Carolina Kopelioff protagoniza Cautiva, una serie que sigue 14 años en la vida de una mujer sometida a una situación de aislamiento, violencia y manipulación. En diálogo con Teleshow, la actriz habló de la preparación para encarnar a Clara, la conversación que mantuvo con la sobreviviente cuya historia inspiró la ficción y el impacto que le produjo el resultado final.
La intérprete, que también participó de producciones como En el barro, La gaviota y Catedrales, explicó que el relato le propuso un reto particular: construir la transformación física y emocional de un personaje desde los 18 hasta los 32 años. Para eso trabajó con ensayos, una coach de actuación y una línea de tiempo que le permitiera ordenar cada etapa del proceso, junto a las directoras de la miniserie, Paula Hernández y Jazmín Stuart.

—¿Qué te atrajo de Cautiva y de la posibilidad de contar esta historia?
—Primero, la historia me pareció espectacular. Los libros, la directora, todo el equipo. Contar 14 años de una persona ya es un condimento muy desafiante, pero además se trata de alguien que crece en la tortura y el encierro. Era un desafío actoral absoluto.
—¿Cómo fue el trabajo previo para encarnar a Clara?
—Primero, mucho trabajo sola y con coach, meses antes de empezar a filmar. Me volví loca haciendo líneas de tiempo porque la serie acompaña el presente, pero también va al pasado, y ese pasado va avanzando. Para una actriz, ordenar esos tiempos es un quilombo. Era muy importante ser precisa, porque cada etapa tenía un cambio. Cada año que pasaba era como un nivel más de lavado de cerebro. Había que contar la transformación en el cuerpo y en la cabeza de una persona atravesada por la tortura.
—¿Investigaste el caso real que inspiró la ficción?
—Sí. Me enteré de este proyecto hace varios años porque los productores de la serie me habían contado que se estaban acercando a este caso. Es parte de nuestra historia y se sabe poco. Yo no tenía idea de este caso. Cuando llegó la audición, empecé a investigar. Hay mucha información en internet y videos de las personas reales. Después, con los libros, me fui enterando de más cosas.

—También pudiste hablar con Silvia Albarenque, la sobreviviente. ¿Qué significó ese encuentro?
—Sí, Silvia, la sobreviviente junto a Victoria, la productora, y eso para mí fue esencial. Se abrió muchísimo conmigo, me contó un montón de cosas y yo pude preguntarle otras tantas. “Esa charla para mí fue un tesoro”. Fue muy conmovedora.
—¿Ella acompañó y autorizó que su historia llegara a la pantalla?
—Sí, por supuesto, hubo una intención muy clara de preguntarle y de contar la historia con su consentimiento. Ella dijo que sí. Creo que hay una sensación de satisfacción en que el horror se convierta en algo más transformador.

—¿Sentís que pudo reconstruir su vida después de todo lo que atravesó?
—Creo que muchas cosas sí. La serie tiene una luz al final del túnel, habla de valentía, de recuperar la fe en una misma y de encontrar una red para salir de una situación de vulnerabilidad, violencia y tortura. Hay elementos ficcionales, porque no todo lo que aparece en la serie sucedió de esa manera, pero sí creo que ella pudo reconstruirse muy de a poco. Volvió a entender sus gustos, qué le gustaba comer, escuchar música o tener contacto físico desde una caricia y un abrazo. Son cosas que nos parecen comunes, pero para ella implicaban volver a vivir. Kopelioff señaló que “el cuerpo no puede borrar algunas situaciones y la mente tampoco”, pero por suerte pudo volver a encontrarse con ella misma.

La audición junto a Lorena Vega
—¿Qué sentiste cuando llegó la propuesta para hacer el casting?
—Tenía muchas ganas de hacerlo. Es una serie que yo vería como espectadora y eso no siempre pasa. Me gusta este tipo de historias y, además, saber que estaban Paula y Jazmín me generaba muchas ganas de trabajar con directoras a las que admiro profundamente. Me parecía un desafío enorme y sentía que quería atravesarlo. Primero hice un casting sola y después hice otro junto con Lorena Vega. Ahí hicimos un poco de trampa porque nos juntamos antes para prepararlo.
—¿Cómo fue ese encuentro con Lorena Vega?
—Encontramos un hueco imposible en nuestras agendas, un sábado temprano, y nos reunimos en un café. Nos conocíamos de otros trabajos, aunque no éramos tan cercanas. Fue como decirnos: “Dale, equipo, vamos a hacer esto juntas”. Después llegamos a la audición con esa energía, con ganas de quedar las dos y de hacerlo en conjunto. Sentirnos en equipo desde el comienzo fue el punto de partida.
—¿Dónde filmaron?
—En Buenos Aires, durante septiembre, octubre y parte de noviembre del año pasado. Para los exteriores buscaron lugares que dieran una sensación más de pueblo. El convento, por ejemplo, estaba en el medio del barrio de Flores, había que ocultar los edificios con croma para que no se vieran y el entorno pareciera otro. El equipo de arte construyó un convento, una locura. El vestuario, el maquillaje y el pelo fueron fundamentales para contar el paso de los 18 a los 32 años, con todo lo que sucede en el medio. Fue un trabajo enorme.

—¿En qué proyectos estás trabajando ahora?
—Estoy ocupada con los estrenos y voy a participar de algunos shows de Casi Ángeles, porque me invitaron a formar parte de las fechas en el Movistar Arena, México y otros lugares. Me pareció un gesto muy lindo para agradecerle a la gente que sigue conectada con ese proyecto desde hace 10 años. También terminé hace dos semanas una película policial que filmé en Córdoba. Ojalá que lo próximo sea una historia de amor o algo un poco más relajado, aunque a mí me encanta hacer estos proyectos. Además, sigo con Un tiro cada uno, dirigida por José María Muscari. Terminamos una temporada en Timbre 4 y en noviembre viajaremos 10 días a Europa para participar de festivales. Tener esa obra con mis amigas me da oxígeno y me permite seguir entrenando.
—¿Qué devoluciones recibiste tras las primeras proyecciones?
—Por suerte, a los periodistas que vieron la serie les gustó mucho. En la premiere se proyectó el primer capítulo y la gente estaba muy contenta. Con el equipo también hubo una recepción muy buena. Sí apareció mucho una palabra: “Fuerte”. Porque es una historia impactante e inquietante. Para mí tiene algo de terror psicológico, sobre todo hacia el final del primer capítulo.



