Catalina Guerrero
París, 26 sep (EFE).- La escritora y cineasta francesa Laetitia Colombani regresa con 'Un día sin mujeres', una novela coral que reúne las historias de cuatro mujeres de Islandia, Senegal, Japón y El Salvador y las conecta a través de una huelga internacional, con el fin de rendir homenaje a "heroínas cotidianas", "extremadamente valientes", que son "los pilares de nuestra sociedad".
¿Es posible una movilización planetaria? "Es una utopía que, en realidad, me parece realista", responde en una entrevista con EFE, en la que resume la idea con una frase que condensa buena parte de la novela: "Si las mujeres se detienen, todo se detiene. Las mujeres son esenciales para la sociedad".
"Después de 'La Tresse' ('La trenza'), tenía ganas de volver a un relato que fuera a la vez coral, internacional y femenino. Me gusta mucho entrelazar las historias. Creo que entrelazarlas permite crear paralelismos y también dar un sentido y una dimensión colectiva a lo que viven individualmente estas mujeres", explica en el Teatre de la Renaissace, donde estrenó la versión teatral de esa novela superventas la víspera, con ella también sobre las tablas.
Las protagonistas de 'Un día sin mujeres' (Salamandra, en su edición en español) afrontan formas muy diferentes de violencia y desigualdad: feminicidio, discriminación laboral, aislamiento, mutilación genital y restricciones sobre los derechos reproductivos.
"Tienen un denominador común, aunque pertenezcan a sociedades y culturas muy diferentes. Ese denominador común son las violencias que sufren. Son de naturaleza extremadamente diversa, pero todas tienen una razón para decir no, una razón para rebelarse", explica.
Y añade: "Representan la mitad de la humanidad y, sin embargo, son sistemáticamente relegadas, peor pagadas y maltratadas".
La idea del libro nace de la huelga islandesa de 1975, cuando nueve de cada diez mujeres dejaron de trabajar y de ocuparse de las tareas domésticas y de cuidados.
"Aquellas islandesas consiguieron transformar su sociedad. Después lograron que se aprobaran leyes y consiguieron cambiar concretamente su sociedad. Y pensé: esto es inspirador. Me gustaría imaginar que lo que ellas hicieron hace cincuenta años en Islandia, cuando ni siquiera existían los teléfonos móviles ni las redes sociales, pudiera hacerse hoy a escala planetaria", reflexiona.
Para construir las historias, Colombani realizó viajes, investigaciones y entrevistas. "La vida -dice- se enriquece con las ideas y las ideas se enriquecen con la vida".
En el caso de Senegal, trabajó con mujeres y médicos para aproximarse a la experiencia de una doctora que lucha contra la mutilación genital femenina. "Necesitaba que mi palabra fuera justa, que mi posición y mi punto de vista fueran justos", explica.
También modificó durante la escritura la historia de la protagonista salvadoreña después de conocer el caso de una madre cuya hija había sido encarcelada durante treinta años. "Mi personaje es la madre", recuerda que se dijo, "yo misma soy madre, soy madre de una adolescente y puedo identificarme muy fácilmente con ella".
El aborto ocupa un lugar central en esa historia y lleva a Colombani a hablar de los derechos reproductivos: "No podemos conceder derechos a las mujeres si ellas no tienen derecho a disponer de su propio cuerpo". La escritora reclama además que tengan un papel central en estos debates: "Se les está robando la palabra".
Arremete también contra las religiones -"ninguna es verdaderamente igualitaria"- y las tradiciones porque "sirven para justificar lo que no es justificable". "La mutilación genital femenina es un ejemplo flagrante", abunda.
Colombani insiste, sin embargo, en que su feminismo no pretende enfrentar a hombres y mujeres. "Ser feminista no significa estar contra los hombres", afirma. En sus novelas también aparecen hombres que apoyan a las mujeres y defienden la igualdad porque "la sociedad cambiará gracias a los hombres y a las mujeres juntos".
La autora reconoce que 'Un día sin mujeres' es probablemente su libro "más comprometido, más militante". "Como artista, mi manera de aportar mi granito de arena es escribir", explica. Su deseo es también personal: "Quiero, para mí y para mi hija, que el mundo sea más justo y más amable".
Aunque mantiene la esperanza en las nuevas generaciones, Colombani advierte de la expansión de discursos masculinistas entre los jóvenes a través de las redes sociales, por lo que "todavía queda mucho camino por recorrer y hay fuerzas contrarias a las que enfrentarse".
En última instancia, 'Un día sin mujeres' parte de una utopía para plantear una pregunta sobre el presente: qué ocurriría si las mujeres, que son los pilares de nuestra sociedad y, sin embargo, con mucha frecuencia son invisibilizadas, decidieran actuar juntas.
Para Colombani, imaginar esa posibilidad ya forma parte de la transformación: "Tenemos derecho a soñar, tenemos derecho a esperar y, sobre todo, tenemos derecho a esperar un mundo mejor". EFE
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