idea de la depresión como un “desequilibrio químico” resultó insuficiente para describir una condición cuyo origen todavía no se conoce con precisión.

Según explica Cleveland Clinic, la serotonina es un tipo de neurotransmisor, o mensajero químico. Los neurotransmisores son moléculas que determinan cómo se comunican entre sí las diferentes regiones del cerebro.

Normalmente, después de que la serotonina transmite su mensaje, las células cerebrales la reabsorben. Este proceso se denomina recaptación. Los ISRS bloquean esta reabsorción, lo que permite que la serotonina permanezca activa en el cerebro durante un período de tiempo más prolongado.

La serotonina participa en la regulación del apetito, memoria y ánimo, entre otras funciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los cambios en los circuitos que regulan las emociones positivas y negativas podrían permitir que una persona incorpore nuevas estrategias para afrontar sus síntomas, planteó Rostain. Esa posibilidad fue vinculada con la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro de aprender y adaptarse.

“Los antidepresivos pueden ser útiles para la depresión moderada a grave, pero generalmente no se recomiendan para la depresión leve, ya que los efectos secundarios podrían ser mayores que cualquier beneficio potencial. Para la depresión leve, existen muchos tratamientos eficaces sin medicamentos”, añadió McLean en The Conversation.

Y advirtió que “a veces se pierde la distinción entre síntomas leves y graves” y que según un análisis de 2026, la mayoría de las recetas de antidepresivos en Estados Unidos no son emitidas por psiquiatras: “La mayoría son emitidas por médicos de atención primaria, que no son especialistas en salud mental”.

Una expansión clínica desde la aprobación de 1987

La FDA aprobó el primer ISRS en 1987 y estos fármacos se expandieron frente a los tricíclicos por su perfil de seguridad y tolerancia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos aprobó el primer ISRS en 1987, recordó Rostain. Estos medicamentos ganaron terreno frente a los antidepresivos tricíclicos porque, en términos generales, se consideraron más seguros y mejor tolerados.

Los tricíclicos se asociaban con riesgos como arritmias y sobredosis potencialmente mortales, explicó el psiquiatra. Los ISRS comenzaron a utilizarse principalmente para la depresión y luego extendieron sus indicaciones a trastornos de ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad social y estrés postraumático.

La depresión no tiene una causa única identificada ni un mecanismo comparable al de enfermedades con procesos biológicos mejor definidos, sostuvo Rostain. La genética, el estilo de vida, las experiencias personales y las circunstancias sociales podrían intervenir en los problemas de salud mental, según su descripción.

Terapia, actividad física y redes de apoyo

Rostain afirmó que la medicación para la salud mental suele ser insuficiente sin psicoterapia, actividad física y redes de apoyo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La medicación por sí sola suele ser insuficiente para abordar el malestar de una persona, afirmó Rostain. El psiquiatra sostuvo que la psicoterapia, la actividad física y las estrategias de adaptación pueden formar parte del abordaje, aunque el acceso a esos recursos no es igual para todos.

Bedard relató que en ocasiones prescribe antidepresivos a pacientes que no pueden acceder a psicoterapia u otros servicios que también necesitarían. La médica, que trabajó con personas sin hogar y en el sistema penitenciario de la ciudad de Nueva York, describió una brecha entre la atención ideal y las opciones disponibles en la práctica.

Los ISRS podrían ser una herramienta para algunos pacientes, pero no resolverían por sí solos la soledad, la inseguridad alimentaria ni la falta de vínculos de apoyo, coincidieron los participantes. Rostain mencionó la activación conductual, que incluye levantarse, moverse y hacer ejercicio, como una intervención que podría contribuir al estado de ánimo.

La suspensión gradual y el seguimiento clínico

La suspensión de un ISRS requiere seguimiento clínico y una reducción gradual porque pueden aparecer síntomas de abstinencia, retorno del cuadro y efectos adversos que exigen evaluación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La continuidad o la reducción de un ISRS requiere una evaluación individual de beneficios, riesgos, efectos adversos y apoyos disponibles, según Rostain. Para un único episodio depresivo, el psiquiatra indicó que las guías suelen sugerir considerar la suspensión tras seis a 12 meses de estado de ánimo normal.

La duración adecuada no puede definirse solo por una cantidad fija de meses o años, especialmente en personas con trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad u otros diagnósticos más persistentes, señaló. Bedard agregó que muchos ensayos se realizaron durante períodos breves, cercanos a un mes, y no durante años.

La dificultad al dejar el medicamento puede responder a síntomas de abstinencia, al retorno de la condición original o a ambas situaciones, reconocieron los especialistas. Rostain explicó que algunas personas toleran la interrupción, mientras que otras necesitan una reducción mucho más lenta debido a la adaptación de su sistema nervioso al fármaco.

Según McLean, una revisión de 2024 de docenas de estudios rigurosos que compararon las experiencias de personas que tomaban antidepresivos con las de quienes tomaban placebos reveló que aproximadamente una cuarta parte de las personas que dejaban de tomar antidepresivos experimentaron algunos síntomas de abstinencia, y en el 3% de los casos, estos fueron graves.

“Sin embargo, la mayoría de las personas que trabajan con un médico experimentado logran suspender estos medicamentos con éxito . En definitiva, lo más importante es que los pacientes puedan consultar con un profesional capacitado para tomar esa decisión”, concluyó Mc Lean.

Efectos adversos y decisiones en niños

El debate sobre los medicamentos psiquiátricos ganó visibilidad en Estados Unidos por las críticas de Robert F. Kennedy Jr. y el movimiento MAHA a los antidepresivos en niños y adolescentes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Náuseas, malestar gastrointestinal, aumento de peso con algunos medicamentos, dificultades sexuales, embotamiento emocional, alteraciones del sueño y problemas de concentración figuran entre los posibles efectos adversos mencionados por Rostain. También señaló que una activación excesiva del estado de ánimo puede requerir evaluación clínica.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos incorporó una advertencia de recuadro negro a comienzos de la década de 2000 por informes de ensayos que registraron un aumento de pensamientos suicidas en algunas personas. Rostain sostuvo que esa advertencia requiere vigilancia, pero no equivale a una prohibición automática de iniciar el tratamiento cuando existe indicación.

En niños y adolescentes, la decisión debería considerar el motivo de la prescripción, la respuesta al medicamento, los efectos adversos y la opinión del menor, además de la observación de familiares y docentes, explicó Rostain. El especialista insistió en que el análisis no debería plantearse como un juicio moral sobre la medicación, sino como una valoración continuada de riesgos y beneficios con seguimiento médico.