La semana pasada en el Apple Park, poco después del evento de los nuevos iPhone, pudimos echarle el guante al nuevo A20 Pro para conocerlo mejor. Lo pudimos ver junto al A19 Pro del año pasado. Y pudimos hablar con Apple de qué ha cambiado, qué aporta el nuevo y qué significan exactamente cosas como esos enigmáticos "súper núcleos" en comparación a los "núcleos de alto rendimiento" de hace un año. ¿Son lo mismo o no?
Salimos de ahí, en cualquier caso, con una idea clara: de los cuatro grandes cambios que trae el A20 Pro, solo uno consiste en hacer que los núcleos vayan más rápido. Los otros tres se centran en mover cosas de sitio.
El A20 Pro no va tanto de velocidad como de lo que podríamos denominar como una mezcla de tráfico y de fontanería. Suena a decepción pero no lo es. De hecho, lo hace mucho más interesante.
El cambio que dice cosas
La cifra más llamativa de las que pronunció Apple sobre el A20 Pro es que el ancho de banda de memoria sube un 50%. Lo consigue porque la interfaz de memoria pasa de cuatro canales a seis. Es el primer ensanchamiento en bastante tiempo.
Un símil para que cualquiera pueda entenderlo:
- Los núcleos de un procesador son los cocineros de un restaurante.
- La memoria es la nevera que almacena la comida.
- Y el ancho de banda es el ancho del pasillo que va de la cocina a la nevera.
Si el pasillo es demasiado estrecho, el género tardará demasiado en llegar a los fogones. Y por muy buenos que sean los cocineros, tendrán que estar de brazos cruzados esperando.
Apple ha hecho reforma para que el pasillo sea más ancho y que así los ingredientes lleguen antes a la cocina. Hasta ahora, la industria se ha centrado en mejorar los núcleos, pero ahora el atasco ya no está tanto ahí como el ancho de banda. En el pasillo.
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Ese atasco tiene un culpable concreto: la IA. Un modelo que funcione en local (uno de los argumentos de venta de Apple para sus dispositivos, la capacidad de ejecutarlos muy bien) no se atasca calculando, sino leyendo. Necesita traer cantidades enormes de parámetros desde la memoria, constantemente, y si el camino es estrecho, la potencia de cálculo se desperdicia.
Por eso este año, por primera vez que recuerde, al menos, una cifra de memoria tuvo en la presentación de Apple el mismo rango que la CPU. Cuando una empresa (y más una tan orientada a controlar el relato como Apple) cambia lo que destaca en una presentación, nos está diciendo muy claro para qué ha diseñado este producto.
Esto es más grande
El segundo cambio explica lo que se ve a simple vista: el A20 Pro es un poco más grande que el A19 Pro. Suena contraintuitivo, pero tiene una explicación. Hasta ahora, en los móviles, la RAM ha solido ir apilada literalmente encima del procesador para ahorrar espacio, que es un bien escaso en un teléfono.
El problema es que esa memoria funciona como una manta justo encima de la zona más caliente del dispositivo. El calor quiere salir hacia arriba y se encuentra un tapón físico.
Apple ha cogido la memoria y la ha puesto al lado, fuera del camino térmico. De ahí que el conjunto sea un poco más ancho. A cambio, el procesador se queda con la espalda libre y puede pegarse directamente a la cámara de vapor, que además tiene una superficie mucho mayor que la del iPhone 17 Pro.
Es un cambio de empaquetado inspirado en lo que Apple ya hacía en los chips de la serie M, aunque no es el mismo: un móvil impone restricciones de grosor que un Mac no tiene. No a ese nivel, al menos.
Menos picos y más sostenidos
Los dos cambios anteriores sirven para lo mismo: priorizar el rendimiento sostenido. La capacidad de aguantar ese alto rendimiento durante más tiempo.
Los primeros benchmarks que estamos viendo estos días son el equivalente a un sprint: miden el rendimiento pico durante unos segundos, con el móvil frío. Pero una sesión de media hora jugando a un título exigente, una exportación de un vídeo 4K de los largos o tener un mapa abierto al sol en agosto con mala cobertura son tareas que calientan mucho el chip, y a partir de ahí el sistema baja las revoluciones para no achicharrarse.
Un móvil que hace un número espectacular treinta segundos y luego se desploma es peor, en el mundo real, que otro algo más discreto que lo sostiene un buen rato. Por eso el empeño en mejorar el rendimiento sostenido y no solo el pico máximo que tan solo dura unos segundos. Apple defiende que el 18 Pro mantiene un 40% más de rendimiento sostenido que el 17 Pro. Y el doble que el 16 Pro.
Esa cifra dice mucho más que cualquier récord de mononúcleo, y es en cualquier caso algo que probaremos a fondo en nuestros análisis una vez podamos echar la zarpa al iPhone 18 Pro Max.
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El cambio que sí va de velocidad es el previsible, y aun así deja un dato llamativo. En los primeros Geekbench que han aparecido, el A20 Pro ronda los 4.700 puntos en mononúcleo. El Snapdragon más potente del mercado, con ocho núcleos y funcionando a más frecuencia, se queda en unos 3.400.
Menos núcleos, menos gigahercios y casi un 40% más rápido en lo que más va a notar un usuario en su día a día, porque abrir una aplicación o cargar una web sigue recayendo mayoritariamente en un solo núcleo. Esa cifra de mononúcleo, además, está por encima de la de la mayoría de portátiles que se venden hoy.
Los núcleos grandes del A19 Pro se llamaban "núcleos de rendimiento" y los del A20 Pro se llaman "supernúcleos". Preguntamos a Apple si se trata de un simple cambio de nombre. Pero no. Es que la escalera tiene ahora tres peldaños en lugar de dos.
El iPhone no usa la escalera entera. El A20 Pro monta dos supernúcleos y cuatro núcleos de eficiencia, y se salta el del medio.
También preguntamos a Apple por cuánto le falta al chip del iPhone para ser uno de Mac, una duda que el MacBook Neo en buena medida ya ha respondido. El supernúcleo del A20 Pro y el del M6 son de la misma generación y comparten muchísimo ADN, pero no son idénticos: la versión del iPhone renuncia a partes de la microarquitectura que solo tienen sentido en cargas de Mac, porque arrastrarlas hasta el móvil no lo haría mejor sino menos eficiente.
El detalle que lo remata es que, dentro del propio M6, el núcleo de rendimiento se deriva del supernúcleo pero se aleja de él más de lo que se aleja el supernúcleo del iPhone. El núcleo grande del iPhone se parece más al núcleo grande del Mac que el segundo núcleo del propio Mac.
Lo cual explica también por qué la convergencia entre las series A y M no va a llegar del todo: no tiene sentido y no lo va a tener al menos en un tiempo. Diseñar un chip no consiste solo en decidir qué le pones, sino sobre todo en decidir qué le quitas. Cada capacidad ocupa espacio, consume energía y hay que alimentarla, se use o no.