La fragilidad en adultos mayores reduce la capacidad del organismo para afrontar enfermedades, lesiones y otras situaciones de estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)

La pérdida de fuerza, energía y velocidad al caminar suele asociarse al paso del tiempo, pero en medicina puede formar parte de un cuadro más amplio: la fragilidad. Se trata de una disminución de la capacidad del organismo para afrontar enfermedades, lesiones u otras situaciones de estrés y recuperarse de ellas. Puede comprometer la autonomía cuando las actividades cotidianas empiezan a demandar más esfuerzo o requieren asistencia.

Se trata de un aspecto más frecuente a medida que avanza la edad, aunque no se limita de forma exclusiva a las personas mayores de 65 años. De acuerdo con Cleveland Clinic, puede agravarse por enfermedades crónicas, lesiones, ciertos tratamientos, una alimentación insuficiente, la inactividad y la falta de una red de apoyo. La detección temprana y el abordaje de hábitos modificables pueden ayudar a reducir el riesgo de fragilidad, según indicó Johns Hopkins Medicine.

Las consecuencias pueden exceder la debilidad muscular. La clínica estadounidense indicó que aumenta la vulnerabilidad ante nuevas enfermedades y lesiones, puede retrasar la recuperación y, en cuadros más avanzados, limitar la posibilidad de realizar tareas esenciales para una vida independiente. Entre sus criterios de detección figuran la pérdida involuntaria de peso, el cansancio persistente, la menor fuerza, la baja actividad física y la marcha lenta.

Cuatro medidas que pueden ayudar a reducir el riesgo de fragilidad

Mantener actividad física con regularidad es la primera medida señalada por Johns Hopkins Medicine. El doctor Samuel Durso explicó que una de las causas es la pérdida de masa muscular vinculada con la edad. Se refiere al tamaño y densidad de los músculos, estructuras que permiten el movimiento y sostienen funciones como levantarse, caminar o conservar el equilibrio.

Como consejos, el experto destaca que caminar y realizar ejercicios sencillos de fortalecimiento puede contribuir a mejorar la fuerza y disminuir la debilidad, incluso en adultos de edad avanzada con fragilidad. Una revisión sistemática publicada en Springer halló que las intervenciones basadas en ejercicio físico redujeron la incidencia de fragilidad en adultos de 60 años o más que al inicio eran robustos o prefrágiles.

Una alimentación suficiente y variada, con proteínas, frutas, verduras y cereales integrales, ayuda a sostener la masa muscular y prevenir la fragilidad  (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sostener una alimentación suficiente y variada constituye el segundo eje. Johns Hopkins Medicine recomendó que las comidas incluyan frutas, verduras, proteínas, grasas saludables, cereales integrales y lácteos bajos en grasa. También remarcó la relevancia de las proteínas para el mantenimiento muscular e incluyó entre sus fuentes a los lácteos, las carnes, el pescado, las aves, las legumbres y el yogur.

Controlar las enfermedades crónicas y revisar los factores que afectan la recuperación es la tercera medida. Durso señaló que es importante mantener bajo seguimiento afecciones como presión arterial alta, colesterol elevado y diabetes. Cleveland Clinic explicó que cuantas más condiciones crónicas acumula una persona, mayor puede ser su vulnerabilidad a desarrollar fragilidad, en especial cuando hay problemas óseos, cardíacos, respiratorios, metabólicos, neurológicos o articulares.

La entidad sanitaria también indicó que el abordaje puede incluir fisioterapia, programas de rehabilitación y apoyo nutricional, de acuerdo con las necesidades de cada caso. La fisioterapia busca mejorar la fuerza, la resistencia, el equilibrio y la movilidad. La evaluación profesional permite, además, considerar si los medicamentos, una pérdida de peso, una lesión reciente o una enfermedad están influyendo sobre la capacidad funcional.

Cuidar la actividad mental, el vínculo social y el estado de ánimo es la cuarta medida. Johns Hopkins Medicine explicó que las emociones positivas se asociaron con un menor riesgo de fragilidad. Durso agregó que conservar los contactos sociales y continuar con actividades de aprendizaje puede resultar beneficioso para el funcionamiento cognitivo y físico.

La fisioterapia, la rehabilitación y el apoyo nutricional forman parte del abordaje profesional de la fragilidad según las necesidades de cada caso (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ohio State University advirtió que el aislamiento social puede favorecer la inactividad, dificultar el acceso a alimentos y controles médicos, y hacer que señales como el cansancio, la tristeza o dolores persistentes pasen inadvertidas. La fragilidad, por lo tanto, no se evalúa únicamente a partir de la fuerza física: Cleveland Clinic incluye entre los factores que pueden intervenir la salud mental, la función cerebral, la continencia y la red de apoyo disponible.

Qué señales pueden anticipar la fragilidad

La prefragilidad describe un estado intermedio entre una buena reserva funcional y la fragilidad establecida. La revisión de Springer indicó que las transiciones entre esos estados son habituales y que el cuadro puede mejorar o empeorar con el tiempo. Esta condición dinámica vuelve relevante la observación de cambios que, aislados, pueden parecer menores pero sostenidos pueden modificar la autonomía.

Entre las señales, Cleveland Clinic enumeró el agotamiento frecuente, la disminución de la fuerza muscular, la lentitud al desplazarse, los problemas de equilibrio, la pérdida de peso sin intención y la necesidad creciente de ayuda para vestirse, bañarse o alimentarse. Johns Hopkins Medicine considera que una persona puede ser identificada como frágil cuando reúne tres o más criterios físicos, entre ellos la pérdida de al menos 4,5 kilogramos en un año, la debilidad, el agotamiento, la actividad reducida y una marcha lenta.

El cansancio persistente, la marcha lenta, la pérdida involuntaria de peso y la menor fuerza muscular integran los criterios de detección de la fragilidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

El diagnóstico no surge de una única observación. Cleveland Clinic explicó que los profesionales de salud combinan el examen físico con escalas de fragilidad, que pueden valorar fuerza de agarre, velocidad de marcha, peso, resistencia y otros factores vinculados con la salud mental o el apoyo social. Ante cambios persistentes en la movilidad, la energía o el peso, la valoración clínica permite establecer qué factores requieren atención y qué apoyos pueden ser adecuados en cada situación.