
La comprensión lectora continúa siendo uno de los principales desafíos de la educación peruana, pero el reto no consiste únicamente en lograr que los estudiantes aprendan a leer. También es necesario determinar cuánto comprenden, si pueden interpretar lo que leen, formular una opinión y desarrollar pensamiento crítico a partir de un texto.
Esta situación plantea la necesidad de que los colegios cuenten con herramientas que permitan conocer el nivel real de aprendizaje de sus estudiantes y tomar decisiones para fortalecerlo. Para Lucía Acurio, especialista en educación digital, comprender lo que se lee debe convertirse en una prioridad para todo el sistema educativo.
La especialista sostiene que uno de los primeros cambios debe producirse en la manera en que se concibe la educación. “El principal obstáculo está en entender que la educación no es un gasto del Estado, sino una inversión”, afirma. Desde su perspectiva, esta mirada permitiría adoptar decisiones orientadas a mejorar los aprendizajes y fortalecer el desarrollo profesional de los docentes.
Acurio advierte que aprobar los años escolares no necesariamente significa que un estudiante haya desarrollado una comprensión lectora acorde con su edad. Un niño puede haber adquirido la capacidad de leer, pero eso no garantiza que pueda interpretar una situación cotidiana, comprender un texto, formular una idea o construir una opinión a partir de aquello que ha leído.
Además, la especialista considera que la transformación educativa también pasa por incorporar de manera adecuada la tecnología y la inteligencia artificial, así como fortalecer las habilidades socioemocionales de los estudiantes. Estos serán algunos de los temas que abordará durante el Congreso Compartir Next, programado para el próximo 16 de septiembre.
Una responsabilidad de toda la comunidad educativa

Acurio considera que la comprensión lectora no puede quedar únicamente en manos de los profesores del área de Comunicación. El reto debe involucrar al Estado, los directores, docentes, colegios, empresas y sociedad civil.
En ese proceso, otorga un papel central a los directores, a quienes plantea entender como líderes pedagógicos. Su tarea, sostiene, no debería limitarse a la administración de las instituciones, sino incluir la medición de cuánto comprenden los estudiantes y la definición de metas concretas de aprendizaje.
“Esto realmente compete a que el director asuma como prioridad el tema de la comprensión, el tema de la medición de la comprensión”, afirma. Para la especialista, los colegios deberían dejar de concentrarse exclusivamente en las calificaciones y preguntarse si realmente están logrando que todos sus estudiantes alcancen un nivel adecuado de comprensión.
Tecnología e inteligencia artificial como aliadas
La tecnología también puede contribuir a enfrentar este desafío, aunque Acurio advierte que no debe convertirse en una solución automática ni en el único camino. La especialista plantea identificar primero qué herramientas y metodologías pueden ayudar a mejorar los aprendizajes y capacitar a los docentes para utilizarlas adecuadamente.

Frente a la inteligencia artificial generativa, considera que el reto está en enseñar a los estudiantes a formular preguntas, analizar la información que reciben y determinar si esta puede ser correcta, sesgada o insuficiente. De esta manera, la IA podría convertirse en una aliada para desarrollar criterio y pensamiento crítico.
Acurio también alerta sobre los riesgos de una exposición excesiva a las pantallas, pero considera que la respuesta no debería ser simplemente prohibir la tecnología. “No por que hayan esos riesgos vayamos a lo fácil, a la prohibición”, sostiene. Su propuesta es encontrar un equilibrio y reconocer aquellos espacios en los que la labor del docente sigue siendo insustituible.
Personalizar el aprendizaje
Otro de los retos está en reconocer que no todos los estudiantes aprenden de la misma manera. Acurio explica que las herramientas digitales pueden ayudar a identificar cómo aprende cada niño y ofrecer información que permita al docente tomar decisiones más personalizadas.
La especialista menciona que tecnologías basadas en inteligencia artificial pueden analizar información sobre los procesos de aprendizaje y ayudar a identificar diferencias entre estudiantes. Sin embargo, precisa que existen situaciones que requieren una atención humana y personalizada por parte de los docentes.
En esta línea, destaca además la existencia de docentes que desarrollan experiencias valiosas en distintos contextos del país. Acurio considera que estos educadores pueden convertirse en referentes para desarrollar programas de capacitación diferenciados y contextualizados.
Formar ciudadanos integrales
Para Acurio, preparar a los estudiantes para el 2030 exige ampliar la mirada más allá de la comprensión lectora. También considera fundamentales las habilidades sociales, como la empatía, la resiliencia, la colaboración y la cooperación.
“Tenemos que desarrollar realmente capacidades integrales”, sostiene. En su visión, la escuela debe contribuir a formar ciudadanos capaces de desenvolverse tanto en el mundo real como en los entornos digitales, con habilidades para la vida y herramientas que les permitan enfrentar los desafíos de una sociedad en constante transformación.