Durante los dos primeros trimestres de 2026, el gasto en productos vinculados a Bienestar y Autocuidado creció un 20% interanual (Imagen ilustrativa Infobae)

Administrar el presupuesto sigue siendo un ejercicio cotidiano para muchos de los hogares de Latinoamérica, donde cada compra implica una decisión sobre aquello en lo que realmente vale la pena invertir para sumar al carrito.

Durante muchos años se instaló la idea de que, cuando el bolsillo se ajusta, el bienestar queda relegado entre las prioridades de los consumidores. Sin embargo, la evidencia muestra hoy que, aun en contextos de mayor cuidado del gasto, los productos que aportan al bienestar funcional, es decir, aquellos que ofrecen beneficios concretos para el equilibrio físico, emocional y nutricional, ganan espacio como criterios de elección.

Nuestro estudio Consumer Insights refleja bien esta tendencia. En Argentina, a pesar del ordenamiento de la macroeconomía y la desaceleración de la inflación, el segundo trimestre de 2026 todavía marca una caída del consumo masivo de 3.7% en términos de volumen. El salario real, presionado, hace que el consumidor piense bien antes de realizar cualquier gasto y la pérdida del poder de compra de algunos sectores incide en el tamaño de las compras.

Detrás de esta coyuntura hay un cambio más profundo. Más allá de cuidar el presupuesto diario, los hogares están priorizando productos que consideran útiles y necesarios, especialmente cuando encuentran en ellos un beneficio concreto que suma valor a su bienestar y calidad de vida.

Entender lo que llamamos “Espacios de necesidades” ayuda a visualizar este fenómeno: se trata de identificar qué está valorando el consumidor cuando elige un producto, más allá de la categoría a la que pertenece. En nuestro país, durante los dos primeros trimestres de 2026, el gasto en productos vinculados a Bienestar y Autocuidado, como cosméticos, comidas saludables y bebidas del segmento salud, entre otros, creció un 20% interanual, mientras que el gasto en los considerados Esenciales aumentó un 16%. Es decir, los consumidores hacen más eficiente el gasto en las compras básicas y rutinarias para destinar recursos a aquellos productos donde perciben un beneficio mayor.

En Latinoamérica, la dinámica sigue la misma lógica: mientras los productos enfocados en necesidades Esenciales crecieron un 4% en términos del gasto, el segmento destinado a Bienestar y Autocuidado avanzó un 12%. Las personas buscan encontrar diferenciales concretos en los productos que eligen y, al mismo tiempo, preservar espacios de gratificación personal cuando el presupuesto lo permite.

Esta lógica también se refleja en la oferta: cada vez son más las categorías que incorporan atributos para responder a nuevas necesidades. En alimentos, por ejemplo, aparecen propuestas con mayor contenido de proteína, como yogures, cereales, bebidas funcionales. Los cosméticos vinculados al cuidado personal también forman parte de este universo, que se diversifica. Además, ganan espacio productos que incorporan probióticos, vitaminas o minerales como atributos de valor agregado. Todo parte de la misma lógica: entender el momento de consumo y el motor de la elección para incorporar esos atributos al diseñar el producto.

La gran oportunidad para las empresas reside en identificar los “Espacios de necesidades” y así focalizar recursos y esfuerzos en aquellos aspectos donde el consumidor está dispuesto a hacer un esfuerzo adicional. Hoy, el bienestar funcional dejó de ser un beneficio secundario para consolidarse como un motor de consumo. No estamos ante un comprador pasivo, sino ante un consumidor altamente intencional que revalida, compra a compra, aquello que representa un valor real para su calidad de vida y su propósito personal.