
Sergio Wolf convierte el archivo en algo bastante más inquietante que un depósito de papeles viejos. En “Lo que traemos del olvido” (Godot), el archivo mira, huele, suena, se toca, conserva cicatrices y transmite voces que parecían perdidas. Derrida, Kafka, Borges, Puig, Cozarinsky, el tango y hasta las colecciones de insectos de Burmeister forman parte de una pesquisa donde cada hallazgo modifica aquello que creíamos saber del pasado. Porque el archivo no permanece quieto: cambia según quien lo ordena, lo lee, lo escucha o lo descifra. Y acaso por eso se parece tanto al destino: solemos imaginar que nos espera adelante, cuando muchas veces lleva años aguardándonos detrás.