
¿Cuántos de nosotros recordamos, de niños, ir a la tienda cerca de casa a hacer el mandado que nos encargaba la familia? ¿A cuántos nos fio el famoso “casero” de la esquina cuando la plata no alcanzaba? ¿Cuántos nos quedábamos conversando tras hacer las compras? Dejar escapar una sonrisa al recordar estos momentos es inevitable.
Detrás de cada bodega hay miles de emprendedores que, con trabajo diario y un profundo conocimiento de su vecindario, impulsan el desarrollo de sus comunidades. Según la Asociación de Bodegueros del Perú (ABP), existían más de 530 mil bodegas en el país al 2025, un canal que genera empleo para más de 2 millones de personas. Además, ocupan un lugar esencial en la cadena de valor: conectan a agricultores, fabricantes, distribuidores y transportistas para garantizar que los alimentos y bebidas lleguen de forma oportuna a millones de hogares.

Esta realidad no es aislada; se repite en cada rincón de la región bajo distintos nombres: bodegas en Perú y República Dominicana; tiendas en Colombia y Ecuador; almacenes y kioscos en Argentina, Uruguay y Chile; colmados en el Caribe; pulperías en Centroamérica; abarrotes en México; y “chinos” en Panamá, en homenaje a la comunidad chino-panameña y su siglo de aporte al comercio.
Distintos nombres para una misma esencia. La Confederación Latinoamericana de Asociaciones de Almacenes, Kioscos, Tiendas y Bodegas (AKTB) señala que existen más de 12 millones de estos comercios en la región: el 95% son negocios familiares y el 80% nacieron para sostener un hogar. Frente al desempleo, las “tienditas” son un motor de inclusión: 6 de cada 10 son atendidas por mujeres y el 59,7% de quienes las dirigen supera los 41 años.
A pesar de afrontar un 30% de informalidad y apenas un 35% de acceso tecnológico, representan una enorme oportunidad de empoderamiento. Como parte clave de las MiPymes —que conforman el 99,5% del tejido empresarial, generan el 60% del empleo y aportan el 25% del PIB regional—, las bodegas son indispensables para la seguridad alimentaria, canalizando el 55% de las ventas de la canasta básica.
Aprovechemos cada oportunidad para reconocer a estos héroes locales. Más allá de homenajear su cercanía y resiliencia, hagamos un llamado claro a los gobiernos de Perú y Latinoamérica para respaldar al canal tradicional con políticas públicas que impulsen su desarrollo.
Por María Luisa Málaga, Directora Ejecutiva de la Asociación de la Industria de Bebidas y Refrescos sin Alcohol del Perú (ABRESA), y Santiago López, Director para América Latina y el Caribe del Consejo Internacional de Asociaciones de Bebidas (ICBA)




