
El gobierno autoritario de Sudán construyó un arsenal secreto de armas químicas que altos funcionarios militares trataron de ocultar después de que se utilizaran bombas de cloro contra fuerzas rebeldes, según videos internos, documentos, mensajes de texto y otros materiales revisados por The Washington Post.
Los materiales indican que el esfuerzo de Sudán en materia de armas químicas implicó desviar envíos de cloro destinados a proporcionar agua potable segura, ocultar sitios de producción de ojivas en bases militares, probar bombas en ubicaciones remotas del desierto y elaborar listas de objetivos donde el gas tóxico pudiera penetrar las defensas enemigas.
Tres años de guerra civil allí han creado la peor crisis humanitaria del mundo.
Las imágenes y los documentos, de los que no se había informado previamente, van mucho más allá de la información limitada que puso a disposición el gobierno de Estados Unidos cuando impuso sanciones económicas a Sudán tras un par de presuntos ataques con gas cloro en septiembre de 2024.
Cualquier almacenamiento y uso de armas químicas violaría las prohibiciones internacionales de larga data destinadas a erradicar una forma de guerra notoriamente inhumana, y situaría a Sudán junto a Siria e Irak como Estados que han sido condenados en las últimas décadas por desplegar agentes químicos contra su propia población.
Funcionarios sudaneses, incluido el gobernante del país, el general Abdel-Fattah al-Burhan, han negado que el gobierno haya desarrollado o utilizado armas químicas.
El gobierno sudanés y el ejército no respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios.
La colección fue proporcionada a The Post por funcionarios de seguridad de Medio Oriente que dijeron que el material había sido obtenido a través de fuentes en Sudán. Los funcionarios hablaron bajo la condición de que ni ellos ni su gobierno fueran identificados.
Los archivos incluyen documentos presuntamente elaborados por funcionarios militares sudaneses que se refieren a municiones de “doble efecto” cargadas con “gas asfixiante”, videos que muestran pruebas de armas que producen columnas de vapor verde amarillento y mensajes entre funcionarios militares sudaneses que indican que las fuerzas de seguridad del país habían almacenado hasta 290 municiones químicas. No queda claro a partir de los materiales qué ha hecho Sudán con ese presunto arsenal.
Al verificar los archivos, The Post consultó a más de dos docenas de funcionarios de inteligencia occidentales, inspectores de armas químicas y expertos de organizaciones de derechos humanos. Todos describieron el material como evidencia creíble de un programa de armas químicas, pero enfatizaron que una evaluación concluyente requeriría acceso a los presuntos sitios de armas y a testigos, algo que no se ha proporcionado desde el inicio de la guerra civil.

“La evidencia es tanto alarmante como motivo de profunda preocupación”, dijo Gareth Williams, ex alto funcionario de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas que ahora es investigador principal del Royal United Services Institute, un centro de estudios británico sobre defensa y seguridad.
El almacenamiento de municiones de cloro “no puede verificarse de manera definitiva únicamente a partir de evidencia visual”, dijo Williams. “Pero los indicios son firmemente coherentes con un programa de armas químicas”.
Desarrollar o utilizar armas químicas violaría la Convención sobre las Armas Químicas, un tratado entre 193 naciones que Sudán firmó en 1999. El tratado prohíbe desarrollar, almacenar o utilizar armas químicas y exige a los signatarios permitir inspecciones de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.
Está previsto que Al-Burhan pronuncie un discurso en representación de Sudán ante la Asamblea General de las Naciones Unidas a finales de este mes.
El desarrollo de un arsenal de armas químicas añadiría un elemento peligroso a una guerra civil entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF), lideradas por al-Burhan —que controlan Jartum, la capital, así como gran parte del lado oriental del país—, y las Fuerzas de Apoyo Rápido, o RSF, una fuerza paramilitar que ocupa gran parte de Darfur, en el oeste, y está dirigida por el exvicepresidente de al-Burhan, el general Mohamed Hamdan Dagalo.
Ambos bandos han sido acusados de atrocidades que incluyen violaciones, el asesinato de niños y violencia étnica dirigida contra comunidades no árabes. Más de 13 millones de personas han sido desplazadas por la guerra, según las Naciones Unidas, que afirmó que una campaña de las RSF en Darfur el año pasado tenía “las características definitorias de un genocidio”.
Los embargos de armas de las Naciones Unidas y los intentos de Estados Unidos de negociar un alto el fuego no han logrado detener la guerra civil, que estalló después del derrocamiento del gobernante de larga data de Sudán.
Sudán también ha servido como campo de batalla indirecto para Estados de Medio Oriente, enfrentando entre sí a aliados de Estados Unidos. Egipto, Arabia Saudita y Turquía son partidarios clave de las SAF, mientras que las RSF cuentan con el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos, según funcionarios de seguridad occidentales y organizaciones de derechos humanos.
Las municiones de gas cloro, que son armas rudimentarias que evocan la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial, probablemente no alterarán el estancamiento en Sudán, según funcionarios de seguridad y expertos. Pero los mensajes de texto enviados por oficiales militares sudaneses, según funcionarios de seguridad de Medio Oriente, indican que las SAF consideraban los ataques químicos como un medio para sembrar pánico y desalojar a las fuerzas enemigas de posiciones atrincheradas.
En un intercambio, una persona identificada como oficial sudanés se refiere a cuarteles de policía que incluyen torres de vigilancia bajo control de las RSF, y dice que el complejo “debe ser atacado… el gas cubrirá todas estas torres y cualquier francotirador bajará”, donde los combatientes de las SAF pueden “neutralizarlos”.
No está claro si se utilizaron armas químicas contra los cuarteles. Los mensajes fueron enviados en diciembre de 2024, según los materiales proporcionados a The Post, tres meses después de que Estados Unidos alegara que Sudán llevó a cabo ataques con gas cloro contra posiciones de las RSF en la refinería de petróleo de Al Jaili y la Base Militar Garri, al norte de Jartum, según funcionarios de seguridad y expertos.
Hay indicios en los archivos de que Sudán ha desplegado bombas de cloro en otros casos. Un intercambio de mensajes de texto de finales de 2024 parece mostrar a un oficial sudanés informando que cientos de bombas de cloro fueron ensambladas y almacenadas en la Base Aérea de Merowe, una instalación clave para la fuerza aérea sudanesa, y que se habían utilizado 106 bombas.
Un mensaje separado que se cree fue enviado a un oficial de las SAF involucrado en ataques aéreos incluía un video de una aparente víctima de la guerra con la piel carbonizada. “Tu cocina”, decía el mensaje.

Los funcionarios de seguridad de Medio Oriente que proporcionaron los documentos a The Post identificaron al remitente de los mensajes como Tariq Madani, a quien describieron como oficial de las SAF y principal arquitecto del programa de armas químicas de Sudán. Madani aparece repetidamente en los materiales, enviando imágenes de aparentes instalaciones de ensamblaje de bombas, comentando especificaciones de ojivas e intercambiando mensajes sobre el programa con funcionarios sudaneses, incluido al-Burhan, según funcionarios de seguridad de Medio Oriente.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a Madani a principios de este año por su papel como alto funcionario en el programa de adquisiciones militares de Sudán, así como por su cargo como director gerente de una empresa, Target Multi-Activities Company Ltd., que “ha importado explosivos y material relacionado a Sudán desde empresas egipcias e indias”.
Funcionarios de seguridad de Medio Oriente proporcionaron un número de teléfono celular asociado con los mensajes y notas de voz atribuidos a Madani. El número aparece en bases de datos disponibles públicamente como perteneciente a Madani. Un individuo que respondió una llamada a ese número reconoció que su nombre era Tariq, pero negó tener conocimiento o participación alguna en la producción de armas químicas.
“No sé nada de esto”, dijo. “Soy civil y esta es una cuestión militar que deberían preguntarle a una persona militar porque no conozco este tema”.
Expertos en análisis forense digital contactados por The Post para revisar el audio y los principales materiales visuales no encontraron evidencia de manipulación.
Los expertos incluyeron a Catalin Grigoras, director del Centro Nacional de Análisis Forense de Medios de la Universidad de Colorado en Denver, y a Hafiz Malik, profesor de ingeniería de la Universidad de Michigan-Dearborn.
En el caso de los mensajes de texto, los documentos proporcionados a The Post hacen referencia a los números telefónicos de los remitentes y destinatarios y, en algunos casos, a sus presuntas identidades.
Al ensamblar su presunto arsenal, Sudán parece haber dependido de componentes de desecho, envíos de cloro desviados y un proceso de fabricación rudimentario, según los materiales.
La colección incluye fotos y videos que muestran decenas de bombas improvisadas apiladas en estructuras tipo almacén. Varias fotos muestran montones de cilindros como los ampliamente utilizados en barbacoas domésticas, tanques cuyo uso principal es almacenar gas licuado y que luego son equipados por soldadores con conos de punta, percutores accionados por resorte y aletas aerodinámicas destinadas a garantizar que las bombas caigan con la punta por delante sobre sus objetivos.
Un video parece mostrar un sistema primitivo para llenar municiones con cloro extraído de cilindros amarillos de almacenamiento a granel. El video muestra cubas metálicas conectadas a un suministro de agua enfriada, en medio de un entramado de válvulas y mangueras. Expertos en armas dijeron que es probable que el sistema se utilice para enfriar los cilindros mientras se llenan con gas licuado, un proceso que genera calor.
Otras imágenes parecen mostrar un soporte para armas montado en el piso de carga de una aeronave Antonov An-32, un avión de diseño soviético utilizado por la fuerza aérea sudanesa. El mecanismo parece estar diseñado para funcionar como una cinta transportadora, dijeron expertos en armas, permitiendo cargar las bombas y arrojarlas por la puerta de carga del avión.
Las imágenes más impactantes de los archivos parecen mostrar pruebas de armas en zonas remotas del desierto. En un video, puede oírse el zumbido de una aeronave que se aproxima antes de que proyectiles impacten la arena, levantando altas columnas de vapor amarillo, un color asociado con el cloro, dijeron expertos. Se puede oír a observadores no visibles vitoreando las explosiones.
Los documentos parecen indicar que Sudán modificó los diseños de sus ojivas con el tiempo, aumentando el tamaño de los cilindros y cargando compartimentos separados con rodamientos de bolas destinados a mutilar o matar.
Un documento describe las especificaciones de una bomba de “doble efecto” de 1,22 metros (4 pies) de longitud y que contiene “15 kg (33 libras) de gas”, además de 20 kilogramos (44 libras) de explosivos.
Los archivos también indican que los oficiales de las SAF estaban concentrados en borrar sus huellas. El mismo documento incluye texto en árabe que dice que “el propósito principal del nuevo diseño es ocultar cualquier evidencia del uso de productos químicos y liberar el gas del tanque directamente de una manera perfecta”, según una traducción de The Washington Post.
Los materiales proporcionan información contradictoria sobre cómo obtuvo Sudán el cloro, una sustancia química fundamental para eliminar bacterias dañinas de los suministros de agua potable, pero que, cuando se utiliza en una bomba, quema la piel y penetra los pulmones, pudiendo causar insuficiencia respiratoria.
Las imágenes de cilindros encontrados en los sitios de los ataques de 2024 permitieron a France 24, un medio de noticias francés, y a C4ADS, una organización de investigación con sede en Estados Unidos, rastrear los tanques de cloro hasta un proveedor en India que afirmó haber enviado el producto únicamente con fines de tratamiento de agua.
Las imágenes examinadas por C4ADS muestran tanques de cloro a granel que parecen haber estallado al impactar, en lugar de bombas con sistemas de detonación y aletas de cola.
Un funcionario de seguridad de Medio Oriente que compartió los documentos con The Post dijo creer que los archivos de inteligencia muestran que las SAF todavía estaban probando sus diseños de bombas de cloro durante ese período y que no habían sido aprobados para su uso en el momento del ataque contra la refinería.
Los documentos y mensajes de la colección indican que Sudán podría tener otras fuentes de cloro. Mensajes que, según los funcionarios de Medio Oriente, fueron enviados por Madani mencionan la llegada de 20 grandes tanques a través de un cruce fronterizo con Egipto y aseguran tener capacidad para producir hasta 1.100 bombas.
Otros mensajes mencionan plantas de tratamiento de agua. Una nota de voz que los funcionarios atribuyeron a Madani se refiere a “cilindros de cloro que se utilizan para saneamiento y para matar bacterias” en una instalación de purificación. Los cilindros “llegan a través de programas de atención sanitaria de la ONU o lo que sea”, dice el hablante, y añade que “tomamos algunos de allí”.
Un portavoz de UNICEF, una agencia de la ONU centrada en la protección de los niños, dijo que había suministrado gas cloro a la Corporación de Agua del Estado de Jartum entre 2023 y 2025 para su uso en seis plantas de tratamiento de agua, incluida Al-Manarah, una instalación mencionada en los archivos.
UNICEF monitorea esos envíos, dijo el portavoz, y “no tiene constancia de que cloro suministrado por UNICEF haya sido desviado o utilizado indebidamente en Sudán”.
“El cloro suministrado por UNICEF tiene un propósito: hacer que el agua sea segura para beber”, dijo el portavoz, Joe English. “Cualquier otro uso constituiría una grave violación de las condiciones bajo las cuales se proporciona y de los principios conforme a los cuales se brinda asistencia humanitaria”.

Estados Unidos anunció nuevas sanciones contra Sudán el año pasado en respuesta a su presunto uso de armas químicas, imponiendo restricciones a préstamos, exportaciones y asistencia técnica al país.
El Departamento de Estado dijo entonces que había determinado que Sudán “utilizó armas químicas en violación del derecho internacional”, pero proporcionó pocos detalles sobre la evidencia que había evaluado para tomar esa decisión.
En septiembre de 2025, en un mensaje que, según los funcionarios de Medio Oriente, fue escrito por Madani, este buscó asegurar a al-Burhan, líder de Sudán, que una base militar donde se almacenaban armas había sido “vaciada de rastros y residuos”, según mensajes de texto.
En un intento por contener la presión internacional, al-Burhan anunció públicamente en mayo del año pasado la formación de un comité sudanés para investigar las acusaciones de que las SAF habían utilizado armas químicas.
Un documento que describe la investigación ordenaba incluir a Madani “debido a su experiencia”, otorgando al presunto arquitecto del programa un aparente papel en la pesquisa. El documento está fechado en julio de 2025 y lleva la firma de al-Burhan.
Sudán anunció las conclusiones de esa investigación el otoño pasado, afirmando que “con base en la evidencia disponible y los datos de mediciones de campo… no hay evidencia de contaminación química o radiactiva”.
© 2026, The Washington Post.




