Desde 2013, el Consultorio de Salud Integral acompaña procesos de salud sexual, reproductiva y no reproductiva desde una perspectiva feminista y de derechos humanos. Hoy funciona como una cooperativa de trabajo integrada por 26 personas, con atención ginecológica, anticoncepción, interrupción del embarazo y otros servicios.

Hace más de una década, pensar un espacio de salud sexual y reproductiva con perspectiva feminista y de derechos humanos implicaba asumir un desafío que excedía lo estrictamente sanitario.

En Córdoba, un grupo de trabajadoras y activistas feministas comenzó a construir una propuesta de atención que partía de una premisa que todavía hoy sostiene al Consultorio de Salud Integral. Que el acceso a la salud también implica poder recibir información, ser escuchada y tomar decisiones sobre el propio cuerpo sin ser juzgada.

El espacio nació en 2013, en el barrio Alberdi, a partir de una experiencia que comenzó a gestarse algunos meses antes. En la primavera de 2012, una reunión convocada por una organización colombiana para compartir una iniciativa que ya se había desarrollado en distintos países de América Latina puso en contacto a integrantes del Colectivo de Salud Colectiva, Socorro Rosa Córdoba, Católicas por el Derecho a Decidir y trabajadoras del sistema público de salud.

De aquel primer encuentro surgió la búsqueda de un lugar y, posteriormente, un equipo más reducido que comenzó a darle forma al proyecto. La demanda era concreta. Generar en Córdoba un espacio donde las personas que atravesaban un embarazo no deseado pudieran acceder a información y acompañamiento para interrumpirlo de manera segura.

Era un contexto muy diferente al actual. La interrupción voluntaria del embarazo todavía no estaba reconocida legalmente en Argentina y las discusiones sobre el derecho al aborto aún no tenían la presencia social que alcanzarían años después. El Consultorio comenzó, entonces, a construir una experiencia de atención en un terreno en el que todavía quedaban por conquistar derechos que posteriormente serían reconocidos por ley.

Con el paso del tiempo, aquella iniciativa se transformó en un equipo especializado en salud sexual, reproductiva y no reproductiva. Hoy funciona como una cooperativa de trabajo con una organización asamblearia y 28 personas que sostienen cotidianamente el espacio.

Para Melisa Torres, orientadora de salud sexual e integrante del Consultorio desde hace nueve años, se trata de un lugar que acompaña procesos vinculados con la salud sexual y reproductiva “desde una perspectiva de derechos humanos y género”, garantizando interrupciones voluntarias del embarazo desde una mirada integral.

Leila Lafi, psicóloga y orientadora, forma parte del espacio desde hace nueve años. Para ella, uno de los rasgos distintivos de la experiencia está precisamente en intentar trasladar la perspectiva feminista al modo concreto de atender.

“Es algo inédito respecto a otros espacios de salud, donde hay ciertos profesionales amigables, pero no constituye una política institucional”, plantea. Y señala que, al acceder a servicios sanitarios, muchas personas todavía atraviesan situaciones de hostilidad o violencia, miradas normativas sobre los cuerpos o dificultades para recibir una atención que contemple sus particularidades.

La perspectiva feminista, en este sentido, aparece como una práctica cotidiana que implica revisar cómo se escucha, cómo se brinda información y cómo se acompaña cada proceso.

“No digo que esté logrado en nuestro espacio, pero es un desafío permanente”, reconoce Lafi.

Una experiencia de autogestión

La historia del Consultorio también está atravesada por una decisión sobre cómo organizar el trabajo. Actualmente, la institución funciona como una cooperativa y no depende del Estado. Su sostenimiento se articula mediante el trabajo colectivo, convenios con entidades que brindan cobertura de salud y medicina prepaga y distintas formas de organización para garantizar que el aspecto económico no se convierta en una barrera de acceso.

“Nosotras somos una cooperativa, no dependemos ni del municipio, ni de la provincia ni de la Nación. Pero estamos convencidas de que todas las personas tienen que poder acceder a la salud”, explicó Laura Zurbriggen, secretaria de la cooperativa, en diálogo con Radio Comunitaria La Ranchada.

Ese criterio implica también pensar alternativas cuando una persona no puede afrontar el costo de una atención. En esos casos, explican desde el espacio, se busca organizar la modalidad de acceso o articular con el sistema público.

Después de más de una década, esa forma de trabajo constituye parte central de la identidad del Consultorio. No solamente por su modelo cooperativo, sino porque la autogestión aparece como una herramienta para discutir cómo se organiza y se ofrece una práctica de salud.

Para Lafi, por momentos el lugar funciona como “un refugio” frente a las hostilidades que atraviesan otros espacios de atención. Pero también lo define como un ámbito de discusión y aprendizaje sobre cómo autogestionar la salud, convivir con distintas miradas y asumir la diversidad interna.

“Un espacio de contención, de desborde y de muchísimo trabajo”, resume.

Del aborto a una mirada integral

La interrupción del embarazo continúa siendo una de las prácticas centrales del Consultorio. El espacio ofrece acompañamiento durante todo el proceso, desde la consulta inicial hasta el seguimiento posterior, con atención presencial y también mediante teleconsulta.

El modelo de atención contempla la evaluación inicial, orientación, información sobre las alternativas disponibles, acompañamiento durante el tratamiento y control posterior. También incluye orientación anticonceptiva y la posibilidad de iniciar un método inmediatamente o durante el seguimiento.

Entre las prácticas disponibles se encuentran las dos modalidades de interrupción del embarazo que ofrece el equipo. El tratamiento con medicamentos y la aspiración manual endouterina (AMEU), un procedimiento ambulatorio que puede realizarse en el primer nivel de atención y que no requiere internación. El Consultorio, además, funciona como centro capacitador en el abordaje integral del aborto seguro y en la técnica de AMEU para profesionales de salud de distintos puntos del país y de Sudamérica.

Pero la propuesta fue ampliándose con los años. Actualmente incluye consultas ginecológicas y de salud sexual, Papanicolaou y colposcopía, asesoramiento e inicio de métodos anticonceptivos, colocación y extracción de DIU de cobre y hormonal, implantes subdérmicos y vasectomía sin bisturí, además del tratamiento del aborto incompleto y los controles posteriores a una interrupción.

La incorporación de estos servicios responde a una concepción que excede la atención de una situación puntual. La salud sexual y reproductiva es entendida como un proceso en el que las personas pueden necesitar información, prevención, controles, anticoncepción o acompañamiento en distintos momentos de sus vidas.

En el caso de la anticoncepción, por ejemplo, el enfoque busca que la elección de un método no sea entendida como una decisión irreversible. Se asesora sobre las distintas alternativas disponibles y se acompaña tanto el inicio como el cambio de método cuando la persona así lo decide.

Cuidar también es cómo se atiende

Hay otro aspecto que atraviesa el recorrido del Consultorio y que resulta difícil de medir únicamente a partir de la cantidad de prestaciones realizadas: la experiencia de quienes llegan al espacio.

La institución pone el acento en la confidencialidad, la privacidad y la claridad de la información como componentes de la atención. Una evaluación institucional señala que el 100% de las personas consultantes encuestadas manifestó haber recibido información con palabras claras o muy claras y que todas expresaron haber contado con un nivel suficiente o alto de privacidad.

Ese dato dialoga con una de las preocupaciones que aparecen desde los primeros años del proyecto: que una consulta de salud no se transforme en una instancia de juicio sobre el cuerpo, las decisiones o las circunstancias de cada persona.

En su propia definición, el Consultorio plantea que desde 2013 trabaja en salud sexual, reproductiva y no reproductiva bajo un modelo integral, seguro y profesional, con atención humanizada, perspectiva de derechos humanos y enfoque de género.

En esa construcción también hay una dimensión política. El equipo forma parte de redes de profesionales y organizaciones que trabajan por el derecho a decidir, participa de instancias de formación y capacitación y entiende que garantizar derechos también implica producir conocimiento y compartir herramientas con otros equipos de salud.

Así, aquella experiencia que comenzó en Alberdi hace más de una década no quedó detenida en la demanda que le dio origen. Creció, incorporó nuevas prácticas y atravesó transformaciones profundas en el marco legal y social argentino.

Hoy sus integrantes reivindican ese recorrido como la construcción colectiva de una determinada manera de entender la salud. Con información, autonomía, confidencialidad y acompañamiento.

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