El cambio llega de golpe. Un diagnóstico de diabetes gestacional no avisa, no duele, apenas se nota al principio. Pero reorganiza la rutina por completo: qué se come, cuánto, en qué momento. Para Carla Musachiodi, de 36 años, esos ajustes comenzaron después de los análisis de rutina.

Eliminar azúcares y harinas refinadas fue lo principal. Extraño comer mermeladas en el desayuno y pastas rellenas. Me siento con hambre porque soy de buen comer y tengo que limitar las porciones,” relata Carla, quien enfrenta por primera vez la diabetes gestacional.

El diagnóstico cambió su forma de cuidarse. Pero también desató incertidumbre: “Me preocupa cuando me dan elevadas las mediciones porque quiero evitar una hipoglucemia en el bebé y porque me cuido y siento que no debería darme mal.”

Una condición silenciosa que requiere detección activa

Lo más complejo de la diabetes gestacional es que avanza sin que la madre la sienta. No hay síntoma clásico, no hay alerta corporal.

“Pasar por un embarazo sin sentir algún síntoma fuera de lo habitual no necesariamente descarta la diabetes gestacional, una condición que puede desarrollarse conforme avanza la gestación. De ahí que el tamizaje sea una herramienta importante para detectarla antes de que genere complicaciones,” explica la Susana Fuentes (M.N. 92.619), especialista en clínica médica y diabetología, Magister en Diabetes, integrante del equipo de Cirugía Bariátrica y Metabólica del Hospital “El Cruce” (Argentina).

El monitoreo continuo con especialistas tranquiliza a las embarazadas y protege la salud del bebé durante la gestación. (Foto: Adobe Stock)
El monitoreo continuo con especialistas tranquiliza a las embarazadas y protege la salud del bebé durante la gestación. (Foto: Adobe Stock)

El tamizaje se realiza entre las semanas 24 y 28 de gestación mediante una Prueba de Tolerancia Oral a la Glucosa (PTOG). El procedimiento es simple: la embarazada ingiere una bebida con 75 gramos de glucosa y se extraen muestras de sangre en ayunas y a las 2 horas para medir cómo el cuerpo procesa ese azúcar.

Los valores de corte según criterios de la Sociedad Argentina de Diabetes son:

  • Ayunas: igual o mayor a 100 mg/dL
  • 2 horas post-carga: igual o mayor a 140 mg/dL

Si uno de estos valores está alterado, se confirma el diagnóstico de diabetes gestacional. “Durante el embarazo aumenta naturalmente la resistencia a la insulina y algunas mujeres no logran producir la cantidad necesaria para mantener niveles adecuados de glucosa,” detalla la especialista.

Factores de riesgo que no son determinantes

Tener más de 35 años, antecedentes familiares de diabetes, sobrepeso u obesidad puede aumentar el riesgo. Pero ser joven o delgada no elimina la posibilidad. Por eso el estudio se realiza a todas las embarazadas, no solo a quienes presentan factores de riesgo conocidos.

Los ajustes en la alimentación y la actividad física son el primer paso del tratamiento cuando se confirma el diagnóstico.

Los ajustes en la alimentación y la actividad física son el primer paso del tratamiento cuando se confirma el diagnóstico. Foto: Freepick
Los ajustes en la alimentación y la actividad física son el primer paso del tratamiento cuando se confirma el diagnóstico. Foto: Freepick

“En las embarazadas no hay síntoma clásico, porque durante el embarazo muchas cosas cambian. Justamente por eso es necesario el tamizaje y es importante que la paciente acuda a sus consultas,” enfatiza Fuentes.

Para Carla, el monitoreo continuo es lo que la tranquiliza. “Me tranquiliza el seguimiento de mi obstetra, diabetóloga y nutricionista,” asegura.

Del control a la resolución

Una vez detectada, el primer paso es el ajuste alimentario. Cereales integrales, proteínas magras, verduras y frutas. Evitar dulces, bebidas azucaradas y alimentos altamente procesados. La actividad física, cuando es posible, suma: caminar o nadar son opciones seguras durante el embarazo.

Si la alimentación no es suficiente, el médico puede indicar medicamentos o insulina según cada caso. “El tratamiento debe ser individualizado. Lo principal es comenzar con una alimentación adecuada y actividad física si no hay contraindicación, pero si estas medidas no son suficientes tenemos que valorar medicamentos o insulina,” sostiene la especialista.

Mantener la glucosa controlada evita complicaciones maternas (como preeclampsia) y del bebé (macrosomía, hipoglucemia neonatal, complicaciones en el parto). La buena noticia: la mayoría de los casos se resuelven después del embarazo.

Entre las 4 y 12 semanas después del nacimiento, se realiza una nueva prueba de tolerancia para confirmar que los niveles de glucosa han vuelto a la normalidad.

“La diabetes gestacional no debe generar miedo ni culpa. Es una condición que se detecta y se puede controlar. Lo importante es llevar un control prenatal adecuado y actuar oportunamente para proteger la salud de la madre y del bebé,” cierra Fuentes.