Palos de la Frontera (Huelva), 8 sep (EFE).- No hay quien pueda en un esprint con el británico Matthew Brennan (Visma), debutante en la Vuelta y autor de un póker de victorias en la decimosexta etapa disputada entre Cortegana y Palos de la Frontera, de 18,1 km de recorrido, en la que Enric Mas tachó un día más en el calendario con el maillot rojo.

Si el esprint es puro, sin elevaciones ni cotas previas, gana Brennan (Darlington, 21 años), en racha intratable. Debutante en la Vuelta, llegó con el objetivo de ganar una etapa, y ya lleva 4. Y si el lanzador es su compañero Van Aert, no hay nada que hacer para los rivales. Entre los dos han firmado 6 triunfos para el equipo.

En La Rábida-Palos de la Frontera, donde nació el viaje de Colón hacia las Indias, la historia de la Vuelta ofreció una página de oro a Brennan. Puro fuego juvenil, un cohete que entró en meta con autoridad, con un tiempo de 3h.56.33, a una media de 45,9 km/hora.

Brennan fulminó a todos sus rivales. Relegó al segundo puesto al francés Bryan Coquard (Cofidis) y al belga Vito Braet (Lotto) a la tercera. El rodillo británico es insaciable.

"Es increíble. Llegué con el objetivo de ganar una etapa y llevo 4. Me gustaría estar en el Tour del año que viene, que sale de Gran Bretaña, y poder hacer algo similar", soñó despierto el chaval del Visma.

Octavo día de rojo para Enric Mas, sólido líder en transito hacia la jornada del jueves, cuando en Jerez espera la crono. Tras el descanso costó un poco el regreso a la ruta, pero no hubo sobresaltos en el sector de la alta jerarquía. El balear mantuvo una diferencia de 2.06 minutos sobre el austríaco Felix Gall (Decathlon) y de 2.10 respecto al esloveno Primoz Roglic. La vida sigue igual en la general.

"Otro día que supero, ya quedan 5. Hubo momentos de tensión por el viento, pero no sopló fuerte. Ayer hubo calma en la jornada de descanso, y cuando te relajas luego se nota", explicó el líder

Tras la jornada de descanso, pacto de no agresión. Una de las etapas más llana de la Vuelta, apenas 1.000 metros de desnivel, no podía acabar de otra forma que no fuese con un esprint. Esos guiones están escritos si no hay montaña y los protagonistas con los velocistas y sus equipos, además advertidos de que se trataba de la penúltima oportunidad para los "guepardos".

  Los teloneros no faltaron, rebeldes con esperanzas irreales. Cinco hombres se lanzaron por las carreteras de la provincia de Huelva: Vermaeke, Madouas, Dalby, Sütterlin y Thalmann. Viaje a ninguna parte. El pelotón los mantuvo a raya con el Visma de controlador oficial. El equipo de Van Aert quería la sexta victoria de etapa, y Brennan era el gran favorito para el triplete.

 Por si fuese poco el impulso del Visma, echaron una mano en el lote tanto el Cofidis de Coquard como el Red Bull de Meeus. Demasiado para el quinteto en fuga. Los valientes cedieron a 24 km de meta, poco antes de la ruta paralela a las paradisíacas Playas de Mazagón.

Ya no hubo licencia para intentar aventuras. La aproximación a Palos de la Frontera fue supersónica. Visma, a pesar de los arreones de los hombre del Uno X para colocar a Cort, impuso su ley, en la colocación de Brennan y en el lanzamiento del cohete británico.

Y así fue. En la recta explotó Van Aert, a su rueda Brennan, en butaca de oro. Se apartó el belga y el chaval se hizo la cuarta foto brazos en alto. La número 22 en su palmarés. Intratable por velocidad. Y este miércoles en Sevilla, ¿más de lo mismo?. No sería extraña la "manita".

La decimoséptima etapa de la Vuelta entre Dos Hermanas y Sevilla, de 185 km de recorrido, no puede tener otro desenlace que no sea un esprint. Perfil llano, 1.084 metros de desnivel y ninguna dificultad orográfica. Los equipos de los velocistas controlarán la fuga para el desenlace por velocidad.

Carlos de Torres