En marzo de 2025, Ato era apenas un prototipo que el argentino Juan Cereigido había construido en una habitación de su departamento de Núñez. Un año y medio después, las distintas versiones de aquel experimento están alineadas en una estantería de San Francisco, a pocos metros de las impresoras 3D, las placas electrónicas y el sector de control de calidad donde ya se fabricaron más de 2500 unidades.

TN Tecno visitó las oficinas y el espacio de producción de la compañía en Estados Unidos, donde Cereigido y su equipo trabajan en la nueva generación de Ato, un dispositivo con inteligencia artificial diseñado específicamente para adultos mayores.

El lugar está lejos de parecerse a una planta industrial. La producción todavía se realiza a baja escala, casi a nivel artesanal, y buena parte del proceso está pensada para permitir cambios rápidos en el producto. Allí conviven equipos terminados, prototipos, componentes electrónicos y las generaciones previas de Ato, una al lado de la otra, que muestran cómo evolucionó el dispositivo desde aquel primer aparato construido en Buenos Aires.

Así es el dispositivo argentino con IA para adultos mayores que ya se fabrica en San Francisco. (Imagen: TN/Rodrigo Alvarez)
Así es el dispositivo argentino con IA para adultos mayores que ya se fabrica en San Francisco. (Imagen: TN/Rodrigo Alvarez)

De un experimento para su abuelo a más de 2500 dispositivos

La historia de Ato comenzó bastante lejos de California. Cereigido trabajaba junto con Gaspar “Gaspi” Habif en otro proyecto cuando decidió experimentar con una interfaz diferente para su abuelo Beto, a quien su familia llamaba Ato.

El problema que buscaba resolver era concreto: su abuelo tenía dificultades para utilizar celulares y otras interfaces digitales. Cereigido armó entonces un dispositivo sencillo para que pudiera interactuar con tecnología mediante la voz. Cuando se lo llevó a Mar del Plata para probarlo, Beto aprendió a utilizarlo en pocos minutos y empezó a conversar sobre San Lorenzo, tango y automovilismo con el dispositivo.

“Al principio había sido un experimento”, recordó Cereigido. “Era una cosa muy sencilla, era más simple que este, ni siquiera tenía un botón, pero le permitió a mi abuelo aprender a usarlo en cinco minutos”.

El video de esa prueba fue publicado en redes sociales y la reacción modificó los planes de sus creadores. “Muchísimas familias nos empezaron a pedir que se lo vendamos. Pero el producto no existía, era un prototipo”, contó Juan.

La decisión implicaba pasar de una prueba desarrollada prácticamente a mano a diseñar y producir hardware propio. El equipo avanzó y en pocos meses lanzó una versión beta que meses después ya está en más de 2500 hogares.

Impresoras 3D, placas y firmware: cómo se fabrica Ato

La fábrica de Ato se encuentra en un espacio que comparte con otras startups, en un edificio cercano al downtown de San Francisco. El lugar asignado se divide en tres: un sector con un living y display desde donde Juan graba los videos para comunicar los pasos y avances del producto en redes sociales, otro con dos escritorios y computadoras, y detrás de estanterías, el sector donde están las impresoras 3D y trabajan con las placas electrónicas.

Con esos equipos y tecnología se produjeron las carcasas de Ato y se pudo modificar rápidamente diferentes partes del dispositivo a medida que recibía comentarios de quienes lo utilizaban. Los cambios no se limitaron a la forma exterior. Según Cereigido, en los últimos meses se ajustaron elementos relacionados con el sonido, los micrófonos y la calidad de fabricación.

La ventaja de trabajar de esa manera, en la que las piezas se producen de a pocas unidades, está precisamente en esa escala. En lugar de producir miles de dispositivos antes de conocer cómo funcionarían en casas reales, podían modificar el diseño y fabricar una nueva versión con mejoras sin desperdiciar material. “Si bien es un proceso de fabricación a baja escala, tiene una velocidad de iteración muy alta”, afirmó Juan.

En ese mismo sector, al lado de varios ejemplares de Ato listos para su empaque, está el escritorio de electrónica. Allí, las placas que posteriormente se instalarán en los equipos reciben el firmware, el software encargado de controlar el funcionamiento del hardware. Esa parte del desarrollo está liderada por Habif, cofundador y CTO de Ato.

Una vez programadas las placas, comienza el ensamblado. Después, cada unidad pasa por una estantería destinada al control de calidad, donde el equipo comprueba el funcionamiento de botones, micrófonos y luces antes del envío.

Un dispositivo sin pantalla que se maneja con la voz

A pesar de todos los cambios realizados desde aquel primer prototipo porteño, la idea central de Ato se mantiene en la nueva versión Made in California: reducir al mínimo las barreras necesarias para interactuar con tecnología. “Ato es un dispositivo con inteligencia artificial diseñado específicamente para adultos mayores y la familia que lo rodea”, definió Cereigido.

No tiene pantalla ni cámara y tampoco fue concebido como un equipo destinado a vigilar constantemente a la persona que lo utiliza. La interacción se realiza principalmente mediante la voz. Tampoco necesita que el usuario memorice una lista de órdenes determinadas. La propuesta es que pueda hablarle de forma natural y mantener una conversación.

Ese diseño marca una diferencia importante con celulares, tablets y computadoras, donde utilizar incluso una función sencilla puede exigir entender menús, aplicaciones, contraseñas o distintas interfaces. Con Ato, sus creadores buscan que esa barrera sea menor.

Entre las posibilidades que describió Cereigido están la comunicación con familiares, juegos cognitivos adaptados a los intereses de cada persona, acceso a información y conversaciones sobre diferentes temas.

El objetivo, explicó, es ofrecer una alternativa más activa para los momentos en los que una persona mayor se encuentra sola. “El promedio de edad de nuestros usuarios es de 82 años. Muchos pasan muchas horas solos. Por eso buscamos que Ato sirva para conversar, sea una compañía para los adultos mayores, y requiera una participación activa, al contrario de la pasividad que fomenta la tele o la radio”, afirmó.

El próximo paso: una nueva generación pensada para salir al mundo

En una de las mesas de las oficinas de San Francisco ya está la próxima generación de Ato. Su desarrollo comenzó hace casi un año y recoge buena parte de lo que el equipo aprendió en el camino, pero ya no está pensado solamente como la continuación de aquel dispositivo que Juan construyó para su abuelo, pensado solamente para resolver una necesidad familiar.

El nuevo dispositivo es un producto diseñado desde el comienzo para un público que, según Cereigido, suele quedar relegado en el desarrollo tecnológico. “En el espacio de adultos mayores no se ha construido mucho en cuanto a tecnología y, si se construyó, se construyó muy como algo secundario”, afirmó.

La apuesta, explicó, es hacer el camino inverso: desarrollar hardware, software e inteligencia artificial específicamente para personas mayores, en lugar de adaptar después productos creados para otros usuarios.

Y la próxima versión de Ato busca precisamente ocupar ese espacio. Y lo hace conservando la idea que originó todo el proyecto en Buenos Aires: crear tecnología pensando desde el comienzo en las personas que generalmente tienen más dificultades para utilizarla.