No fue una convocatoria oficial celebrada en redes sino una necesidad convertida en acción. Mientras el país debate coberturas de vacunación que no suben, cientos de vecinos de Zavaleta pudieron vacunarse sin trámites, sin traslados, sin horarios restrictivos. Una jornada que revela una verdad incómoda: el sistema sanitario, tal como funciona hoy, llega solo a quienes pueden llegar a él.
La experiencia reunió equipos de atención primaria de la Ciudad, trabajadores comunitarios y voluntarios en tres puntos simultáneos del barrio. Se vacunó contra enfermedades del Calendario Nacional de Vacunación, dengue y otras patologías. Los números son modestos comparados con la propaganda institucional pero incómodos para quien diseña política sanitaria: cientos de personas que jamás hubieran ingresado a un centro de salud si la salud no hubiera salido a buscarlas.
Por qué el sistema no llega donde está la gente
“Si queremos aumentar las coberturas de vacunación en la Argentina, no siempre podemos esperar que las personas lleguen al sistema de salud: también tenemos que llevar la salud hacia las personas”, explica Roberto Debbag, infectólogo y pediatra (MN: 60.253), quien asesoró técnicamente la jornada.
El diagnóstico no es nuevo pero la falta de acción sí. Durante años, los centros de atención primaria funcionan en horarios de oficina: lunes a viernes, mañana y tarde. El barrio trabaja en otro ritmo. Las madres no pueden faltar a trabajos informales. Los abuelos que cuidan nietos tienen responsabilidades que no esperan. La pobreza no tiene horario de atención.
Abrir los centros fuera del horario habitual, trabajar sábados y domingos, llevar equipos al territorio es, en apariencia, una obviedad. En realidad, es infraestructura que el sistema sanitario no ha priorizado en la mayoría de provincias. Cuando sucede, se celebra como excepción. Cuando debería ser norma.

Los números son reveladores: mientras Argentina lucha por mantener coberturas de polio por encima del 85%, experiencias de proximidad como la de Zavaleta alcanzan a poblaciones que ningún sistema centralizado jamás alcanzaría. No porque estas personas sean “irresponsables”. Sino porque las barreras estructurales —transporte, tiempo, burocracia— son reales.
El modelo que nadie replica porque nadie mide
Debbag insiste en un punto que desafía la lógica administrativa: “Esta acción reunió, sin diferencias políticas y con un objetivo sanitario común, equipos del Ministerio de Salud, organizaciones comunitarias y fundaciones. Esta experiencia piloto puede transformarse en un modelo replicable por provincias, municipios e intendencias de toda la Argentina”.
La palabra “piloto” es generosa. En realidad, se trata de identificar barreras, salir al territorio y generar oportunidades donde están las personas. No es complejidad técnica. Es decisión política. Requiere dinero, sí. Pero también requiere que alguien mida el costo de NO hacerlo: brotes prevenibles, internaciones evitables, muertes que quedan registradas como “falta de cobertura” pero que en realidad son falta de acceso.
Equidad sanitaria: cuando la salud es un derecho, no un destino
Durante la jornada, mientras chicos se vacunaban, hubo juegos y actividades recreativas. Suena a “acción comunitaria bonita” hasta que se entiende lo que significa: una familia que accedió a prevención también compartió un espacio donde la salud no se siente como amenaza sino como cuidado. La confianza que se construye en esa transacción es invisible en cualquier informe oficial pero determinante para coberturas futuras.
“Vacunar en territorio es acercar salud, construir confianza y generar equidad”, concluye Debbag. Tres palabras que el sistema sanitario argentino repite en documentos pero que rara vez traduce en acción. La diferencia entre decir y hacer es exactamente la que separa a un Barrio 21-24 con cobertura de uno sin ella. Es la distancia entre una madre que accede a vacunas para sus hijos y una que sigue esperando que el sistema la encuentre.
El sábado 5 de septiembre, esa distancia fue acortada. La pregunta incómoda es por qué esto sigue siendo una excepción piloto y no la práctica cotidiana en toda la Argentina.
La jornada fue coordinada por el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, Fundación Flavia Martínez for Children y Fundación Vacunar, con el apoyo de la Parroquia Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé y el asesoramiento técnico de Debbag. Fueron tres puntos simultáneos en el territorio: CeSAC Nº 35, CEMAR 2 y Casa Social Madre Teresa. La Dra. Alejandra Marco, directora de la PIA CABA, coordinó desde la estructura de atención primaria de la Ciudad.




