Dentro de Agricultores Federados Argentinos (AFA) conviven, según su gerente general Gonzalo del Piano, tres generaciones bastante fáciles de distinguir. Está el abuelo, que todavía vive en el campo y espera al representante de la cooperativa con mate y salamín; está el hijo, que anda de un lado para otro arriba de la camioneta; y está el nieto, que directamente pide que le manden todo por WhatsApp.
“Ni siquiera por mail. Mandame un audio”, graficó Del Piano.
La anécdota explica bastante bien el desafío que enfrenta una cooperativa con más de 90 años de historia: conservar aquella vieja lógica de productores que se asociaron para ganar escala, pero adaptarla a una generación que se relaciona, produce y hace negocios de una manera completamente distinta.
Es lo que fuimos a cubrir en Bichos de Campo a Rosario, en una reunión organizada por AFA para unos 1.200 jóvenes de todos sus centros territoriales. Allí hablamos con Del Piano:
AFA cuenta actualmente con 36.000 productores asociados, de los cuales unos 15.000 mantienen actividad con la cooperativa. Según Del Piano, tiene presencia en 130 localidades de diez provincias y una planta de personal propio cercana a las 1.800 personas.
A diferencia de las cooperativas de segundo grado, cuyos socios son otras cooperativas, en AFA el vínculo es directo con el productor. Ese chacarero puede comprar allí sus insumos y combustible, financiarse, recibir asesoramiento técnico y posteriormente entregar y comercializar sus granos. “Es el esquema tradicional de una cooperativa pequeña de un pueblo, nada más que a gran escala”, sintetizó Del Piano.
Ese tamaño llevó a la entidad mucho más allá del viejo modelo del acopio. AFA cuenta con unos 140 ingenieros agrónomos que asesoran a los productores, fabrica parte de sus propios insumos, posee capacidad de almacenamiento para 3,5 millones de toneladas y, según su gerente, comercializa unas 7 millones de toneladas de granos.
Además avanzó sobre distintos eslabones industriales. Tiene molino harinero, aceitera y trabaja sobre un proyecto de etanol para agregar valor al maíz, entre otras iniciativas. “Siempre estamos buscando cuál es el mejor negocio para poder trasladarle el mejor precio a la soja, al maíz, al trigo, a nuestro productor”, explicó.
Por este despliegue su fuerte crecimiento preocupa mucho a otros actores importantes del negocio agrícola, que incluso acusan a la cooperativa de aprovecharse de ventajas impositivas
Pero Del Piano responde que haber consolidado esta empresa de la economía social responde a la misma lógica que motivó el nacimiento de AFA, cuando 28 productores decidieron asociarse para ganar volumen y negociar mejor sus cosechas.
Lo que cambió fue el productor, que ya no es el mismo de antaño. Del Piano lo observa particularmente en la forma de comunicarse. “Si tengo que ir a hablar con el abuelo, me voy al campo porque vive en el campo, me está esperando con un mate y saca un salamín. Capaz que estás toda la tarde”, describió.
Con la generación siguiente la relación ya es diferente. “El padre no vive en el campo. Está arriba de la camioneta, lo encontrás de un lado para otro. Por ahí te manda un mail, te llama por teléfono”, señaló.
Y después aparecen los jóvenes. “No está en el campo, no quiere que lo jodas y dice: ‘Mandame todo por WhatsApp’”, contó el gerente.

Esa diferencia también explica por qué AFA decidió organizar actividades específicas para sus asociados más jóvenes, que suelen ser los nietos o bisnietos de los fundadores. Mientras las capacitaciones tradicionales siguen convocando especialmente a padres y abuelos, la cooperativa armó encuentros donde aparecen con mayor fuerza la innovación, la inteligencia artificial, el emprendedurismo y las nuevas herramientas tecnológicas.
Pero hay una apuesta todavía más concreta. En Rosario AFA anunció que destinará un fondo de 1 millón de dólares a promover proyectos tecnológicos impulsados por jóvenes vinculados a la cooperativa. La intención inicial es seleccionar diez iniciativas, que primero recibirán mentoría a través de la Universidad Austral para transformar una idea en un verdadero proyecto de inversión.
La apuesta forma parte de una pregunta más grande: cómo hacer para que los hijos y nietos de los productores encuentren motivos para seguir vinculados al agro y también a la cooperativa. Para Del Piano, incorporar herramientas nuevas no implica abandonar aquella identidad.
En su caso, viene de otro palo. “Aprendí realmente lo que es cooperativismo dentro de AFA”, afirmó el gerente, que ya cumplió 25 años dentro de la entidad. Por eso defiende con énfasis ese formato asociativo frente a una imagen que, en determinados momentos de la historia argentina, quedó ligada a empresas con dificultades.

Según su mirada, la clave no está tanto en la forma jurídica como en conseguir “un equipo de trabajo, rumbo claro, decisiones bien consensuadas” y mantener el foco puesto sobre el productor asociado.
En su proceso de modernización, la cooperativa incluso analiza otro paso: permitir que productores que dispongan de capital puedan participar en futuros grandes proyectos de inversión administrados por AFA. “Puede ser que algún asociado diga: ‘Yo tengo mis ahorros y me encantaría participar de un proyecto gerenciado por AFA’”, planteó Del Piano. Esa figura capaz se inaugure con la fábrica de bioetanol que se proyecta. Pero también se estudia lanzar un fideicomiso de siembra, donde AFA ayude a sus socios a competir por los campos que alquilan frente a los grandes pooles de siembra.
La idea todavía está en estudio, pero responde al mismo principio que dio origen a la cooperativa casi un siglo atrás: hacer entre muchos algo que individualmente resultaría mucho más difícil.



