Imagen de 'Prácticamente magia 2'. (Warner)

Cuando en octubre de 1998 Warner estrenó un drama fantástico protagonizado por dos brujas que utilizaba la sororidad como hilo conductor contra la violencia de género mientras, a su vez, planteaba una comedia romántica, al mundo pareció explotarle la cabeza. Para mal, claro. Protagonizada por Sandra Bullock y Nicole Kidman y dirigida por el actor y cineasta Griffin Dunne, Prácticamente magia fue un fracaso en taquilla. La crítica tampoco supo qué hacer con ella. “Da demasiado miedo a los niños y resulta demasiado infantil para los adultos. ¿Para quién se hizo esto?”, escribió el crítico de cine y ganador del Pulitzer Roger Ebert.

La culpa pudo achacarse a aquel cóctel de tonos y a un extraño ritmo —o a que “tenía muchas mujeres”, como llegaron a reiterarle a Bullock durante la promoción—, pero el tiempo terminó jugando a su favor. Internet y una nueva generación de espectadores —especialmente de mujeres— le han dado una segunda vida hasta convertirla en una obra de culto, algo que explica el regreso de las hermanas Owens 28 años después. Prácticamente magia 2, desde este viernes en cines, llega siendo exactamente lo que su público podría esperar: una película modestamente entretenida para aquellos que ansían la tónica de los 2000, que eso sí, peca de larga. 130 minutos.

No es casualidad que haya tardado casi treinta años en desarrollarse. Si la primera entrega estaba basada en la novela homónima que Alice Hoffman publicó en 1995, la autora no desarrolló su conclusión hasta el pasado 2020 con The Book of Magic, que ahora adapta el guion Akiva Goldsman (que ya fue guionista en la anterior), Georgia Pritchett (Succession) y Kelly Marcel (50 sombras de Grey). La cinta tampoco ha vuelto con su director, que rechazó el proyecto porque la secuela “debía estar dirigida por una mujer”. Quien toma el relevo ahora es la danesa Susanne Bier —que ya dirigió a Bullock en A ciegas (2018) y a Kidman en las series The Undoing y La pareja perfecta—.

“¿Qué clase de historia sería esta si terminara en el mismo lugar donde empezó?”, pregunta Sally (Bullock) nada más arrancar la película. Paradójicamente, la película empieza de manera muy similar a como lo hizo la primera: Sally ha enviudado por segunda vez como consecuencia de la maldición generacional que persigue a la familia Owens. Aún más cauta con sus poderes, la mayor de las hermanas realiza un hechizo para hacer que sus veinteañeras hijas Kylie (Joey King) y Antonia (Maisie Williams) olviden que pertenecen a una familia de brujas.

Imagen de 'Prácticamente magia 2'. (Warner)

Pero cuando el novio de Kylie, Gideon (Xolo Maridueña) entra en coma y esta se entere de lo que es capaz de hacer con sus poderes, hará cualquier cosa por romper la maldición, incluyendo viajar a Londres siguiendo las tenebrosas instrucciones del Libro de los Cuervos para acabar con el hechizo una vez por todas. Bajo esta premisa, Sally y Gillian (Kidman) llegan a la capital inglesa para reunirse con Ian Wright (Lee Pace), un apuesto y tatuado experto profesor de magia que se enamora de Sally a primera vista.

Luces y sombras en una secuela cursi

Como en su predecesora, Prácticamente magia 2 vuelve a utilizar la química de sus protagonistas, ambas ya pasando la barrera de los 60 años —Bullock tiene 62; Kidman cumplió el pasado junio 59— como principal ancla dentro de la trama. El contraste de personalidades, dentro y fuera de la pantalla, le da un impulso refrescante de agradecer, incluso cuando Kidman mete gags que resultan forzados.

Imagen de 'Prácticamente magia 2'. (Warner)

Sin embargo, la cinta sabe que nadie ha esperado 28 años para que las Owens se reinventen, motivo por el que las personalidades de Sally y Gillian son prácticamente un calco de la premisa original: la primera, más comedida, y la segunda en permanente disfrute de una eterna juventud. A ambas se les suma la vuelta de Stockard Channing (82 años) y Dianne Wiest (78) como sus excéntricas tías Franny y Jet, un dardo nostálgico para recordarnos que el tiempo hace tic tac —y que la medicina estética no pasa de moda en Hollywood—.

Joey King y Maisie Williams recogen el testigo que dejaron Evan Rachel Wood y Alexandra Artrip en 1998, aunque el guion no trata a ambas con la misma generosidad. Williams (Juego de tronos) pasa buena parte de la película paseándose por una habitación de hospital con poco que hacer, mientras King se convierte en uno de los grandes aciertos de la cinta, cargando con buena parte de la acción gracias a una expresividad que encaja perfectamente con el carácter impulsivo y valiente que hereda de su tía.

Precisamente, la cinta vuelve a realizar un statement sobre cómo la sororidad, especialmente en estos tiempos que corren, sigue siendo aún más que necesaria, aunque este mensaje se diluye cuando el amor fraternal nunca resulta suficiente y se enroscan en darle a Bullock un interés romántico que ni ella misma quiere.

Imagen de 'Prácticamente magia 2'. (Warner)

En su contra juega especialmente un montaje irregular y un guion a ratos demasiado cursi, problemas que se agravan con una duración que supera en alrededor de media hora a la primera entrega. En total, 2 horas y diez minutos y una película que termina hasta tres veces.

¿Necesitaba Prácticamente magia una secuela? Probablemente no, pero el mismo público que la convirtió en una obra de culto agradecerá no tener que recurrir a ver la misma película por Halloween cada año. “¿Qué clase de historia sería esta si terminara en el mismo lugar donde empezó?”, preguntaba Sally. Pues una que, 28 años después, por fin puede responder a la pregunta que Ebert dejó en el aire en 1998: “¿Para quién se hizo esto?”. La respuesta la tiene un diálogo de Kidman: “No hay magia más poderosa que la hermandad entre mujeres”.