
Las olas de calor y las lluvias por debajo del promedio ponen en riesgo la producción de arroz en Japón. Las temperaturas elevadas dejan granos opacos y frágiles, reducen su calidad comercial y obligan a los agricultores a adoptar variedades de arroz resistentes al calor. El problema se agravó tras los récords de 2023, que contribuyeron a la crisis del arroz Reiwa de 2024.
Ante esa realidad, agricultores de todo el archipiélago abandonan las semillas tradicionales. Según el Ministerio de Agricultura, las variedades termotolerantes cubrieron 248.000 hectáreas en 2025, un 18% del total del cultivo y un salto drástico frente a las 42.000 hectáreas del año anterior, según informó The Guardian.
Saga lidera la adopción de semillas resistentes al calor en Japón

Haruki Kawasaki, agricultor de Shiroishi, en la prefectura de Saga, cultiva hinatamaru —una variedad de arroz desarrollada para resistir el calor extremo— desde que los ensayos exitosos de 2024 la consolidaron como alternativa viable. A sus 63 años, también ajustó sus horarios. “Antes pasábamos el día entero en el campo. Ahora empezamos temprano y terminamos alrededor del mediodía. Por las tardes, el calor es insoportable”, dijo al diario británico.
Según el Ministerio de Agricultura de Japón, las variedades termotolerantes cubren ya casi el 67% de la superficie arrocera de Saga. Le siguen Nagasaki, con algo menos del 50%, y Shimane, con el 47%. En las regiones del noreste, históricamente más expuestas al frío, la adopción todavía es baja.
Hinatamaru es el resultado de 12 años de investigación del Centro de Ensayos Agrícolas de la Prefectura de Saga. Tras ensayos exitosos en 2024, se expandió con rapidez. “Los agricultores estaban decididos a producir arroz delicioso que aguantara el calor”, explicó Kazuhiro Matsumoto, funcionario del área de cultivos del centro, en declaraciones recogidas por The Guardian.
Las olas de calor arruinan los granos y forzaron al gobierno a liberar reservas de emergencia

Cuando las temperaturas permanecen elevadas de forma sostenida después de que las plantas florecen, las semillas no completan su desarrollo: se vuelven opacas, quebradizas e inadecuadas para su venta como arroz pulido de primera calidad.
Ese fenómeno se agravó en 2023, cuando el calor récord desencadenó al año siguiente la llamada “crisis del arroz Reiwa”. El gobierno japonés debió liberar reservas de emergencia para contener una escasez severa y una escalada de precios, una medida sin precedentes. La agencia meteorológica del país creó además una nueva categoría —“días cruelmente calurosos”— para registrar jornadas en que el termómetro supera los 40°C.
Un informe publicado este mes por Greenpeace Japón advirtió que cuatro de los cultivos otoñales más representativos del país, entre ellos el arroz y la batata, están en riesgo por las altas temperaturas prolongadas.
“Más de 50 años de olas de calor aceleradas llevaron a los principales polos agrícolas de Japón más allá de sus límites térmicos, poniendo en juego la viabilidad de los cultivos y los precios en los supermercados”, señaló Ikumi Toyota, de la organización, en un comunicado.
El envejecimiento del sector agrícola añade presión a la reconversión del campo

La transición enfrenta un obstáculo adicional: casi el 70% de los trabajadores del agro japonés tienen 65 años o más. La adopción de nuevas prácticas recae sobre una fuerza laboral envejecida que, al mismo tiempo, trabaja bajo veranos cada vez más extremos.
Algunos productores de frutas y verduras optaron por inspeccionar sus cultivos de noche para evitar el pico de calor diurno. Otros avanzaron hacia productos mejor adaptados a las altas temperaturas, como el aguacate, el melón amargo y la okra.
Kawasaki espera cosechar este año unos 600 kilogramos de hinatamaru, parte de los cuales participará en un ritual anual en el Palacio Imperial de Tokio. “Muchos agricultores de aquí tienen 70 años, y yo tengo 60. Como agricultor, estoy agradecido de que hayamos encontrado algo que funciona. Y además tiene buen sabor”, dijo al diario.

