El frío extremo es uno de los peores enemigos de las baterías. Lo es debido a que ralentiza los procesos electroquímicos que hacen posible el desplazamiento de los iones de litio entre los electrodos y a través del electrolito. Cuando la temperatura cae aumenta la resistencia interna de la batería, lo que en la práctica provoca que entregue menos potencia, e, incluso, que una parte de la energía almacenada deje de estar disponible temporalmente.
Los usuarios solemos percibir este comportamiento como un descenso muy marcado de la autonomía. Los fabricantes de baterías llevan muchos años lidiando con este problema debido a que algunos de los dispositivos que las utilizan, como, por ejemplo, los coches eléctricos, pueden estar expuestos a temperaturas muy bajas. Y en ese escenario el fallo no es una opción para los usuarios.
Actualmente los mayores fabricantes de baterías para coches eléctricos son dos empresas chinas, según el último informe de SNE Research: CATL, con una cuota de mercado global del 39,2%, y BYD, con una cuota del 16,4%. Tras ellas aparece la surcoreana LG Energy Solution con un 9,2%, y en las siguientes posiciones de nuevo dos compañías chinas: CALB, con un 5,3%, y Gotion High-Tech, con un 4,5%. Es evidente que a China le interesa mejorar las prestaciones de sus baterías para mantener su liderazgo. Y ha logrado resolver el problema del frío extremo.
Unas cifras extraordinarias a -50 ºC
Un equipo de investigadores de la Universidad de Nankai (China) ha hecho un descubrimiento extraordinario: la solución a la exposición de las baterías a las bajas temperaturas reside en reemplazar el oxígeno del electrolito por flúor. No obstante, parece algo más sencillo de lo que realmente es. Su estrategia consiste en usar una molécula que contenga flúor y que permita a los iones de litio desplazarse a través del electrolito con mucha más facilidad cuando la temperatura es muy baja.



