Alejandra Arredondo

Dallas, 10 sep (EFE).- Con la mano derecha levantada, en un credo de lealtad a Donald Trump con la promesa de ir a votar por los candidatos republicanos a las elecciones legislativas en noviembre, el partido en el poder cerró una inusual convención nacional republicana en Texas con la que buscan animar a sus bases a las urnas para retener el control del legislativo.

"Por favor, levanten su mano derecha", instruyó el mandatario a sus seguidores, en un corto discurso de cierre de la jornada, "le juro al mejor presidente en la historia de Estados Unidos, que nos ama tanto que ni puede respirar, que irán con mi familia (...) a votar el tres de noviembre".

Este cierre maximalista hizo aún más explícito lo que las encuestan llevan anunciando por semanas: la probabilidad de una victoria demócrata en la Cámara Baja y una apretada contienda (50/50, según el agregador de sondeos Decision Desk HQ) por el control del Senado.

La agenda de la convención, que fue apodada por el liderazgo del partido como 'Trumpapalooza', una especie de "carnaval" de Trump, estuvo centrada en alabar su Gobierno, sus logros y su misión, cuasireligiosa, de "salvar" el país de las garras de la "izquierda radical".

Además de Trump, que habló ambos días de la convención, el primero en un discurso por casi dos horas, por el escenario del American Airlines Center en Dallas pasaron varios miembros de su gabinete, incluyendo los que ocupan puestos tradicionalmente alejadas de manifestaciones de política partidista como el fiscal general, Todd Blanche y el secretario del Tesoro, Scott Bessent.

El vicepresidente, JD Vance, también dio un discurso en la segunda noche, al igual que el gobernador de Texas, Greg Abbott, el senador Ted Cruz, y varios candidatos republicanos al Congreso en estados considerados "bisagra" como Minnesota o Nevada.

La agenda de la convención, apodada por la dirección republicana como "Trumpapalooza", una especie de carnaval en torno al presidente, estuvo centrada en alabar su Gobierno, sus logros y su misión, descrita en términos casi religiosos, de "salvar" al país de las garras de la "izquierda radical".

Trump habló durante los dos días del encuentro, el primero de ellos en un discurso de casi dos horas en el que prometió entregar 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si los republicanos conservan el control del Congreso.

El mandatario no explicó cómo se financiaría el programa ni mediante qué mecanismo se repartiría el dinero, aunque aseguró que provendría de la recaudación arancelaria.

La propuesta ha sido calificada de poco realista por expertos legales consultados por EFE, ya que un desembolso federal de esa magnitud requeriría, en principio, la autorización del Congreso.

Por el escenario del American Airlines Center de Dallas también pasaron varios miembros del gabinete, incluidos funcionarios que ocupan cargos tradicionalmente alejados de las manifestaciones partidistas, como el fiscal general, Todd Blanche, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent.

También participaron el gobernador de Texas, Greg Abbott; el senador Ted Cruz; líderes religiosos, figuras del espectáculo y candidatos republicanos al Congreso en estados considerados decisivos, como Minnesota y Nevada.

El vicepresidente, JD Vance, fue uno de los principales oradores de la segunda noche y pronunció un discurso nacionalista y nativista, centrado en la defensa de la clase media, la familia tradicional y lo que describió como el "derecho de nacimiento nacional" de los estadounidenses.

"Tenemos que enviar un mensaje este noviembre: el país no pertenece a los radicales, no pertenece a los burócratas y no pertenece al mejor postor", afirmó Vance.

"Este país nos fue entregado por nuestros padres y por los padres de ellos. Recibimos este derecho de nacimiento nacional", agregó.

Vance también desestimó las críticas a la guerra en Irán como una mera "cuestión política" y pidió a los republicanos que se oponen al conflicto que no entreguen el país "a un montón de gente loca", en referencia al Partido Demócrata.

La guerra, uno de los asuntos más delicados para los republicanos de cara a noviembre, apenas tuvo espacio durante la convención, enfocada principalmente en la economía, la inmigración y la defensa de la gestión de Trump.

Tanto Trump como Vance dedicaron parte de sus discursos a atacar al candidato demócrata al Senado por Texas, James Talarico, quien mantiene una estrecha disputa con el actual fiscal general del estado, el ultraconservador Ken Paxton.

La convención es la primera de este tipo celebrada por el Partido Republicano, ya que estos encuentros suelen tener lugar en años de elecciones presidenciales para proclamar al candidato a la Casa Blanca.

Esta vez no hubo candidatos que nominar ni una plataforma política que aprobar. El objetivo fue usar la figura de Trump y transformar la lealtad hacia el en votos para los republicanos que sí aparecerán en las papeletas el próximo 3 de noviembre. EFE