
La falta de lluvia en sectores del oriente de El Salvador y las temperaturas elevadas comienzan a reflejarse en actividades cotidianas, desde el uso más frecuente de ventiladores hasta una mayor demanda de electricidad. La nueva sequía meteorológica reabre el debate sobre el costo energético del calor y la capacidad de la matriz eléctrica ante una menor disponibilidad de agua.
El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) informó un período de sequía meteorológica moderada en zonas de La Unión Norte, donde se acumularon 11 días consecutivos sin precipitaciones desde el 5 de septiembre. La condición coincide con temperaturas de 38 ℃ en la zona oriental, según las previsiones divulgadas por la institución.
Para el ingeniero Ismael Sánchez, experto en Ciencias Energéticas de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), el aumento de la temperatura modifica de forma directa el consumo doméstico. Los ventiladores y aires acondicionados son los aparatos más visibles, pero no son los únicos que demandan más electricidad.

“El refrigerador, allá en una esquina, silenciosamente, si la temperatura exterior aumenta, pierde más frío, trabaja más tiempo y por lo tanto, va a generar incremento del consumo de la energía”, explicó Sánchez durante una entrevista radial.
El especialista indicó que una familia puede percibir el cambio en su recibo eléctrico aunque la tarifa no haya variado significativamente. “Si tu consumo de electricidad ha aumentado un 12%, en esa proporción se va a ver incrementada tu factura”, afirmó. El uso adicional de un ventilador o de un aire acondicionado, junto con el trabajo continuo de la refrigeradora, puede elevar el gasto mensual.

La falta de lluvia limita el aporte hidroeléctrico
El efecto del calor también se traslada a la generación eléctrica. Sánchez señaló que la disminución de lluvias afecta la disponibilidad de agua en los embalses y reduce el margen de la hidroelectricidad, una fuente que suele aportar energía en las horas de mayor demanda.
Cuando baja la generación hidráulica, el sistema debe recurrir en mayor medida a plantas térmicas que utilizan derivados del petróleo, búnker o gas natural. “Si estás consumiendo más térmica, el precio de la energía va para arriba”, sostuvo el experto.
Sánchez destacó el aporte de la energía solar durante el día, ya que permite reducir el uso de generación térmica mientras existe radiación. Sin embargo, ese respaldo disminuye al caer la tarde, cuando aumenta el consumo de los hogares por la iluminación, la preparación de alimentos, el uso de aparatos electrónicos y la necesidad de enfriar los espacios.
El ingeniero mencionó que la demanda nacional alcanzó 1,297 megavatios a las 7:30 en un registro de julio. Esa franja concentra buena parte del consumo residencial y comercial, en un momento en que la generación solar deja de estar disponible.

El calor cambia hábitos de consumo y vivienda
El especialista vinculó esta situación con los efectos climáticos asociados a El Niño, que puede alterar los patrones de precipitación y elevar las temperaturas. Señaló que la respuesta no depende solo de instalar más equipos de enfriamiento, sino también de adaptar las viviendas para reducir la ganancia de calor.
“Antes de poner un aire acondicionado, pensar en modificar un poco su vivienda”, planteó. Entre las medidas mencionó techos y paredes de colores claros, ventanas bien cerradas, ventilación cruzada y árboles que den sombra.
Sánchez también llamó la atención sobre los consumos permanentes de aparatos conectados, como microondas, cargadores, regletas y equipos en modo de espera. “Cualquier cosa que tú ves que enciende, hay consumo de energía”, indicó.
La sequía en el oriente mantiene bajo presión la disponibilidad de agua y suma un nuevo factor a la discusión sobre el consumo energético de los hogares durante los períodos de mayor calor.




