Luciano Cecchini es creador de una plataforma de logística colaborativa (Foto: Movant Connection)

“El problema de la logística es un problema global, no es un problema solo de Argentina”. Desde ese punto, Luciano recorre el diagnóstico que lo llevó a crear una plataforma pensada para conectar depósitos, camiones y vehículos que hoy circulan con capacidad ociosa, cuestionando la idea de que crecer en el sector siempre significa sumar más activos propios. De ahí se desprenden la confianza, la orquestación tecnológica y los desafíos que le pone el territorio a la logística.

¿Qué problema identificaste en la logística tradicional que te llevó a pensar este modelo?

Hemos detectado que la logística tradicional está armada para funcionar así, tradicional. Las grandes compañías del sector siempre asociaron crecer con tener más activos: depósitos, camiones, vehículos. Pero esos activos ya existen en el mundo y no se están aprovechando. El desafío pasó a ser orquestarlos, no sumar más.

En el fondo lo que resolvemos tiene que ver con eficiencia y con orquestar activos que, si no fuera por la tecnología, nunca se iban a conectar. Hasta que no se invente la teletransportación, las cosas se van a seguir moviendo, y ahí la tecnología permite monetizar esa capacidad ociosa que hoy tienen camiones, vehículos y depósitos.

¿Qué le demanda esta forma de operar a los transportistas, a los depósitos y al resto de los actores del sector?

Lo importante es que a los transportistas, a los depósitos y a las empresas logísticas no les estamos pidiendo nada nuevo: el transportista ya se mueve de un punto A a un punto B, el depósito ya tiene metros disponibles. La innovación no viene a romper lo que ya saben hacer hace treinta años, viene a acelerarlo con una capa de tecnología que da visibilidad sin necesidad de tener el activo.

¿Qué cambio cultural necesita el sector para adaptarse a estas posibilidades que da la tecnología?

El cambio cultural tiene que ver con la aceleración de los procesos. A veces la gente no quiere cambiar porque cree que lo que funciona no se toca, y es al revés: innovar no significa romper lo que está, sino mejorarlo. Hoy conviven varias generaciones de profesionales del sector, cada una con su mirada, y esa convivencia empuja el cambio.

¿Qué retos le presenta el territorio argentino a la hora de orquestar logística?

El problema de la logística es un problema global, no es un problema solo de Argentina. Pero acá el territorio es enorme y eso permite crear mini troncales: una persona que todos los días viaja de un punto A a un punto B, aunque no se dé cuenta, está generando un troncal virtual. El 90% de esos viajes va con el vehículo casi vacío.

Hicimos una encuesta a lo largo de todo el país y el 86% de las personas dijo que llevaría algo en un viaje que ya hace todos los días, porque no le implica ningún esfuerzo extra. El desafío no pasa por el territorio ni por la geografía, sino por lograr que personas y compañías entiendan que la tecnología permite compartir esa capacidad que ya está en movimiento.

En un modelo tan colaborativo, ¿cómo se resuelve la confianza y la responsabilidad sobre cada tramo de una carga?

Lo más importante va más allá de la tecnología: tiene que ver con la confianza de la red. ¿Cómo le dejás un paquete a alguien que no conocés? Esa confianza se construye con trazabilidad y visibilidad, del mismo modo en que funcionan otras plataformas que conectan oferta y demanda sin necesidad de ser dueñas del activo.

La tecnología permite saber quién tiene la carga, por dónde está, cuánto seguro tiene y quién es el destinatario. Esa trazabilidad genera un scoring de confianza en toda la red. Dejar un paquete en un lugar conocido, como una estación de servicio o un kiosco con historia en el barrio, también construye esa confianza: no es un espacio desconocido, es un punto de la red.

¿Cómo imaginás la logística urbana de acá a varios años, y qué mensaje te queda de todo este proceso?

Creo que la infraestructura de las ciudades ya está pensada para la movilidad, así que no va a haber grandes cambios en ese sentido. El punto es cómo monetizamos ese aire que circula en los trayectos y cómo la tecnología, con una notificación, avisa que el paquete ya está disponible a pocas cuadras, sin necesidad de resolver la última milla como se resolvía antes.

Lo que más me gustaría dejar tiene que ver con sumarse, con no creer que el control del mercado depende solo de tener un segmento o contratos. Hoy dos personas pueden construir una compañía con conectividad, algo que antes no existía. Las compañías de logística van a tener que compartir su modelo de negocio para acelerar el proceso: el que no se sube a eso va a quedar afuera.