La resaca emocional describe el cansancio emocional que puede persistir después de una discusión, una celebración o un episodio de estrés  (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dormir durante el día puede aportar un alivio puntual ante el cansancio acumulado, pero el tiempo y el horario determinan en buena medida si ese descanso respeta el sueño de la noche. No todas las siestas persiguen el mismo objetivo: algunas responden a una somnolencia real y otras se convierten en un intento de compensar un sueño nocturno insuficiente.

Una siesta ideal dura menos de 20 minutos y conviene tomarla entre las 14 y las 16. Dentro de ese rango, la pausa puede mejorar la lucidez y el rendimiento mental sin afectar el descanso nocturno. Fuera de ese margen, el efecto puede ser el contrario.

De acuerdo con BBC, los descansos de entre 15 y 20 minutos evitan en general la entrada en fases profundas del sueño y pueden favorecer la capacidad de atención durante las horas posteriores. y advirtió, además, que una siesta no debería reemplazar una noche de descanso adecuado y que la necesidad frecuente de dormir de día puede requerir revisar las razones de ese cansancio.

Por su parte, Mayo Clinic indicó que las siestas cortas pueden asociarse con mayor lucidez, mejor ánimo y reacciones más rápidas. La institución señaló, al mismo tiempo, que las siestas largas o frecuentes pueden interferir con el sueño nocturno, especialmente cuando ya existen dificultades para conciliarlo o permanecer dormido.

¿A qué hora conviene dormir la siesta ideal?

La resaca emocional puede afectar el ánimo, la atención y la energía disponible para las tareas cotidianas  (Imagen Ilustrativa Infobae)

La recomendación de limitar la pausa diurna no busca eliminar el hábito, sino reducir la posibilidad de despertar desde una etapa de sueño más profundo. Según el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos, que depende de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, una siesta breve para quienes tienen horarios diurnos puede durar menos de 20 minutos, con una alarma prevista entre 15 y 30 minutos después de acostarse.

El organismo explicó que el sueño se vuelve más profundo a medida que se prolonga el descanso y que su nivel más profundo aparece cerca de una hora después de quedarse dormido. Despertar desde esa etapa puede deteriorar de manera considerable el funcionamiento inmediato a causa de la inercia del sueño, una sensación de aturdimiento y menor capacidad de atención que puede aparecer al abrir los ojos.

El mismo organismo señaló que un descanso breve puede sostener la capacidad de vigilia por algunas horas y suele generar menos aturdimiento al despertar. También precisó que ese tipo de siesta no interrumpe necesariamente el sueño posterior, porque no reduce de forma marcada la somnolencia que se acumula con las horas de vigilia.

El horario completa esa pauta. BBC ubicó una franja favorable entre las 14 y las 16, cuando se produce un descenso natural vinculado con el ritmo circadiano, el sistema interno que organiza los ciclos de sueño y vigilia. y señaló que una siesta demasiado avanzada en la tarde puede dificultar el inicio del descanso de la noche.

¿Qué pasa si la siesta se extiende más de 30 minutos?

La BBC señaló que no toda fatiga emocional posterior a un evento equivale al burnout, que reúne síntomas específicos vinculados con el trabajo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las recomendaciones sobre duración también se relacionan con investigaciones que analizaron el vínculo entre las siestas y distintos indicadores de salud. Un estudio publicado en Sleep Medicine Reviews revisó investigaciones disponibles hasta abril de 2022 sobre la asociación entre las siestas diurnas, los factores de riesgo cardiovascular, las enfermedades del corazón y la mortalidad en adultos.

La revisión incluyó 11 trabajos en su análisis general y 97 en su revisión sistemática sobre enfermedad cardiovascular y factores de riesgo. Sus autores informaron que las siestas prolongadas, definidas como las de una hora o más por día, se asociaron con una mayor probabilidad de algunos de esos factores de riesgo, de enfermedad cardiovascular y de mortalidad.

El trabajo no presentó esas asociaciones como una prueba de causalidad. De hecho, los investigadores señalaron que buena parte de los resultados sobre diabetes, síndrome metabólico, enfermedad cardiovascular y mortalidad contaba con evidencia débil o sugestiva. El síndrome metabólico reúne factores que pueden elevar el riesgo cardiovascular, como alteraciones de la presión arterial, la glucosa o los lípidos en sangre.

En cambio, la revisión encontró que las siestas cortas no se asociaban de forma significativa con peores resultados cardiovasculares en la mayoría de los indicadores analizados. En adultos jóvenes y de mediana edad, los descansos de menos de 30 minutos diarios no mostraron una asociación significativa con una mayor probabilidad de la mayoría de los factores de riesgo estudiados.

La duración y el horario determinan si esa pausa diurna ayuda a recuperar energía o termina jugando en contra del sueño de la noche.
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¿Cuándo la siesta es un síntoma y no una solución?

Uno de los aspectos que más genera dudas es si dormir siesta todos los días puede ser perjudicial. La evidencia disponible sugiere que no necesariamente: las pausas de menos de 20 minutos, tomadas temprano en la tarde, no muestran asociaciones negativas con la salud en la mayoría de los estudios.

El problema aparece cuando se toma demasiado tarde y termina compitiendo con el inicio del sueño nocturno, o cuando se convierte en un hábito que encubre un descanso nocturno deficiente.

Otro punto de confusión habitual es cuántos minutos son los adecuados. La mayoría de las recomendaciones de salud convergen en un rango de entre 15 y 20 minutos: el margen suficiente para descansar en fases ligeras y despertar sin una inercia del sueño pronunciada. Las siestas de entre 30 y 60 minutos, en cambio, exponen al cerebro a etapas más profundas sin ofrecer beneficios proporcionales, con un riesgo mayor de aturdimiento al despertar.

Lo que suele pasarse por alto es la necesidad frecuente de dormir por períodos prolongados durante el día. Cuando ese patrón se vuelve habitual, puede ser una señal de que el sueño nocturno no está siendo suficiente o reparador, más que una consecuencia directa de la siesta.