El ambiente de la alta moda está revolucionado por un escándalo que involucra a varias de sus figuras más representativas y a un gran evento. Anne Wintour -exdirectora de Vogue norteamericana y actual directora global de la revista, una de las personas más poderosas de ese ambiente, la mujer representada/parodiada por Meryl Streep en El Diablo Viste a la Moda- en su carácter de miembro de la junta del Metropolitan Museum of Art de Nueva York -el Met- y como presidenta de la Met Gala anunció un par de meses atrás que se haría una exposición en homenaje a John Galliano y a su carrera en el Met y que la Gala -uno de los eventos más esperados de la temporada- se haría en honor a él y a sus creaciones. El anuncio generó primero sorpresa y después una conmoción que sacudió los cimientos de la alta costura y sus figuras. Hubo rumores, marchas, retrocesos, presiones, dichos indignados y hasta amenazas. Fueron de las semanas más convulsionadas del mundo de la moda en las últimas décadas. Hasta que a principios de esta semana se anunció que la exhibición no se llevaría a cabo. Todos los involucrados, sin saber todavía el daño que este incidente causó a su prestigio y a su futuro en el ambiente, salieron a pedir disculpas ¿Por qué sucedió esto? Porque John Galliano está cancelado en el mundo de la moda desde hace quince años.
Una noche de febrero de 2011 en el exclusivo Café La Perle de París. En una mesa se encuentra John Galliano, una de las personas de mayor fama y poder del mundo de la moda: es el director creativo de Dior. Un personaje excéntrico, talentoso, con un perfil alto. De pronto, una explosión de insultos y manifestaciones racistas dirigidas hacia una pareja que está en una mesa cercana. La pareja denuncia ante la policía al diseñador por sus dichos antisemitas. La policía lo detiene. Galliano afirmó no haber proferido frases racistas. Aceptó haber insultado a sus vecinos de mesa pero sólo como respuesta a agresiones previas. Cuando fueron interrogados los mozos y el dueño del local se mantuvieron fieles al parroquiano célebre y dijeron que no habían escuchado nada. Fue liberado a las pocas horas. El incidente llegó a los medios. Dior emitió un comunicado en el que informaba que suspendía al diseñador hasta que se aclararan los hechos y recordaba la política de tolerancia cero de la empresa ante el racismo y el antisemitismo. Galliano siguió jurando su inocencia. Muchos pensaron que se trataba de otro de sus pequeños escándalos en una noche de borrachera, una de esas conductas disruptivas a la que los tenía acostumbrados.
Tres días después apareció otra denuncia por un incidente anterior en el mismo café. Otra vez lo culpaban de insultos antisemitas, en este caso se sumaban ataques a los asiáticos. El diseñador se quejó de ser víctima de una campaña difamatoria injustificada; otra vez negó todo. En medio del nuevo escándalo, un video terminó de condenar a Galliano, de dejarlo sin defensa y de derribar sus versiones anteriores. Un diario sensacionalista inglés publicó una filmación de otra discusión de Galliano en el Café La Perle pero de unos meses antes, de fines del 2010. Otra vez la explosión contra unos vecinos de mesa. El video y su audio convierten al episodio en inapelable. Ya no se trata de una versión contra otra. Se ve al diseñador y, principalmente, se lo escucha. Se dirige a tres jóvenes, dos mujeres y un varón. “¿Saben? Adoro a Hitler. Personas como ustedes estarían muertas. Sus madres y sus padres ya habrían pasado por la cámara de gas”, grita. Enojada, una de las chicas le dice: “¡Usted tiene un problema!”. Galliano responde: “Sí. Con vos ¡Sos horrible!”.
Apenas el video se difundió, Dior convirtió la suspensión del diseñador en un despido con causa. Dejaba de ser el director de la división femenina, cargo que ocupaba desde 1996. Después llegó la acción de la justicia. Fue condenado por la justicia francesa por el delito de odio: el video era imposible de contradecir. La pena consistió en una multa de 6000 euros y en la obligación de tomar cursos contra el antisemitismo y las conductas racistas y discriminatorias.

John Galliano pidió disculpas por sus insultos y se excusó confesando que sufría de adicción al alcohol (en las imágenes se lo percibe alcoholizado), a los tranquilizantes y al Valium. Luego ingresó en rehabilitación. Presentó, en su momento, una demanda laboral contra Dior por su despido. La justicia falló en su contra dictaminando que el despido fue legal y justificado.
Cómo Juan Carlos Galliano Guillén se convirtió en el diseñador más influyente de su epoca
Juan Carlos Galliano Guillén nació en Gibraltar en 1960. Su familia se trasladó del peñón hacia Londres cuando él tenía 6 años. Después del colegio estudió diseño de modas. Sus creaciones se destacaron apenas salió al mercado laboral. Tuvo su propia marca y fue contratado por Givenchy. A esa altura ya era John Galliano y se había vuelto una celebridad, uno de los grandes jueces de la moda mundial. Ganó el premio al diseñador del año británico durante varias temporadas. Ya instalado en París de Givenchy pasó a Christian Dior. Las seis colecciones anuales que sacaba entre Dior y su propia marca concentraban la atención de los medios y sus exclusivos clientes. Decía que su verdadero trabajo era seducir.
Su poder e influencia terminaron luego de los incidentes de 2011. Su rastro se perdió durante unos años hasta que regresó como director de la Maison Martin Margiela, una marca belga.
A fines de julio, el Met Costume Institute -la sección que se ocupa de las exposiciones de diseñadores y de la Met Gala) anunció a través de su presidente Anne Wintour que la exhibición siguiente y la próxima gala estarían dedicadas a John Galliano. Sólo dos diseñadores vivos habían recibido este honor, Galliano sería el tercero.
La famosa y temida editora estaba convencida de que ya había pasado el tiempo necesario desde la cancelación, que su arrepentimiento público había sido sincero y suficiente y también de que el genio creativo de Galliano merecía ser celebrado con una retrospectiva. Es posible que la editora de Vogue haya sobreestimado la influencia que ella tiene en el mundo de la moda.
Wintour fue vital para que Galliano consiguiera el puesto en Maison Martin Margiela. Sostenía que Galliano había pasado por rehabilitación por sus adicciones, se había disculpado y había tomado diversos cursos de judaísmo dictados por reconocidos rabinos; en definitiva: que había expiado sus culpas.
Desde que Wintour se ocupa de estas exposiciones y desde que está a cargo de la Met Gala todo ha cambiado. La gala es uno de los grandes eventos anuales de celebridades; sólo puede compararse con los Oscars, alguien lo definió como el Super Bowl de los famosos. Y cinco de las 10 exposiciones más vistas de la historia del Met pertenecieron a diseñadores de moda, fueron organizadas por el Costume Institute.

De inmediato se hicieron oír las voces en contra. Organizaciones judías, hijos de sobrevivientes del Holocausto, políticos de Nueva York se opusieron a que siguiera el plan. Elisha Wiesel, director de la Fundación Elie Wiesel declaró: “Si alabanzas a Hitler y referencias a las cámaras de gas no descalifican a alguien ¿Cuál es la línea, dónde está el límite?”.
Varios anunciantes y mecenas del Met amenazaron con quitar sus contribuciones. También varios miembros de la junta directiva mostraron públicamente su disgusto. No sólo no querían quedar asociados a alguien que había tenido conductas discriminatorias en el pasado; también deseaban vengarse de la autonomía de Wintour y de sus permanentes desplantes.
Mientras tanto los medios recordaban los incidentes racistas en los que Galliano había estado involucrado. Wintour, dejó de lado su imagen de dama de hierro, y conversó e intentó negociar con los que se oponían. Hizo también que Galliano, con ella presente, se reuniera con rabinos y referentes de la comunidad judía de Manhattan.
Pero la presión fue enorme y el lunes pasado el Museo y la veterana editora debieron anunciar que no se realizaría lo planeado. El Met y sus autoridades entendieron que la presión sólo aumentaría con el correr de las semanas. Peligraba el evento más relevante del museo en el año, el que más millones de dólares recauda y el que más atención mediática y del público atrae. Fue una derrota inusual para Anne Wintour, acostumbrada a imponerse en sus disputas profesionales, habituada a que se haga lo que ella, como emperadora de la moda, imponga. Una derrota de la que todavía no se conocen las secuelas totales.
Muchos creen que la soberbia de Wintour y las ganas de Galliano de una gran rentrée provocaron esta tormenta perfecta que cayó sobre ellos. Se afirma que no supieron leer las circunstancias, los tiempos que corren. El antisemitismo que se propagó desde los ataques del 7 de octubre y la respuesta bélica israelí sensibilizó a muchos que no desean aparecer apoyando a alguien que se ha mostrado abiertamente antisemita como el diseñador.
Luego del anuncio llegó un comunicado de Galliano donde el apego a la corrección política es hasta exagerado, aunque se debe decir que es elegante y no señala culpables más que él mismo. Tal vez, a sus 65 años, piensa que son pocas las posibilidades que le quedan para la rehabilitación pública y que, acaso, con esta gran sanción logró dejar satisfecho a sus perseguidores. En la primera parte del comunicado agradece a Anne Wintour, al Met y a los que colaboraron en su elección, por haber pensado en él y en que su carrera profesional merecía una retrospectiva de esa magnitud. Luego anuncia su decisión de dar de baja la exposición: “Tras mucha reflexión y debate con el Met y todas las personas involucradas, he decidido, con gran tristeza, que lo mejor es que la exposición no se lleve a cabo en este momento. Sigo siendo plenamente responsable del dolor causado por mis palabras en el pasado, particularmente el daño que provoqué a las comunidades judía y asiática, y sigo estando profundamente arrepentido por ello. Entiendo que la reparación significativa no se logra mediante una exposición, un reconocimiento institucional o un único gesto público. Es una responsabilidad continua que se demuestra escuchando,aprendiendo y a través de la propia conducta a lo largo del tiempo”.

Más allá de lo que dicen los comunicados oficiales y las declaraciones asépticas de todos los involucrados (Galliano, Wintour, voceros del Met y demás) cuesta creer que la decisión de dar de baja la muestra haya nacido de él y hasta que la haya aceptado voluntariamente, es difícil que se haya tratado de una decisión consensuada.
Una cuestión que no se debate demasiado y que evidentemente no está resuelta en la opinión pública es hasta dónde deben llegar las sanciones sociales. O planteado de otro modo: ¿Cuánto dura una cancelación?
En el caso de Galliano hubo una condena legal. La justicia francesa lo encontró culpable del delito de odio y le impuso una pena de multa y otras accesorias como trabajos comunitarios y asistir a cursos (puede ser considerada leve pero es la que prescribe la ley francesa). Lo mismo ha ocurrido con otros personajes públicos. La suerte es dispar. Algunos son rehabilitados, otros son mandados a un ostracismo vitalicio. No hay un criterio, ni un parámetro que permita adivinar cuándo alguien será perdonado o cuándo se considerará purgada su falta. Muchas veces, esa posibilidad de retomar la vida laboral o pública, depende más de afinidades políticas o amistades anteriores que de la magnitud de las faltas cometidas. Algunos nunca podrán expiar sus pecados, aunque hayan cumplido una larga condena social y expresen su arrepentimiento.

Si alguien saldó sus cuentas con la ley, debería tener la posibilidad de continuar con normalidad con su vida civil y profesional. Si el personaje y su actividad no son privadas queda en el público acudir a las actividades que haga o comprar sus productos. Cada uno decidirá en su intimidad si sigue escuchando a Michael Jackson, viendo una película de Polanski, gritando goles de Villa o disfrutando de alguna de las películas producidas por Weinstein y Miramax. Lo que no tendría que suceder es que existan (y triunfen) campañas públicas, boicots y amenazas varias para que alguien no pueda ejercer nunca más su profesión. Obligar a prohibir algo que no está prohibido es una actitud profundamente autoritaria.
Muchas de esas actitudes también son de una enorme hipocresía. Se castigan sin piedad ni posibilidad de redención los actos de determinadas personas y se hace la vista gorda con otros de quienes les caen bien.
Un ejemplo: Karl Lagerfeld ha tenido comentarios gordófobos, islamófobos y ha lapidado al movimiento del #MeToo. A pesar de eso pudo realizar sin mayores inconvenientes su exposición en el Met durante el 2023, poco tiempo atrás.
Antes de que se bajara la exposición en el Met, la firma Zara había anunciado una alianza de 2 años con Galliano en la que el diseñador reimaginaría piezas del archivo histórico de la firma. Ahora las presiones recaen sobre Zara, exigiendo que deshaga ese acuerdo. Está por verse cuál será la resolución de la empresa ante este dilema. Los especialistas están convencidos de que si ponen a la venta la línea se tratará de un enorme éxito comercial, las prendas se agotarán. Pero hay dudas del daño que puede provocar a la empresa una campaña en redes y ante los locales más importantes de gente que no acepta la reinserción de Galliano.




