Antes de quedar vinculada a uno de los crímenes más estremecedores de Capilla del Monte, Sandra Leonor Videla había construido un perfil muy diferente en San Francisco, donde era conocida como Sandra Lorenz y estaba ligada al mundo de la moda.
La mujer, hoy de 60 años, se presentaba como directora de Ellegance Models, una academia que conducía desde 2010 y desde la que también organizaba desfiles, recordó El Periódico.
La propuesta era promocionada como una “escuela de modelos unisex” orientada al marketing personal para adolescentes y adultos, tal como mostraba su perfil en Linkedin. También incluía contenidos vinculados con protocolo, ceremonial, etiqueta, automaquillaje y otras disciplinas.

Dentro de la academia también se ofrecían actividades relacionadas con diseño y confección de indumentaria, completando un perfil asociado durante años a la formación de modelos y la producción de eventos.
De San Francisco a Capilla del Monte
Con el tiempo, Videla se radicó en Capilla del Monte, donde comenzó a trabajar como cuidadora de Ángel Edmundo Pobeda, de 68 años. El hombre había sufrido un ACV y necesitaba asistencia.
Durante el juicio quedó acreditado que Videla no tenía formación como asistente terapéutica, condición con la que, según sostuvo el abogado querellante Darío Diale en Noticiero Doce, se había presentado ante Pobeda para ganar su confianza.
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El 21 de marzo de 2025, Pobeda fue asesinado dentro de su vivienda. La investigación determinó que recibió numerosos golpes con un hacha y un martillo.
Luego del crimen, Videla intentó limpiar la escena durante varias horas y posteriormente envolvió el cuerpo para trasladarlo fuera de la casa. Un matrimonio que pasó por la zona observó movimientos sospechosos y alertó a la Policía.

Ante los primeros efectivos, la mujer aseguró que vivía sola con sus animales. Más tarde sostuvo que Pobeda se había ido armado a reclamarle a un herrero por un trabajo mal hecho, una versión que terminó siendo descartada por la investigación.
La Cámara del Crimen de Cruz del Eje la condenó a prisión perpetua por homicidio calificado por alevosía. Así, la mujer que durante años había sido conocida en San Francisco por su actividad como directora de una academia de modelos terminó condenada por el asesinato del hombre al que debía cuidar.




