María Julia Castañeda
Ciudad de México, 12 sep (EFE).- Entre espacios inaccesibles, prejuicios y hasta discriminación en el consultorio ginecológico, la activista y diseñadora mexicana Tania Sánchez ha atravesado barreras físicas y sociales, que también condicionan cómo las mujeres con discapacidad viven aspectos como el amor, la autonomía y la sexualidad.
Enamorarse fue fácil, pero salir y vivir ese amor en un mundo que no fue diseñado pensando en su cuerpo ha resultado más "complicado", cuenta Sánchez en una entrevista con EFE en el marco del Día Nacional de las Mujeres con Discapacidad.
"No es nada fácil por ninguno de los ámbitos que lo veas: en infraestructura, en sesgos que tenemos también como sociedad de: ¿Cómo una persona con discapacidad va a tener una pareja?", expone.
Para ella, esa "es la primera barrera" y "la más fuerte" que enfrentan las personas con discapacidad al relacionarse, explica, acompañada de su actual pareja, Alex Castillo, con quien hace activismo en la cuenta de redes 'iWheelLoveU'.
Se conocieron por Instagram durante la pandemia de covid y hubo un "flechazo", pero desde las primeras citas tuvieron que planear cosas tan cotidianas como encontrar un baño accesible o un cine con lugar para la silla de ruedas.
Cinco años después, siguen sorteando obstáculos en el espacio público, como accesos imposibles y caminos bloqueados por autos o bicicletas, situaciones que denuncian en sus redes sociales.
Pero los prejuicios y la discriminación también aparecen en ámbitos más íntimos, como la atención ginecológica, donde Sánchez ha enfrentado desde infantilización y consultas en las que no se dirigen a ella hasta cuestionamientos sobre su autonomía.
"Nos hemos topado (encontrado) con ginecólogas que ni siquiera me quisieron auscultar y que estaban totalmente incrédulas de que yo iba a tener una pareja y que quería empezar a tener una vida sexual con ella. Entonces era: '¿Cómo? ¿No es tu hermano?' Y fue de: 'No, no es mi hermano'", relata Sánchez.
En otro consultorio, continúa, la aceptaban a ella, pero no a su esposo, a quien ella eligió como persona de asistencia.
"No soy su cuidador porque no la cuido, le asisto”, resume Castillo.
Tras un "camino largo", retoma Sánchez, encontraron una doctora con quien finalmente se siente "tranquila" y no es "señalada", mientras reivindica su "derecho a tener una vida sexual" sin ser vista como "inmaculada".
Esa tensión entre autonomía y exclusión aparece en espacios cotidianos, como los sanitarios públicos, pero también en otros activismos, señala.
"Nos aceptan más fácil que entre yo al área de hombres que Ale entre conmigo al baño de mujeres", dice, sobre ocasiones en que otras usuarias se han opuesto a que él ingrese.
En México, 12 % de las mujeres de 15 años y más vive con alguna discapacidad, unas seis millones, según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021.
En su experiencia, Sánchez también ha vivido exclusión en ciertos espacios feministas, donde asegura que las mujeres con discapacidad a veces solo son buscadas "para una foto".
"Me han invitado a formar parte para las marchas de 8M, pero (…) los demás días no eres una mujer, no te ven como igual", reflexiona.
Cuestionar esas formas de "inclusión" forma parte del activismo que ambos realizan en redes sociales, donde se definen como una "pareja muy incómoda”.
"¿Por qué no mejor (en vez de) de hablar de inclusión, por qué no estás hablando de todo lo que excluyes? (…) Yo ya quepo por el hecho que soy una persona", sostiene Sánchez. EFE
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