Estados Unidos ha eliminado los límites federales a las emisiones de gases de efecto invernadero de las centrales eléctricas que funcionan con carbón y gas natural, una decisión que busca facilitar la expansión de la producción energética en plena carrera por la inteligencia artificial. Pero la medida despierta críticas por sus posibles consecuencias ambientales y sanitarias. La Environmental Protection Network, una organización integrada por más de 800 exempleados de la EPA, advierte que la contaminación asociada a los centros de datos podría aumentar los riesgos para la salud pública. ¿Está Estados Unidos sacrificando la protección ambiental para alimentar el auge de la IA?