Martín Llaryora junto a Germán Font, intendente electo de Marcos Juárez

El triunfo en Marcos Juárez no fue menor para el peronismo cordobés, más allá de que se trate de un municipio donde viven cerca de 30 mil habitantes. El espacio que a nivel provincial lidera Martín Llaryora, y donde aún tiene influencia en la conducción Juan Schiaretti, logró que el justicialismo gobierne la ciudad tras 53 años inenterrumpidos de gestiones que vecinalistas y de Cambiemos

Este último espacio, fundado por Mauricio Macri, Elisa Carrió y Ernesto Sanz, fue el que, al ganar en el 2014 la ciudad, empezó a transitar un camino de triunfos que tuvo como destino final la Casa Rosada. Por eso, se lo llamó el Kilómetro 0 de Cambiemos. El punto de partida, triunfo de por medio, de un proceso político que llegó a gobernar la Argentina, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires al mismo tiempo.

Germán Font, que fue subsecretario de Biodesarrollo e Innovación Agropecuaria del Gobierno de Córdoba, tiene 36 años y el domingo obtuvo el 46,12% de los votos. Le ganó por 26 puntos a Pedro Dellarossa, ex intendente de la ciudad, que alcanzó el 20,10%. En un tercer escalón quedó el representante libertario Gerardo Pasquali, que logró el 17,31% de los votos.

Font jugó con un sello local llamado Generación Marcos Juárez y siguió, al pie de la letra, la conducción de la estrategia electoral ideada por el gobernador de Córdoba que lo eligió como candidato y decidió plantear un plan de acción que tuvo como eje hacer una campaña totalmente local. Es decir, le pidió municipalizar la elección a la máxima expresión. Llaryora le vio un perfil atractivo, ordenó medirlo a través de focus y le pidió un discurso, con ideas bien claras, anclado en el trabajo municipal. La propuesta tuvo buenos resultados.

El Gobernador de Córdoba busca su reelección en el 2027

El mandatario provincial interpretó que electorado de Marcos Juárez necesitaba afrontar una definición local sin la influencia de la agenda provincial. Esa idea la plasmó en su accionar. Respaldó a Font pero no se metió en la campaña. No estuvo en la ciudad durante todo el proceso electoral. Incluso, tampoco fue a los festejos. Recién lo vio el lunes por la mañana, en su oficina de la casa de Gobierno, cuando lo recibió junto a un grupo de colaboradores.

En el Panal, como se la conoce a la sede gubernamental de la provincia, el triunfo en Marcos Juárez puede convertirse en el Kilometro 0 del camino a la reelección que está transitando Llaryora. Para el peronismo cordobés se acabó el tiempo de las especulaciones con anclaje nacional. Si habrá una alianza con La Libertad Avanza (LLA), si existirá el día de mañana un acuerdo con el PJ Nacional o Llaryora tiene alguna chance de ser candidato a presidente. Lo único importante en la agenda es la reelección del Gobernador.

“Lo único que importa es la reelección de Martín. No hay mañana. Para eso trabajamos”, explicó a Infobae un alto funcionario del Gobierno cordobés. En el Ejecutivo están convencidos que van a poder continuar por cuatro años más y así pasar la barrera de las tres décadas del proceso político que inició José Manuel De la Sota.

El mandatario cordobés mejoró en las encuestas, a las que les presta mucha atención, y apalancará su campaña en la gestión. “La gente en Córdoba es conservadora a la hora de votar. No cambia al que gestiona bien. Ni al gobernador, ni a los intendentes”, reflexionó uno de los nombres propios que está más cerca del Gobernador.

Martín Llaryora y Juan Schiaretti siguen manejando toda la estructura del peronismo cordobés

Cerca de Llaryora están convencidos de sus posibilidades de reelegir. Incluso, creen que ganaría en un duelo frente a una alianza conformada por las tres espadas opositoras a su gestión: Gabriel Bornoroni, Luis Juez y Rodrigo De Loredo. De todas formas, no están seguros de la hipótesis sobre una eventual unidad. Lo que saben es que, muy problablemente, el rival a vencer salga de uno de esos tres nombres.

El equilibrio que tienen que hacer con su electorado, también vinculado a Milei, sigue siendo muy finito, pese al paso del tiempo y la sinuosa relación con la Casa Rosada. El Presidente cayó fuerte en los relevamientos sobre su gestión y su imagen positiva, pero su aprobación sigue siendo muy alta. Pasó de 60 a 40 puntos de positiva. La caída está asociada a la situación económica y los cierres de fábricas, que derivaron en despidos y aumento de la informalidad laboral. Pero, aún así, la aprobación sigue siendo importante.

En ese contexto, Llaryora tratará de construir un proceso electoral vinculado a la puesta en valor de su gestión, pero sin golpear demasiado a administración nacional. Apuntará a despojarse de la agenda nacional, para concentrarse estrictamente en el día a día de la provincia. Claro que aún hay mucho tiempo para cambiar los lineamientos. En el Panal esperan que la elección desdoblada sea entre abril y mayo, bien distanciada de los comicios presidenciales.

La relación con la gestión de Milei ha mejorado notablemente en los últimos meses. La Casa Rosada empezó a girar fondo. En agosto le envió $ 400 mil millones en concepto de coparticipación, Aportes del Tesoro Nacional (ATN) por $ 5 mil millones y un desembolso de $15 mil millones, de una deuda de $35 mil millones, como parte de la la Compensación del Consenso Fiscal del 2017.

En los últimos meses mejoró la relación entre el gobierno de Córdoba y la Casa Rosada

El giro de los montos audedados bajó los niveles de tensión vinculados a la gestión. El vínculo política está estable y ordenado a través del Jefe de Gabinete de la Nación, Diego Santilli, y su par cordobés, Manuel Calvo. No hay foco de conflicto entre la provincia y la Nación, más allá de que Córdoba ha sufrido el impacto de la política económica libertaria, sobre todo en los sectores industriales.

Del otro lado de la línea divisoria en la política nacional, Llaryora tiene una muy buena relación con Axel Kicillof. A futuro es imposible que el gobernador cordobés apoye en público una candidatura del economista. Sin embargo, en La Plata, como saben de sus condicionamientos por el perfil de su electorado, no buscan un respaldo explícito. Todo lo que se gestione será en forma subterránea. Absolutamente territorial. En búsqueda de un apoyo que no se vea pero se sienta en el ordenamiento político de los municipios.

En el peronismo cordobés hay un ala que está muy entusiasmada con el resultado y otra que reclama prudencia y no exigir demasiado las lecturas políticas. Todos entienden que hay que apoyarse sobre la gestión y no inventar nada nuevo. Plasmar, con matices de cambio, la continuidad de un modelo exitoso. Sin apurarse, sin sobrestimar el triunfo municipal y sin caer en la tentación del triunfalismo. Queda mucho por delante. El mojón del Kilómetro 0 ya está plantado en Marcos Juárez.