Desde la organización proponen no solo actuar ante emergencias por riesgos de incendio, sino también poner fuertemente el foco en la prevención y que el fuego no se inicie. Esta guía es un aporte en esa dirección.

Sistematizando información recolectada durante cuatro años del manejo del fuego en el territorio cordobés, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) diseñó una guía que pone el foco en la prevención de incendios durante todo el año, a partir de recursos y trabajo coordinado entre todos los actores que combaten al fuego.
Todos los años se queman en promedio 90 mil hectáreas en Córdoba. En veinte años, son 1,5 millones de hectáreas las que desaparecieron por el fuego. La problemática de los incendios en nuestro bosque nativo se cobró vidas humanas, de fauna y de flora, con consecuencias ecológicas devastadoras y a menudo a beneficio de proyectos económicos interesados en la desertificación para desarrollos inmobiliarios o agropecuarios.
Al escenario local se suma un contexto de calentamiento global y cambio climático que impacta directamente en los riesgos de incendio y aumenta la dificultad para contener el fuego. Es urgente mejorar no solo la atención al fuego una vez que se inició, sino la prevención de los incendios durante todo el año. Con ese objetivo en mente, profesionales del INTA propusieron una serie de estrategias para «pasar de la emergencia a una prevención sostenida».
De qué se trata la guía del INTA
La guía del INTA fue creada «para organizar la prevención de incendios serranos y de interfase urbano-rural, a partir de una metodología que articula información territorial, planificación y coordinación entre instituciones y comunidades». El objetivo es poner la atención en
Se basa en la experiencia en la provincia de Córdoba, sistematizando en un documento llamado “Plan Base» unos cuatro años de trabajos sobre 50.000 hectáreas, con participación de municipios, bomberos voluntarios, Defensa Civil, organismos provinciales, productores, vecinos e instituciones.
La metodología combina organización local, información territorial y acciones concretas sobre el paisaje, para coordinar recursos y decisiones antes de que ocurra el fuego.
En ese sentido, la propuesta busca desplazar el eje desde la respuesta ante la emergencia hacia una planificación preventiva durante todo el año.
Mesas y nodos
El trabajo del INTA en torno a los incendios comenzó con el monitoreo y la evaluación posterior a los fuegos. Con el paso de los años, y especialmente a partir de 2020, el enfoque empezó a cambiar.
“Se cambia hacia una mirada más preventiva sobre el fenómeno”, explicó Nicolás Mari, profesional de la Agencia de Extensión Rural (AER) del INTA en Cruz del Eje.
Ese proceso llevó a vincularse con la Asociación Rural Sierras Chicas (ARSCH) y con productores interesados en relevar los recursos disponibles en cada zona. El objetivo era conocer las capacidades existentes y cómo podían articularse frente al riesgo de incendios.
A partir de esa experiencia se conformó una red con instituciones públicas de la provincia, entre ellas los ministerios de Bioagroindustria y de Seguridad, a través de la Secretaría de Gestión de Riesgo, el Plan Provincial de Manejo del Fuego, Defensa Civil y los Equipos Técnicos de Acción ante Catástrofes (ETAC), además de los municipios.
De esa articulación surgieron las mesas de fuego. “Son mesas de trabajo interinstitucional que buscan establecer ciertos compromisos de las instituciones para abordar la prevención de los incendios”, explicó Mari.
En paralelo, la ARSCH propuso agrupar a productores y vecinos rurales en nodos.
Así se fueron reuniendo y ordenando conocimientos que hasta entonces estaban dispersos. Y se apuntaron acciones que luego dieron forma al plan base, con la intención de que puedan adaptarse a cada región cordobesa.
Prevención todo el año
La elaboración del plan incluyó talleres y otras metodologías para analizar las herramientas disponibles y los procesos para intervenir en cada zona. Uno de los principales desafíos fue comprender las dinámicas locales y construir un mapa de actores por zonas, para establecer formas de articulación.
El esquema central contempla tres momentos: antes, durante y después de un incendio.
Históricamente, la intervención estuvo concentrada principalmente en la emergencia. La novedad está en incorporar de manera sistemática la instancia previa. “Mover el esquema hacia la parte preventiva, es un cambio de paradigma. Es una nueva filosofía trabajar todo el año en prevención”, afirmó el profesional del INTA.
Un fenómeno recurrente
La serie de 30 años relevada por el INTA muestra que los incendios se repiten cada temporada, aunque con fuertes variaciones en la superficie afectada. En 2020, uno de los máximos históricos, el fuego alcanzó casi 350.000 hectáreas en esta provincia. En 2025, en cambio, fue de los menos graves: unas 21 mil hectáreas.
“Es un fenómeno constante en el tiempo, variable y multifactorial, pero ocurre todos los años”, señaló Mari.
Su impacto se vuelve especialmente crítico en las áreas de interfase, donde pone en riesgo vidas humanas y viviendas, entre otras instalaciones. En zonas rurales, genera consecuencias sobre la actividad agropecuaria y los bosques nativos.
Inteligencia territorial
Dentro de esta experiencia inicial, el convenio específico entre el INTA y la Asociación Rural Sierras Chicas se extendió durante dos años. Ahora comienza una segunda etapa de vinculación, mediante un servicio técnico especializado destinado a profundizar el conocimiento y la prevención de cada zona.
“El objetivo es avanzar en lo que llamamos inteligencia territorial”, explicó Mari. La propuesta apunta a generar información precisa y actualizable que pueda utilizarse para orientar las acciones de prevención.
El trabajo fue autoría de Nicolás Mari, Torcuato Tessi; Diego Pons; Manuel Vicondo; Francisco Marraro y Vanina Margonari.
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