La vida cambió de un día para el otro para Débora, sufrió un accidente, traumatismo de cráneo y perdió el olfato. Estudiaba Letras en la universidad, pero después de ese episodio trágico empezó a ir a clases de teatro como terapia. Años después y también de un día para el otro a Débora la conoció todo el país gracias a su trabajo en la serie “Envidiosa”. La china de “Envidiosa” es argentina y tiene sangre japonesa, es paciente y muy educada como toda oriental de pura cepa, pero amiguera y charlatana como argentina de ley. Su nombre es Débora en Argentina, pero Kaori en Japón. De novia desde hace dos años con Esteban Lamothe, construyeron nido propio.
– Lo empecé a usar hace unos años Kaori. Débora me pusieron a mis papás y Kaori es el nombre que me pusieron mis abuelos paternos, que solo lo escuchaba cuando iba a la casa de ellos. Hace unos años me lo apropié, significa aroma, es un nombre muy poético para mí. Débora significa abeja trabajadora, que es un lado muy mío porque soy muy trabajadora, muy exigente, de ir para adelante. Kaori significa aroma, fragancia, es un lado más poético, sensible, otro lado mío también.
– Cuando empezó “Envidiosa” te empezaron a conocer todos.
– Sí, fue de una semana a la otra, fue salir a la calle y sentir todas las miradas, después me saludaba todo el mundo, realmente la vio todo el país. Me sorprendió, pensé que iba a apuntar a cierto público de mujeres y no. La vio el encargado del edificio, los adolescentes, los nenes, todos. Me gustó cuando la gente me empezó a llamar por mi nombre porque al principio era la china de “Envidiosa”.
– ¿Cómo te cae eso? En Argentina a los que tienen rasgos asiáticos, coreanos, japoneses y chinos, les suelen decir “chinos”.
– Sí, obviamente prefiero que me llamen japonesa, pero está bien que me digan china en ‘Envidiosa” porque el personaje es chino. Nací acá, soy argentina, yo defendía mucho que me identificaran con una nacionalidad propia.
– Vos fuiste la China Suárez, en la serie vertical de Wanda Nara, además. Un personaje irónico porque ella no es china ni japonesa.
– Jajajaja, sí. Fue un personaje inspirado en la China Suárez.
“MI SANGRE ES JAPONESA, PERO NACÍ ACÁ Y SOY RECONTRA ARGENTINA”
– Tus cuatro abuelos eran japoneses.
– De ambas partes somos de origen japonés. Mi sangre es enteramente japonesa. Nací acá y mis papás nacieron acá entonces soy recontra argentina, pero soy una mezcla de las dos culturas. Cuando pienso en mí veo muy claro mi lado japonés y mi lado argentino. Cuando fui a Japón pensé que la gente me iba a tomar como japonesa, pero me preguntaban si era mezcla, si era un cuarto japonesa. Yo soy 100 % japonesa, pero hay algo en la manera de caminar, de hablar, de vestirme, de ser y se dan cuenta.

“MIS ABUELOS VINIERON DE HIROSHIMA DURANTE LA GUERRA, LLEGARON SIN NADA”
- Es muy linda la historia de tus abuelos, cuando vinieron a vivir acá pusieron una tintorería.
– Sí, mis abuelos paternos llegaron de Hiroshima durante la guerra sin nada y después de unos años pusieron una tintorería que se llamaba “Hiroshima”. Lamentablemente las tintorerías fueron desapareciendo, pero es un rubro muy japonés de esa generación. Mis padres, eran profesionales, habían estudiado una carrera y no querían seguir con el negocio familiar. En la época de mis abuelos, los inmigrantes, muchos japoneses, hacían floricultura, tenían viveros o tintorerías.
– Muchos japoneses adoran la cultura argentina, el tango tuvo un auge muy fuerte en Japón por ejemplo.
– Mi papá en un momento dio clases de castellano a japoneses, todos estaban acá por el tango, bailaban, eran bandoneonistas… Un fanatismo.
– ¿Tu lado japonés no se despertó cuando eras chica?
– No, creo que cuando uno es chico quiere amalgamarse.
“NUNCA ME OBLIGUÉ A DECIR ‘ME TIENE QUE GUSTAR JAPÓN’”
– ¿Pertenecer?
– Pertenecer. También mis padres me mandaron a colegios públicos, bien argentinos, no es que fui a la escuela japonesa y solo estaba entre japoneses, al revés. De grande quise empezar a estudiar el idioma, empecé a leer literatura japonesa, todo fue muy paulatino y eso es algo que agradezco. Nunca me obligué a decir “me tiene que gustar Japón porque soy japonesa”, fue de a poco. Hasta que viajé allá y me enamoré por completo.
– Estudiabas la carrera de Letras en la UBA.
– Sí, estudiaba traductorado de inglés y después estudié Letras, siempre me gustó mucho leer desde chica y me gustaban mucho los idiomas. Estudiaba inglés, francés y dije: ahora japonés. Es un idioma bellísimo, me perfeccioné y pude viajar.
– ¿La actuación como empezó?
– Se dio también de una manera muy genuina, no dije “quiero ser actriz”. Hice un taller de teatro más como terapia, se lo recomiendo a todo el mundo, había compañeros en las clases que estaban filmando un corto, haciendo una obra y me empezó a salir trabajo. Yo ahora veo filmaciones que hacía mi papá, que filmó todos los viajes de mi infancia, y me doy cuenta que había algo, que me gustaban las cámaras, que me gustaba posar, modelar. Pero no es que a los cinco años dije: “quiero ser actriz y estudiar comedia musical” y ese tipo de cosas.

– ¿No estudiabas Letras para ser actriz?
– No, yo quería traducir poesía, dedicarme a leer y escribir. Por suerte es algo que sigue estando, no es que dejé una cosa por la otra. Me sigue encantando leer y escribir, pero no me dedico a eso como trabajo.
– Sufriste un accidente importante.
– Sí, ahí fue cuando empecé teatro y dejé Letras.
“ME BAJÉ DE UN AUTO EN MOVIMIENTO, ME GOLPEÉ LA CABEZA Y PERDÍ EL OLFATO”
– Te tuviste que tirar de un auto en movimiento. ¿Qué pasó?
– Sí, me bajé de un auto en movimiento, no quiero entrar tanto en detalle, pero sí fue algo que me marcó mucho. Lo único que me quedó como efecto secundario del accidente fue que perdí el olfato y tardé mucho en recuperarlo. Hice rehabilitación, lo recuperé de una manera muy diferente, sentí que fue mi cuerpo el que me avisó que tenía que parar.
– ¿Sufriste traumatismo de cráneo?
– Sí, me golpeé la cabeza y eso hizo que rebote contra una zona muy sensible y perdí el olfato. El olfato lo podés perder por golpes en la cabeza, también perdí parte del sabor, porque el sabor es la mezcla del gusto y del olfato.
– ¿Perdiste el Kaori?
– Claro, y me di cuenta que mi nombre japonés significaba aroma. Yo creo mucho en las sincronías y en el destino. Dije: esto ya estaba escrito de alguna manera. Sentí que tenía que recuperar algo de mi cultura japonesa e ir hacia ese Kaori.
– ¿Pasó todo junto?
– Sí, fue paulatino, fue un proceso. Yo soy muy paciente, cuando empecé esa rehabilitación con una doctora en el Hospital de Clínicas, a la que le agradezco muchísimo, ella me dijo: nadie dura tanto, todos abandonan porque es muy lento el proceso, no ves resultados enseguida.
“ME VENDABAN LOS OJOS Y ME ACERCABAN AROMAS MUY FUERTES QUE NO DISTINGUÍA, TENÍA QUE OLFATEAR COMO UN ANIMAL”
– ¿Cómo se rehabilita el olfato?
– Yo iba 15 minutos por semana, me vendaban los ojos y me acercaban aromas muy fuertes que al principio no distinguía, tenía que olfatear como un animal. Muy profundo. De a poco, empezás a distinguir el café de la lavandina, cosas muy extremas. También tenés que reaprender qué es lo bueno y que es peligroso.

– Se tarda, dijiste.
– Yo tardé siete meses más o menos en terminar la rehabilitación y hacer un progreso. La médica llevó el caso a un congreso, siempre me agradeció mucho.
“EL OLFATO TIENE QUE VER CON LA MEMORIA, PERDÉS LOS RECUERDOS Y LA NOSTALGIA”
– ¿Cómo es oler y no sentir nada? ¿Qué provoca? La falta de otros sentidos parecen tener un impacto más fuerte, la visión por ejemplo.
– Sí, me di cuenta de que el olfato tiene mucho que ver con la memoria. Entonces perdés algo de los recuerdos y algo de la nostalgia, la memoria olfativa. Yo, por ejemplo, guardaba perfumes, me gustaba olerlos y decir “este es de cuando fui a Villa Gesell”. De todos los perfumes guardaba un poquitito, me encantaba olerlos, cerrar los ojos y viajar. “Este es de cuando fui a Londres con mi mejor amiga”. Ya no olía nada y sentí una desesperación al no poder volver a ese pasado… Y a la vez fue soltar y no ser tan nostálgica. Yo era muy de los aromas.
“FUE DESESPERANTE”
– Debe haber sido doloroso.
– Sí, fue desesperante al principio porque no sabía, muchos me dijeron que era un shock post traumático y que se me iba a pasar en un mes, dos meses. “Se te van a equilibrar las membranas olfativas”, pero pasaron seis meses. Eso me ayudó mucho a cocinar, que es otra faceta que encontré en ese momento de mi vida, porque al perder parte del olfato, los sabores me parecían muy planos. Y empecé a agregarle muchas especias picantes a la comida, texturas y así desperté también mis papilas.

– ¿Lo recuperaste todo?
– Si, pero huelo y siento diferente a como era antes y a vos, seguramente. Soy medio daltónica del olfato, pero tiene su lado positivo porque había cosas que yo odiaba, como el olor a cigarrillo, que ahora huelo diferente, no lo odio tanto como antes, tolero más los olores negativos.
– Cosas que no te gustaban y después te gustaron.
– El picante, por ejemplo, yo no le ponía pimienta ni ningún tipo de picante a la comida y ahora le pongo. Empecé a especiar mucho las comidas y a relajarme un poco, también con los olores feos. Es subjetivo, qué es feo, qué es rico, es todo un reaprendizaje.
– ¿Cómo hiciste para que a un evento tan trágico como fue tirarte de un auto en movimiento con posterior traumatismo de cráneo verle el lado bueno?
– Creo que es algo innato en mi, suelo sacar lo mejor de las cosas. No sé si tiene que ver con el gen japonés de siempre salir para adelante, creo que sí. Es un pueblo muy de ir para adelante y reconstruirse y eso fue lo que me salvó. Dije: algo bueno voy a sacar de esto.
– ¿Solita?
– Si, soy bastante independiente y siento que tengo mucha fuerza en esas situaciones. Y dije, voy a empezar a cocinar. Después, a mi emprendimiento gastronómico le puse Kaori porque dije: ok, esto es.
– Es un emprendimiento gastronómico importante, además de cocinar en eventos das clases de cocina, talleres. Fue creciendo.
– Sí, nació haciendo viandas para amigos, como algo chiquitito. En la pandemia se expandió un montón y ahora cocino en diferentes lugares, en eventos, me gusta mucho.
– Hoy, si tenés que definirte, ¿sos actriz?
– Sí, soy actriz.
– Sos traductora, sos cocinera, pero ¿están en un segundo plano?
– Sí, me gusta que la gastronomía sea algo que disfrute porque también puede ser muy estresante, todos los días puede ser agotador. Me gusta hacerlo, darle todo el tiempo que merece, hago un evento por mes y le dedico todo.

– ¿Tenés más demanda?
– Dije: hasta acá, sino tenía que asociarme con alguien y contratar personas. Quise seguir teniendo contacto con la gente que compra y come mi comida, no hacerlo gigante y masivo.
– Muchos argentinos admiramos la cultura japonesa. ¿Qué de todo sentiste que aprender?
– Tengo un buen equilibrio entre ambas culturas. Hay algo de la paciencia, del tiempo, de la poca ansiedad de la cultura oriental en general, para mí eso es muy valioso. Yo soy bastante tranquila, hay algo del silencio que me gusta, de hacer las cosas con tiempo. Sí me gusta hacer muchas cosas a la vez, pero a todo dedicarle el tiempo.
– Y con los argentinos, ¿cómo haces? Somos bastante acelerados.
“SOY ARGENTINA Y ES ALGO QUE CELEBRO”
– No tengo tantos amigos dentro de la comunidad japonesa, tengo amigos argentinos. Yo también soy argentina y es algo que celebro. La amistad es algo muy argentino, para mí la amistad es fundamental.
– Hablo del ritmo, de la locura sobre todo porteña.
– Sí, a veces me siento un poco afuera, por ejemplo, con la gente y el celular. Eso es algo que me destruye. En Japón no podés hablar en el subte por teléfono en voz alta y no podés ver videos en voz alta. Eso me pone un poco nerviosa y no sé si tiene que ver con mi gen oriental, pero…
– Es de mala educación.
– Que en una reunión haya mucha gente con el celular, eso a mí me… Con el celular tengo una relación bastante lejana en algunos aspectos, cuando estoy socialmente no me gusta usarlo, no me gusta levantarme y agarrar el celular, no me gusta irme a dormir con el celular en la mano. Lo dejo a 20 metros más o menos de la habitación.
– ¿Qué te pasa cuando te filman en un bar? ¿Y ahora con Esteban?
– Me lo tomo bien, siempre fueron muy amorosos. Ahora ya me acostumbré, pero al principio, cuando salíamos juntos era el triple, era muy reciente, todos estaban viendo la serie y se habían enterado que salíamos. Fue bastante intenso, pero como él se lo toma tan bien dije, qué bueno que esté tan relajado con eso.
“CON ESTEBAN JUNTAMOS HIJO, GATO, PERRO Y ESTOY FELiZ. NO LO PUEDO CREER”
– Están hace más de un año juntos.
– Cumplimos dos, increíble. Si me hubieras dicho hace dos años “vas a estar mudándote con esta persona” no lo hubiera creído. Empezamos a salir a principios de agosto de hace dos años, cuando terminamos de filmar. Hace dos años yo me había mudado a Recoleta, se me vencía el contrato. Amaba mi casa, pero vivíamos en puntos muy lejanos de la ciudad y se nos volvió un incordio. El perro, el gato, el hijo de Esteban… De Recoleta a Colegiales… Yo tengo gato.

– Esteban, un hijo y perro. Juntaron todo.
– Juntamos todo y estoy feliz, no lo puedo creer.
– ¿Habías convivido antes con alguien?
– Sí, pero no eligiendo una casa o yéndonos los dos a una casa. Habían vivido conmigo en mi casa. Esta vez fuimos los dos yéndonos de nuestras casas propias a un lugar elegido por los dos, que para mí es diferente.
– Es como un casamiento, “nuestro nido”.
– Sí, es lindo. La construcción del hogar me pone muy contenta.
– Esteban cuenta a veces intimidades, por ejemplo en qué posición duermen.
- En cucharita, porque a mí me gusta abrazarlo. Es algo que descubrí con él, esa comodidad, para mí fue toda una sorpresa lo bien que duermo con él. Ahora me acostumbré.
– Esteban es uno de los hombres más deseados de la Argentina. ¿O exagero?
– Puede ser, sí. Lo veo en la calle, se vuelven locas las chicas y me encanta.
– Es un sex symbol.
– Es que además es muy carismático y muy gracioso, entonces siento que es por todos lados… Si fuera solo un sex symbol pero antipático…
– Es un amor. Dijo públicamente que con vos sintió amor a primera vista. Se quedó prendado, esperándote. Tus tiempos, tus viajes.
– Sí, porque empezamos a salir y yo me fui a España, tenía un viaje planeado de 20 días. Nunca un viaje se me hizo tan largo a mí también, no es que él estaba esperando y yo estaba viva la pepa, los dos estábamos sintiendo esa distancia que era abismal.
“ME LLAMÓ Y ME DIJO QUE ESTABA ENAMORADO, QUE ME AMABA, YO ESTABA EN ESPAÑA Y NO LO PODÍA CREER”
– Se reconoce enamorado, monógamo, es muy tierno.
– Sí, eso a mí me conquistó también desde el primer día. Cuando yo estaba en España y me llamó para decirme que estaba enamorado y que me amaba yo no lo podía creer porque yo también lo sentía, pero ninguno todavía se había animado a decirlo. Volví de España y no nos separamos más.
“¡NO PUEDO CREER TODAVÍA HABERLO ENCONTRADO, QUÉ AGRADECIDA QUE ESTOY!”
– Debe ser difícil no entrar en ese vínculo si él está tan abierto.
– Si. Creo que es la sincronía de dos personas encontrándose en el momento en el que las dos están disponibles para eso, porque si era en otro momento de él o en otro momento mío y no estaba esa disponibilidad o ese amor… Son tantas las variables que se tienen que dar para un encuentro, para el enamoramiento y el amor y construir que a veces me explota la cabeza. Qué agradecida que estoy de que haya sucedido, no puedo creer todavía haberlo encontrado.
– ¿A esta altura de la vida te da vueltas en la cabeza la idea de tener un hijo?
– En este momento siento que el proyecto es el hogar y construir la casa, dejo para un poquito más adelante la charla. Estamos muy concentrados en poner la energía ahí.
– Hablaba de la maternidad como idea, como necesidad o no.
– Sí, es algo que empecé a charlar con mis amigas. Ninguna había sido madre, la primera fue hace unos meses mamá y ahora una de mis mejores amigas está embarazada entonces empezó a darse la charla. Celebro que también se está dando a la edad que uno quiere, no está tanto el mandato de “ya cumpliste 30, tenés que ser madre”. Tengo amigas que no quieren y que ya lo saben, y amigas que congelaron óvulos. Hoy el panorama está mucho más abierto y con más libertad para hablar de eso.
– ¿Te pasó por la cabeza la idea de congelar óvulos?
– Sí, en algún momento sí. Después dije: “no, si tiene que suceder que suceda de forma natural”.
– Es un tema para las mujeres que está presente en determinado momento de la vida, en la charla con las amigas. ¿Y con tu mamá?
– Sí, lo hablé también con mi mamá. Yo le preguntaba a mi mamá cómo era cuando todas tenían dos o tres hijos y no se preguntaban, ¿en qué momento? ¿Cuánto tiempo pasa entre el primero y el segundo? Tenían hijos y no sé si se daba tanto la charla entre sus amigas sobre la carrera, la cabeza estaba formateada de esa manera. Pero sí, también lo hablo con mi mamá. Mis padres no son tan de, “para cuando?”. Por suerte.

– ¿Qué tal se lleva Esteban con tu familia?
– Se lleva bárbaro, mis papás lo aman. Ahora queremos que se conozcan nuestros padres, todavía no se conocieron los padres de él con mis padres. El papá de él vive en Ameghino, todavía no fuimos. Mis papás siempre me dicen, ¿cuándo viene a comer sushi? Mi papá le cocina, lo quieren mucho y él es una persona muy querible también. Con mi hermano ven fútbol, habla de tenis con mi papá.
– ¿Suegra?
– Con la mamá me llevo bárbaro, y con los hermanos. Él es muy familiero. Yo tengo una familia chica y él tiene una familia gigante entonces siempre me veo con todos los hermanos, con la mamá. Es hermoso todo el amor que se tienen y el humor que tienen. Cuando ves a la familia entendés todo, cómo se cargan, las bromas que se hacen. Me encanta ver esas pequeñas cosas en las familias.



