Aun cuando la tecnología parece haber impregnado cada rincón de nuestra vida actual, la literatura, la industria editorial en general, resiste con una energía que no se deja atropellar por baterías electrónicas. En el mejor de los casos admite el e-book, aunque el lector de raza, en una significativa cantidad, sigue aferrada al libro de papel, al objeto físico que puede atesorar en una biblioteca.
Lo que resulta sorprendente es cómo alguien como Eugenia Zicavo es capaz de leer más o menos todo lo que se edita: está al tanto, conoce a los autores clásicos y las firmas nuevas, analiza estilos y formatos, presenta y recomienda libros y también publica los que ella misma escribe.
Desde luego es una profesional. Tras su tesis doctoral en la UBA obtuvo el doctorado como investigadora y docente de Sociología de la Cultura y tiene una trayectoria en radio y televisión que logró darle una popularidad infrecuente en el género.
Fue columnista en el programa televisivo Esta noche libros, con Gerardo Rozín, donde comentaba y recomendaba libros con ideas atrevidas, como la sección “Lo mejor y lo peor de autores consagrados”. Ha hablado de libros en diversos programas de radio, conduce talleres y entrevista autores en Modo Libro, un programa de Futurock.
En los talleres que conduce, Eugenia Zicavo desarrolla una idea más o menos reciente que consiste en releer libros ya leídos quince o veinte años atrás. Por un lado es una experiencia que permite comprobar si la novela ha resistido el paso del tiempo, y por otro lado es un gran pretexto para volver a los clásicos. Según declaró, hasta ahora no tuvo decepciones.
Eugenia Zicavo acaba de publicar el libro Primeras páginas, de la editorial Factotum, donde propone los cien mejores comienzos de la literatura universal, y destaca el efecto que produce en el lector la forma en que se plantea la historia.
No se detiene en la frase inicial, que suele ser famosa, como la de Anna Karenina: “Todas las familias felices se parecen…” o la de Moby Dick: “Pueden llamarme Ismael”.
Ella se refiere a los comienzos, a las primeras páginas, que en las novelas del siglo XIX y principios del XX se tomaban su tiempo. La montaña mágica, de Thomas Mann, publicada en 1924, comienza con la historia de los abuelos de Hans Castorp, el protagonista.
Entre las firmas elegidas para Primeras páginas se encuentran Dickens, Wilde, Nabokov, De Beauvoir, Ballard, Kundera, Kafka, Orwell, Vonnegut, Calvino, Shakespeare, Dostoyevski y desde luego Tolstoi.



