
La historia de Roque Cassini es de esas que inspiran, porque su trayectoria para llegar hasta la relación que tiene hoy con el campo fue tan variada como enriquecedora.
Se recibió de abogado, abrió su estudio y con el tiempo pasó a tener media centena de empleados, en una etapa marcada por sucesivas crisis financieras y quiebras empresariales.
Luego fue empresario de medios y, finalmente, reconectó con algunos viajes de la infancia que lo acercaron al campo al volverse productor ganadero.
Todo eso sucedió antes de 1996; luego, fundó La Cassina. Ahora, se dedica en partes iguales a la agricultura y la ganadería, y ha logrado consolidarse no solamente en el mercado de cabañas, sino también en la producción de carne para consumo y para exportación, con un feedlot. Este último, un establecimiento ubicado en Bonifacio.
“DERECHO” AL CAMPO
La Cassina es un campo mixto, el más importante y grande de todos las propiedades de la empresa. En esa finca de 6.000 hectáreas, hacen ganadería de cría y de engorde; también “algunos lotes muy buenos con alfalfa” —dice—, aprovechando esa zona francoarenosa del oeste de la provincia de Buenos Aires en donde históricamente se hacía la invernada.
“Es un círculo muy chico el de las cabañas de punta”, contrastó con lo que puede ser la mera venta del commodity, como la del novillo.
“La cabaña depende mucho del nombre, de la trayectoria y de la capacidad que tengas de hacerte conocer”, diferenció.
Quizás por eso, parte de la visión detrás de la propuesta que hoy ofrece La Cassina, tiene que ver con una presencia federal fuerte. Hoy, vende reproductores en todo el litoral, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba, La Pampa y los diversos ambientes presentes en la provincia de Buenos Aires.
“No esperé a que me vinieran a comprar”, pensó en su momento. Entonces, fue por ellos.
Luego de un tiempo rematando en distintas localidades, se consolidó con 8 subastas anuales; el norte de Entre Ríos, Río Cuarto en Córdoba y zonas de la cuenca como Cacharí y Maipú. Pero también en localidades como Coronel Suárez, Daireaux y 9 de Julio o más hacia el oeste, en Trenque Lauquen. O en el sur correntino con Curuzú Cuatiá.

“La Cassina” es un campo agrícola-ganadero en Bonifacio. La familia Cassini también es propietaria de otro establecimiento exclusivo para ganadería en Huanguelén.
“Llegamos a vender 1000 reproductores por año”, precisó sobre su comercialización anual: unos 750 toros y el remanente son vaquillonas preñadas. Al norte llega con razas sintéticas, como Braford y Brangus. En cambio, lleva Angus y Hereford a La Pampa y Buenos Aires, en una demostración efectiva del corrimiento de la frontera ganadera.
El dato particular es que siempre es la misma genética. “Logramos una uniformidad genética que se adapta a zonas muy distintas”, contó sobre las cuatro razas que comercializa y cuya genética sirve para mercado interno (para animales bien terminados de 350 a 380 kilos) y también para exportación (animales de 500 hasta 600 kg).
LA FAMILIA Y EL “BOOM” GANADERO
Cassii no recorrió este camino solo. Casi toda su familia se sumó al proyecto: su esposa, Patricia, se enganchó con la vida del campo y, especialmente, con la actividad de la cabaña.
De sus cuatro hijos, dos de ellos, también abogados. En sus distintas facetas y roles, sostienen las patas del negocio familiar. “Se armó un equipo lindísimo y la empresa se consolidó mucho”.
En ese camino de incorporación a una genética bien productiva y comercial, fue que sumaron al especialista Baltazar Beltrán, incorporación que —reconoce— como una “fortuna”, porque lo ayudó a perfilar la cabaña con el tiempo.

Roque Cassini junto a Patricia, su esposa
“Un fanático de la genética comercial y productiva y un anti-show”. Así describió a su asesor, cabañero de herencia familiar que acompaña a Cassini en esa tarea encomendada hace ya 20 años.
La familia también tiene una empresa dedicada exclusivamente a la exportación con cuota Hilton. “Exportamos una parte, y otra, la vendemos al mercado interno en el Mercado Agroganadero o de forma particular a los frigoríficos”, explicó sobre el esquema de la empresa.
De ahí su visión integral sobre el momento que atraviesa la ganadería, que para él no se limita a un buen pasar en la cría-invernada sino a un derrame que alcanza a la cadena.
“Este momento de la ganadería no lo vi nunca”, opinó. Hoy, el valor promedio del ternero alcanza los $6.200 por kilo (durante julio-agosto), un año atrás cotizaba cerca de $3.775 por kilo, según Rosgan.
En este marco, aunque el camino no está escrito, Roque Cassini no parece querer volver sobre sus pasos. Especialmente, cuando habla de la abogacía.
“En los últimos 30 años de políticas judiciales en Argentina, la Justicia se transformó en una burla y eso me generó una profunda desilusión”, confesó.
Y completó: “Es muy distinto producir a defender intereses que te llevan a pelear con clientes o con jueces; yo me pasé la vida peleándome, ahora no quiero pelear con nadie”.

Roque y Patricia siguiendo de cerca el plantel bovino, en las inmediaciones de la laguna Cochicó
“LA CARNE VACUNA ES CARA EN TODO EL MUNDO”
Pero volviendo al momento histórico de la ganadería, interpretó que “el primer beneficiado es el criador”. Para los frigoríficos exportadores, no ve la balanza tan desequilibrada. “El problema más serio que veo es el valor del dólar, que está atrasado”, señaló. En cuanto a los mataderos o frigoríficos que solo trabajan con mercado interno, observa un panorama difícil porque la demanda realmente bajó.
En paralelo, opinó sobre cómo esta situación se ve reflejada en el mercado doméstico. “La carne vacuna tiene que ser cara porque es cara en todo el mundo”, dijo. Y recordó algunos programas de subsidio de la carne durante gobiernos anteriores con “la mesa de los argentinos”, el “asador” —las góndolas— llenas, “Eran a costa de la sangre de los ganaderos”, disparó.

Los toros de La Cassina compiten con los de las cabañas que más reproductores venden en el país.
Para Cassini, los factores que encauzan este momento se entremezclan. Por un lado, el destrabe de las exportaciones. “La política del gobierno, en esto, fue correcta”, afirmó.
El segundo factor: la demanda externa. “El ingreso de los países asiáticos al mercado de la carne que se dio en los últimos seis o siete años ha sido una locura”, resumió. Hoy, el gigante asiático es el principal comprador de carne del mundo y cada año su demanda va en escala.
En este contexto, el productor reconoció que, en los últimos años, los avances en calidad se han dado a pasos agigantados. Y en parte, atribuye a la demanda externa como una presión que modificó los parámetros que se venían manejando en la ganadería argentina.
Por eso, enfatizó que “si queremos realmente acceder a mejores valores debemos pensar en el gusto del consumo”. Hoy, los mercados más exigentes, como el norteamericano, “están pagando más por la carne que quiere consumir parte de la sociedad americana”, entiende de esa demanda que no solamente “come hamburguesas”.
“Creo que es la primera vez en mucho tiempo que los productores tienen un valor de la carne similar o parecido al que hay en el resto de los países productores de carne”, cerró.




