El ecosistema universitario y agroindustrial presencia un cambio de paradigma en la gestión del conocimiento y la tecnología.
Con el lanzamiento de Noema, la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) dejó de ser una mera usuaria de software comercial para convertirse en creadora de su propia capacidad de inteligencia artificial.
La iniciativa, montada de forma integral sobre servidores propios y bajo la administración interna de la institución, busca garantizar autonomía tecnológica, soberanía de datos y una personalización inédita en la toma de decisiones.
“Ya no se trata solamente de utilizar herramientas desarrolladas por empresas tecnológicas externas, sino de construir una capacidad propia, integrada a la infraestructura de la institución y pensada para responder a sus necesidades específicas”, explicó Gustavo Marcello, director de la Unidad de Tecnología de Información de la FAUBA y uno de los principales impulsores del proyecto
El proyecto toma su nombre del concepto griego nóēma, que remite a aquello que ha sido comprendido y al significado que surge tras un proceso de interpretación.
Esa búsqueda por transformar grandes volúmenes de información en conocimiento útil para las personas se refleja en su arquitectura: Noema no es una aplicación aislada, sino el motor de un ecosistema capaz de alimentar a múltiples áreas académicas, de gestión e investigación.

Soberanía digital
El primer terreno donde Noema comenzó a operar es el área administrativa, un sector donde la acumulación de trámites suele consumir valiosas horas de trabajo humano.
A través del Sistema de Generación de Rendiciones, la herramienta automatiza la rendición de gastos vinculados a adelantos de fondos institucionales.
Mediante lectura e identificación inteligente, el software escanea facturas y tickets, extrae la información contable clave y elimina la carga manual de datos, reduciendo drásticamente el margen de error.
Pero las ventajas del desarrollo propio van más allá de la simple digitalización.
El sistema detecta inconsistencias, alertas de duplicación, gestiona vencimientos, envía notificaciones automáticas y lleva un registro detallado del historial de cada trámite.
“También permite conocer cuánto tiempo permanece una rendición en cada etapa y verificar, mediante huellas digitales, que la documentación presentada a través del GDE coincida con la generada por el sistema. De esta manera, el proceso gana en automatización, trazabilidad y control”, precisó Marcello sobre el impacto de esta tecnología en la transparencia institucional.
Sin embargo, el verdadero alcance de Noema trasciende la burocracia y apunta al corazón de la enseñanza y la investigación agropecuaria.
La infraestructura fue diseñada para expandirse de forma paulatina a otras dependencias de la facultad.
En el ámbito de Recursos Humanos, facilitará el análisis del desarrollo profesional y la detección de necesidades de formación continua.

En las aulas, se proyecta el despliegue de asistentes virtuales de apoyo al aprendizaje que interactuará con la comunidad estudiantil basándose exclusivamente en bibliografía académica y contenidos validados por las cátedras, garantizando el rigor científico de las respuestas.
A su vez, el proyecto abre un abanico de posibilidades para la investigación aplicada y la vinculación con el sector agroindustrial, permitiendo procesar datos del campo, ensayos y variables ambientales con modelos propios.
Para Marcello, este paso implica repensar críticamente el rol de las casas de altos estudios frente a la irrupción de la inteligencia artificial.
La propuesta de la FAUBA busca no encasillarse como espectadora o cliente de terceros, sino comprender el funcionamiento íntimo de los algoritmos, crear soluciones adaptadas a la realidad local y definir criterios éticos e institucionales para su gobernanza.
Al transformar la inteligencia artificial de un insumo comercial importado a una competencia pública e institucional, la facultad libera a sus equipos de las tareas repetitivas y gana tiempo valioso para el análisis crítico, la creatividad, la investigación y la toma de decisiones estratégicas que el campo argentino requiere para su desarrollo.




