Christopher Walken construyó una de las carreras más particulares de Hollywood. A lo largo de más de seis décadas trabajó en cine, televisión y teatro, interpretó personajes de todo tipo y se convirtió en una figura reconocible por su particular forma de hablar y sus papeles, muchas veces excéntricos o amenazantes.
En una entrevista con Salon, publicada originalmente en abril de 2015, el actor reflexionó sobre su trayectoria, las decisiones que tomó y cuánto influyó la suerte en su vida profesional.
“Todo en la vida es realmente cuestión de suerte. Desde las personas con las que estás hasta el momento en que nacés. No sirve de nada querer ser Michael Jordan si no existe ninguna posibilidad de que eso suceda. Tenés que jugar la mano que te tocó. Creo que yo lo hice bien”, sostuvo Walken.
La frase surgió cuando el periodista Gary M. Kramer le preguntó qué cosas habría hecho de manera diferente a lo largo de su vida.

“No sé si haría algo diferente en mi vida”, respondió el actor. Y agregó: “Me parece que todo depende realmente de la suerte”.
Christopher Walken y una carrera marcada por personajes inolvidables
Walken comenzó a trabajar en el mundo del espectáculo cuando era apenas un niño y, con el paso de los años, se convirtió en uno de los actores más reconocidos de Hollywood.
Su interpretación en The Deer Hunter le valió el Oscar al mejor actor de reparto. También recibió una nominación por su trabajo en Catch Me If You Can, donde interpretó al padre del personaje de Leonardo DiCaprio.
Entre sus papeles más recordados también aparecen sus participaciones en Annie Hall, Pulp Fiction y la película de James Bond A View to a Kill.
En el momento de la entrevista con Salon, Walken estaba presentando When I Live My Life Over Again, una película en la que interpretaba a Paul, un cantante que había perdido popularidad y buscaba regresar a los escenarios.
El personaje también le permitió al actor reflexionar sobre los arrepentimientos y la posibilidad de tener una segunda oportunidad.
“Estaría bueno tener otra oportunidad”, reconoció cuando le preguntaron cómo veía su vida y su carrera.

Incluso recurrió a una comparación con el cine para explicar esa idea: “Si sos actor de cine y hacés una toma y el director dice: ‘Bueno, vamos, sigamos’, decís: ‘Oh, ¿podría hacer una más, o dos más?’. Y entonces tenés la posibilidad de hacer otra toma, lo que siempre está bueno”.
Durante la charla, Walken también aseguró que le gustaría tener la posibilidad de volver a intentar algunas cosas.
“Me encantaría tener un ‘mulligan’. Varios”, dijo, utilizando un término del golf que refiere a la posibilidad de repetir un golpe sin penalización.
Sin embargo, el actor no habló de su carrera desde el arrepentimiento. Por el contrario, insistió en que había tenido mucha suerte.
“He sido muy afortunado. Muy, muy afortunado”, afirmó.
También recordó una frase de Woody Allen sobre la posibilidad de una segunda vida y mencionó un libro que había sido muy popular durante su infancia, The Search for Bridey Murphy, sobre una mujer que aseguraba recordar vidas anteriores.
La rutina de Christopher Walken
En aquella entrevista, Walken también contó algunos detalles de su vida cotidiana y explicó que mantiene una rutina muy marcada.
“Me levanto, leo, me subo a la cinta y miro a Charlie Rose. Siempre es lo mismo”, relató.
También recordó a su padre, a quien describió como un hombre trabajador y reservado. Según contó, tenía una panadería y llevaba una vida muy rutinaria.
“Mi padre realmente trabajaba mucho. Le encantaba ir a trabajar”, recordó.
Para Walken, esa característica también tuvo influencia en su propia manera de vivir: “Yo también tengo una rutina muy marcada. Hago lo mismo todos los días”.
“La mayoría de los actores simplemente acepta trabajos”
Consultado sobre qué lo motivaba a continuar actuando, Walken dio una respuesta tan sencilla como característica de su forma de entender la profesión.
“Existe el mito de que hay actores que toman decisiones. Pero la mayoría de los actores simplemente acepta trabajos. Y yo acepto trabajos”, explicó.
Para ejemplificarlo, recordó una experiencia con un dentista que debía realizarle un tratamiento de conducto.
“Le dije: ‘Me han sugerido que quizás no sea necesario hacerme un tratamiento de conducto profundo. Porque quizás no sea tan grave’. Él me dijo: ‘Es lo que hago’”, contó.
Y luego trasladó aquella anécdota a su profesión: “Cuando la gente me pregunta: ‘¿Por qué aceptaste ese papel?’, es lo que hago”.




