Almudena Álvarez
Palencia, 31 ago (EFE).- Los ritmos andinos de Chile, la elegancia de las danzas polacas y la alegría mediterránea de Sicilia han tomado las calles de Palencia para convertir plazas y barrios en un escenario al aire libre durante el Festival Internacional de Folclore A Concejo, una cita que reúne hasta mañana grupos llegados de distintos continentes.
La música de charangos, instrumentos de viento y percusiones ha comenzado a escucharse a mediodía en los barrios del Cristo, San Pablo y San Antonio, donde los integrantes de los grupos internacionales han bajado del escenario para bailar a pie de calle ante vecinos y curiosos, en una de las señas de identidad de un festival que defiende que el folclore debe vivirse tanto en los teatros como en las plazas.
"El folclore tiene que estar en la calle porque aquí se vive de otra manera", ha explicado a EFE la folclorista y directora de baile del Grupo de Danzas Jorge Manrique, Esther Miguel, considerada el alma de la recuperación de estos festivales que, en su versión nacional, nació hace más de cuatro décadas y que ahora ocupa un lugar destacado en la programación de las fiestas de San Antolín.
Durante el fin de semana, la edición nacional de A Concejo ha mostrado el folclore de grupos procedentes de Mallorca y A Coruña junto a distintas agrupaciones palentinas, mientras que desde este lunes el protagonismo corresponde al circuito internacional formado por el Ballet Folklórico Weliwen de Chile, Città di Agrigento de Italia y Folk Dance Group Mali Gorzowiacy de Polonia.
En la Plaza de San Pablo, veinticinco músicos y bailarines del Ballet Folklórico Weliwen han desplegado un recorrido por las cuatro grandes zonas culturales del país sudamericano, desde el norte andino hasta la Patagonia y la isla de Rapanui.
"Intentamos mostrar un Chile muy diverso, porque nuestro país es muy largo y cambian completamente la cultura, los acentos, la música y hasta la forma de vestir", ha explicado a EFE Ignacio Vidal, portavoz del grupo chileno.
Los colores intensos y la festividad del norte de Chile han tomado la calle acompañados por tarcas, charangos e instrumentos tradicionales andinos y los llamados carnavalones, figuras vinculadas a rituales populares que simbolizan la abundancia, la prosperidad, la felicidad y la unión familiar.
Por la noche, la cueca, baile nacional chileno; las estampas de la Patagonia, con una indumentaria mucho más abrigada; y un homenaje a la cultura polinésica de Rapanui, se suben al escenario de la Plaza Mayor.
El folclore italiano ha llegado desde Sicilia con la compañía Città di Agrigento, cuyo espectáculo recupera la vivacidad del folclore mediterráneo mediante panderetas, cantos y una indumentaria que conserva influencias históricas de la antigua relación de la isla con la Corona español.
El tercer acento internacional lo ha puesto el grupo Mali Gorzowiacy, de Polonia, que ofrece dos programas diferentes durante las dos jornadas del festival, con danzas inspiradas tanto en las tradiciones de Cracovia como en el patrimonio cultural de su ciudad de origen, mostrando la precisión técnica característica del folclore centroeuropeo.
Tras su paso por los barrios, durante dos noches los tres grupos internacionales compartirán escenario en la Plaza Mayor con el Grupo de Danzas Jorge Manrique de Palencia y con la Asociación Etnográfica Don Sancho de Zamora.
"Lo verdaderamente importante es el intercambio cultural. Cuando personas de distintos países conviven a través de la música y la danza descubren que, pese a venir de lugares muy diferentes, siempre existen puntos en común. Ese es el verdadero sentido del folclore", ha concluido Antonio Martín, del Comité Internacional de Organización de Festivales de Folclore en España.EFE
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