
El incremento de casos de cáncer de piel en todo el mundo se vincula con una combinación de elementos sociales, ambientales y hereditarios. Este fenómeno no responde a una sola causa, sino a una serie de transformaciones culturales y cambios en el entorno que han modificado los hábitos de la población.
La exposición solar, que antes era limitada por cuestiones estéticas y de vestimenta, hoy se ha convertido en un factor de riesgo cotidiano.
Durante siglos, la moda imponía prendas que cubrían casi por completo el cuerpo, asociando la piel clara con belleza y estatus, de acuerdo con el doctor Rodrigo Roldán Marín, de la Clínica de Oncodermatología de la UNAM, en ese contexto solo quienes trabajaban al aire libre estaban expuestos a la radiación solar, siendo los más propensos a desarrollar neoplasias cutáneas.
Todo lo anterior cambió a partir de las primeras décadas del siglo XX, cuando la piel bronceada comenzó a simbolizar salud y atractivo. Esta tendencia impulsó la permanencia prolongada bajo el sol y aumentó la exposición a la radiación ultravioleta, principal detonante de mutaciones celulares que pueden desencadenar tumores en la piel.
Factores ambientales y genéticos en la aparición del cáncer de piel
“El Sol es el carcinógeno ambiental más frecuente al que se expone el ser humano, porque nos da luz desde el primer día de vida”, señaló el especialista.
Aunque el organismo dispone de mecanismos para reparar el daño causado por la radiación solar, estos no siempre resultan completamente eficaces. El deterioro acumulado puede manifestarse inicialmente como manchas o arrugas, pero en casos graves puede derivar en diferentes variantes de cáncer cutáneo.

Además, los antecedentes familiares y la herencia genética influyen en la vulnerabilidad de la población, especialmente en México, donde la diversidad genética implica una mezcla de genes de riesgo.
La interacción de estos factores ha creado un escenario en el que la prevención y la concienciación resultan indispensables para reducir el impacto de esta enfermedad.
Hábitos diarios que ayudan a reducir el riesgo de esta enfermedad
De acuerdo a la Clínica de Oncodermatología de la UNAM estas son algunas recomendaciones para prevenir el cáncer de piel:
- Evitar la exposición solar especialmente entre las 11 de la mañana y las cuatro de la tarde.
- Cubrirse con ropa de manga larga y sombreros de ala ancha o gorros adecuados.
- Usar lentes con protección solar.
- Si tienes más de 50 lunares consulta a un médico especialista
La protección solar es la recomendación clave desde la infancia y debe ser promovida por pediatras, dermatólogos y padres. El uso adecuado de fotoprotectores ayuda a bloquear la radiación ultravioleta, evitando que llegue a las capas profundas de la piel.
Algunos productos también contribuyen a reparar este daño, como la exposición a la radiación ocurre incluso en días nublados, es aconsejable utilizar protectores resistentes al agua y a la fricción, aplicándolos generosamente entre 15 y 30 minutos antes de salir y reaplicándolos cada tres o cuatro horas, o después de nadar o sudar.
Niños y adolescentes suelen ser los más susceptibles a los rayos UV. Entre un 40 y 70% del daño causado por la permanencia bajo la radiación solar ocurre en la infancia y adolescencia.