
En un video publicado en redes sociales, el presidente colombiano calificó a la operación como un "golpe letal".
El líder de Colombia está sentado en un escritorio rodeado de oficiales militares y de policía, y presenta lo que describe como evidencia de una operación militar exitosa. Pero las filas frente a él no son de cajas de cocaína ni de armas incautadas. Son cadáveres.
Vistiendo el mismo verde oscuro que los oficiales militares que lo acompañan, se ve al presidente Abelardo de la Espriella en un video publicado el miércoles por la mañana en su cuenta de X, caminando junto a bolsas blancas para cadáveres que, según se dice, contienen los restos de rebeldes.
El video fue una expresión especialmente cruda de una táctica política cada vez más visible en todo el continente americano: líderes que hacen campaña sobre la aplicación de la ley y el orden utilizando imágenes de presuntos criminales como un espectáculo de poder estatal.
Los expertos dicen que las imágenes reflejan una tendencia regional de tratar a las personas señaladas como terroristas como si fueran enemigos que no merecen las protecciones del debido proceso. Señalaron la designación de los narcotraficantes como terroristas por parte del gobierno de Donald Trump y sus ataques militares en el Caribe, que han matado al menos a 223 personas, como parte de ese cambio.
Trump ha difundido videos de redadas migratorias, a veces acompañados de música popular. El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha hecho que las imágenes de los prisioneros formen parte de su estrategia de seguridad, al publicar videos de reclusos siendo rapados y obligados a marchar hacia la prisión.
"Cuando Estados Unidos se comporta de esta manera, facilita que todos los demás caigan en esa trampa conductual", dijo Elizabeth Dickinson, subdirectora para América Latina del International Crisis Group. "No es solamente: él hizo algo que está mal, sino que es una mala persona y, por lo tanto, merece cualquier castigo que le asignemos".
"Intenta entusiasmar a la gente no solo con estadísticas sobre la tasa de homicidios, sino en realidad con estos elementos visuales, de una manera casi caricaturesca o como en la lucha libre profesional, para apelar a los instintos más bajos de las personas", dijo Adam Isacson, un director de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, un instituto de investigación.
Pero esas imágenes tienen un peso particular en Colombia.
Durante décadas de conflicto armado, la práctica de los militares de medir el éxito mediante las bajas enemigas produjo uno de los escándalos de derechos humanos más sombríos del país: los soldados mataron a casi 8000 civiles y luego los hicieron pasar por guerrilleros abatidos en combate para inflar su recuento de cadáveres.
El legado de ese escándalo a principios de la década de 2000, conocido como los "falsos positivos", sigue profundamente arraigado en la memoria de los colombianos.
"Colombia tiene una larga historia de casi glorificar la violencia y las muertes violentas de los líderes criminales", dijo Dickinson. "Hay un aspecto performativo en lo que está sucediendo aquí. Y realmente marca un cambio y un regreso a tiempos pasados".
Para las comunidades que han vivido décadas de violencia tanto de grupos armados como del Estado, las imágenes envían dos mensajes a la vez: que el gobierno es capaz de derrotar a los criminales, pero también que podría estar surgiendo una nueva era de violencia masiva.
De la Espriella, un político de derecha respaldado por Trump, calificó la operación como un "golpe letal" al control territorial del grupo y como la operación militar más exitosa en Colombia en los últimos 12 años.
"El tiempo en que podían moverse por Colombia con el salvoconducto del gobierno que jugó con ustedes a los congelados se acabó", dijo. "La determinación de acabar con ustedes, que son un cáncer, es absoluta".
De la Espriella dijo que 23 personas habían muerto y seis habían sido capturadas, incluido un líder de un grupo rebelde disidente que era conocido por el alias "Tigre". Lo describió como el tercero al mando del grupo.
El presidente dijo que el grupo había reclutado niños y atacado a miembros del ejército y de la armada durante las elecciones presidenciales de este año. También dijo que un niño reclutado había sido rescatado y puesto al cuidado de la agencia de bienestar infantil del país.
Las fotografías, dijeron expertos en seguridad colombianos, tienen la intención de demostrar el enfoque de tolerancia cero del gobierno.
"No es solo un castigo en términos de ley y de aplicación del orden, es un castigo moral", dijo Dickinson. "Los aspectos celebratorios de sus muertes alimentan esa narrativa de que esto es un conflicto existencial entre el bien y el mal. Es difícil exagerar lo poderosas que son estas imágenes".
En 2016, Colombia forjó un acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC, el grupo rebelde más grande del país, con lo que puso fin a un conflicto de 50 años con el grupo guerrillero marxista. Pero facciones disidentes que rechazaron o luego abandonaron el acuerdo, entre otros grupos, continúan operando en partes del país.
Durante el apogeo del conflicto, el gobierno a veces publicaba fotografías de los cadáveres de los principales líderes guerrilleros, e incluían imágenes en las que los muertos eran presentados junto a altos funcionarios del gobierno.
Pero una imagen del propio presidente junto a los cadáveres representa algo diferente, dijo Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, un grupo de investigación colombiano.
"Es novedoso en esta época del posconflicto", dijo.
Las identidades de los muertos no han sido reveladas y la operación aún no ha sido sometida a las investigaciones requeridas después de una acción militar que resulta en muertes. Al exhibir los cadáveres como "terroristas" derrotados, el gobierno eliminó las distinciones entre combatientes y civiles, adultos y niños, y usos legales e ilegales de la fuerza, dijo Restrepo.
Genevieve Glatsky es una reportera del Times, con sede en Bogotá, Colombia.




