
En junio de este año, Argelia puso en marcha la construcción de su tramo del Gasoducto Transahariano (TSGP), un proyecto ideado por primera vez en la década de los 70 y que ahora recupera impulso en medio de la crisis energética europea. La nueva ruta, de 4.128 kilómetros, uniría los yacimientos de Nigeria con Argelia a través de Níger, de acuerdo con lo publicado por Pipeline Journal.
El proyecto corre a cargo de la petrolera estatal Sonatrach, junto con la Corporación Nacional de Petróleo de Nigeria (NNPC) y la Compañía de Productos Petrolíferos de Níger (Sonidep). Según los responsables del proyecto, el gasoducto se conectará con la red existente cerca de Aoulef, en el suroeste argelino, y de ahí hasta las terminales de exportación del Mediterráneo, entre ellas las que alimentan el mercado europeo a través de Italia y España.
Argelia, gran proveedor de gas a Europa
Argelia exportó en 2025 alrededor de 40.000 millones de metros cúbicos de gas a la Unión Europea, en torno al 14% del total de las importaciones europeas, de acuerdo con lo publicado por Euronews. El país cuenta con dos gasoductos que conectan de forma directa con el continente: el Transmediterráneo (TransMed), que llega hasta Italia; y Medgaz, que se dirige a España, además de exportaciones adicionales mediante buques de gas natural licuado. De hecho, lleva tres años consecutivos siendo el principal proveedor de gas natural para España.
El consumo interno argelino también crece de forma sostenida, con más de 53.000 millones de metros cúbicos registrados en 2025, según información de Arab News. Esa combinación de exportación y demanda interna explica el interés de Argel en ampliar su papel como país de tránsito y en sumar nuevas fuentes de gas, como la que aportaría el TSGP.

Un proyecto con casi medio siglo de intentos fallidos
La idea de conectar el gas nigeriano con el norte de África a través de Níger se planteó por primera vez en la década de los 70, pero quedó paralizada durante décadas por problemas de financiación y por la inestabilidad en la región, sobre todo en Níger y el norte de Nigeria, según consta en el registro histórico del proyecto recogido por la Administración de Comercio Internacional de Estados Unidos (Trade.gov). Argelia, Níger y Nigeria firmaron un primer acuerdo intergubernamental en 2009, con la idea de tener el gasoducto operativo en 2015, fecha que se fue posponiendo de forma sucesiva.
El proyecto se reactivó en 2022 con un memorando de entendimiento firmado en Argel, pero volvió a congelarse en 2023 tras el golpe militar en Níger y la ruptura diplomática del país con Argelia. La relación entre ambos países empezó a mejorar este mismo año, con la reincorporación de embajadores y la firma en marzo de más de veinte acuerdos de cooperación, entre ellos la reactivación del TSGP, según información de Al24News.
Un intento de golpe de Estado en Níger pone en duda la seguridad del corredor
El país atravesó en agosto un nuevo episodio de inestabilidad. Un grupo de militares protagonizó un intento de golpe de Estado en Niamey contra la Junta que gobierna Níger desde 2023, encabezada por el general Abdourahamane Tiani. El alzamiento partió de la base 101, junto al aeropuerto internacional de la capital, y fue reducido con apoyo de las fuerzas rusas del Africa Corps desplegadas en el país, según lo recogido por Al Jazeera y Reuters.
Níger enfrenta además un conflicto activo contra grupos yihadistas vinculados al Estado Islámico y a Al Qaeda, cuyos ataques se intensificaron este verano en la región de Tillabéry. Argelia respondió al intento de golpe con el envío de cuatro cazas y otro equipamiento a Niamey, según información de Reuters, un gesto que analistas de Arab Progress o Algeria Gate vinculan de forma directa con la necesidad de proteger la ruta prevista para el TSGP en territorio nigerino.

El proyecto rival: el gasoducto Atlántico Africano
El TSGP no es la única vía que se plantea para llevar gas nigeriano hasta Europa. En paralelo avanza el Gasoducto Atlántico Africano, también conocido como gasoducto Nigeria-Marruecos, que prevé una ruta de unos 6.900 kilómetros por la costa atlántica de África occidental, con conexión final a la red marroquí y, desde ahí, al gasoducto Magreb-Europa que enlaza con España.
En abril, la responsable de la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minería de Marruecos, Amina Benkhadra, anunció que este 2026 se firmaría un acuerdo intergubernamental para el proyecto, valorado en 25.000 millones de dólares, con las fases de estudio de viabilidad y diseño preliminar ya completadas, según información recogida por Reuters. La iniciativa contempla una capacidad máxima de 30.000 millones de metros cúbicos anuales, poco más de la mitad de lo que transportaba Nord Stream (55.000 millones), el gasoducto que hasta 2022 abastecía a Europa de gas ruso.
Marruecos es un país con escasos recursos fósiles propios. El proyecto le permitiría garantizar el suministro de gas y estrechar sus vínculos geopolíticos con el África subsahariana, en un contexto marcado por la rivalidad con Argelia, que mantiene una posición energética dominante en toda la región del Sahel y sería la gran perdedora si el corredor atlántico llegara a materializarse.
La conexión con el gasoducto Magreb-Europa, que une Marruecos con España, reforzaría el papel de Rabat como Estado puente entre Europa y África. Para Nigeria, el proyecto abre además una vía adicional de exportación: el país es el decimoquinto productor mundial de gas y el segundo de África tras Argelia, y busca reducir su dependencia de los mercados occidentales, cuyo consumo de hidrocarburos va en descenso, además de ampliar su influencia en el África occidental francófona.

La CEDEAO puso en marcha el proyecto en su cumbre de Freetown
La 69ª cumbre de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) se celebró el pasado 19 de julio en Sierra Leona. Allí, los jefes de Estado y de gobierno de los doce países miembros dieron luz verde a la construcción del gasoducto que unirá Nigeria con Marruecos y atravesará 13 países africanos situados en la costa atlántica del continente.
“Más allá de su dimensión energética, el proyecto encarna la ambición compartida de África de construir un continente más integrado, industrializado y próspero”, declaró Benkhadra. La funcionaria añadió que la infraestructura fortalecerá la seguridad energética, impulsará el desarrollo industrial, abrirá nuevas oportunidades económicas y contribuirá a un crecimiento sostenible e inclusivo para las próximas generaciones.
La idea la planteó hace diez años el rey de Marruecos, Mohammed VI, sin que entonces se adoptara una decisión definitiva sobre su ejecución, según publica Le Grand Continent. Ahora, la guerra en Irán y las tensiones que ha generado en el mercado mundial del gas han llevado a la CEDEAO a acelerar los plazos: la construcción debería arrancar en 2028 y las primeras entregas están previstas para 2031.
El acuerdo entre ambos gobiernos quedó firmado en julio, pero el proyecto no ha alcanzado todavía la decisión final de inversión necesaria para iniciar la construcción. Para supervisar las obras se creará una sociedad específica con sede en Marruecos, mientras que los órganos de gestión del gasoducto se instalarán en Abuja, Nigeria.

Los riesgos de seguridad y financiación siguen pendientes
Con un coste estimado de 25.000 millones de dólares, el Gasoducto África Atlántico figura entre los grandes proyectos energéticos previstos en África. El presupuesto podría aumentar por la inflación y por la complejidad de una infraestructura de cerca de 6.900 kilómetros, con tramos marítimos y terrestres. Tras la firma, en julio de 2026, de un acuerdo intergubernamental entre los países implicados, siguen pendientes la financiación, la decisión final de inversión y la creación de los órganos que asumirán la ejecución del proyecto.
La protección de la infraestructura y la estabilidad política de los Estados participantes son dos de los asuntos que condicionan su desarrollo. La ruta prevista evita en gran medida las áreas más inestables del Sahel, aunque atraviesa una región donde persisten riesgos como la piratería en el golfo de Guinea, los ataques contra infraestructuras energéticas y la actividad de grupos armados en algunos países de África Occidental.
De hecho, un informe de la consultora North Africa Risk Consulting (NARCO), especializada en riesgos políticos y de seguridad en el norte de África, cuestiona la viabilidad económica del proyecto. El estudio calcula que la inversión podría requerir hasta 288 años para amortizarse y sostiene que, después de atender las necesidades de los países de tránsito y el consumo interno marroquí, el gas disponible para exportar a Europa podría situarse en torno a 12.000 millones de metros cúbicos anuales. NARCO también eleva el coste potencial de la obra hasta los 38.000 millones de dólares y alerta sobre el descenso de la producción de gas de Nigeria en las dos últimas décadas.
El proyecto coincide con la política de la Unión Europea de reducir las importaciones energéticas procedentes de Rusia y diversificar los proveedores desde la invasión rusa de Ucrania. La Comisión Europea ha incluido esa diversificación entre los ejes de REPowerEU (su plan de reducción de su dependencia de los combustibles fósiles rusos y de aceleración de la transición ecológica), aunque no ha vinculado de forma específica este gasoducto con su estrategia.
Dos gasoductos, un horizonte incierto
El calendario oficial sitúa la decisión final de inversión como el siguiente hito para el Gasoducto Atlántico Africano, un trámite que condicionará el inicio efectivo de las obras previsto para 2028. El TSGP, por su parte, ya cuenta con obras físicas en marcha en su tramo argelino, mientras Nigeria y Níger tienen previsto arrancar los suyos a partir de 2027.
Ambos proyectos seguirán dependiendo, en los próximos años, de la negociación entre los gobiernos implicados y de la estabilidad de las regiones que atraviesan sus respectivos trazados. Solo entonces quedará claro cuál de las dos rutas, si alguna, logra convertirse en el nuevo corredor de gas entre África y Europa.


