Son las 10 de la noche y Soledad siente que no alcanzó a hacer ni la mitad de todo lo que quería hacer. Como en cada final del día, tiene planeado sentarse a mirar la serie que le recomendó una amiga, pero sabe que se va a quedar dormida. Tener tiempo libre y poder descansar se convirtió en el nuevo lujo para los argentinos.

Con el pluriempleo creciendo, las exigencias de la vida actual (donde la productividad parece reinar) y las múltiples rutinas que las redes sociales van imponiendo (desde el skin care hasta poder meditar antes de dormir), poder detenerse y observar es prácticamente una utopía. Hoy las agendas están tan colapsadas que muchos empiezan el día sintiéndose cansados.

“Vivimos en un mundo donde la sociedad late al ritmo vertiginoso de la vida moderna, con una cultura que premia la productividad y la inmediatez, donde casi nada se detiene y se nos exige ir cada vez más rápido, lo que genera una sensación distorsionada de que el tiempo no alcanza”, define Cecilia Leiva, médica asociada al Servicio de Psiquiatría y especialista en trastornos de ansiedad del Hospital Italiano.

Esta percepción de falta de tiempo tiene un correlato en el cuerpo. “La sensación permanente de llegar tarde a todo -porque corremos de una tarea a otra con la sensación de que siempre queda algo pendiente-, activa la respuesta al estrés; de esta manera, diversos circuitos neuronales se ven alterados y propensos a la desregulación. Principalmente los sistemas serotoninérgico, noradrenérgico, dopaminérgico, gabaérgico y glutamatérgico, que terminan ocasionando síntomas como ansiedad, miedo, angustia, frustración, desesperanza, anhedonia —incapacidad de sentir placer—, entre otros”, enumera Leiva.

Vivir apurados puede afectar la concentración, las relaciones y el descanso. (Foto: Adobe Stock)
Vivir apurados puede afectar la concentración, las relaciones y el descanso. (Foto: Adobe Stock)

Juan David Jurado Lara, psicólogo de DIM Centros de Salud, lo describe de este modo: “Vivir apurados genera estrés, dificulta disfrutar el presente y puede afectar la concentración, el descanso y las relaciones. Con el tiempo, el cuerpo y la mente permanecen en un estado de alerta que termina desgastando”.

“Priorizarse de vez en cuando no es egoísmo; es una forma de proteger nuestra salud mental; esto nos puede permitir gestionar mejor nuestro tiempo y cumplir con nuestras actividades de manera responsable”, añade Jurado Lara.

Por su parte, la psicóloga y profesora universitaria, Carla Monteverde, sostiene que “el problema ya no es que el día tenga pocas horas. El problema es que cambió la forma en que las medimos”.

“Vivimos bajo un mandato silencioso de hiperproductividad que nos empuja a justificar cada momento del día. Pareciera que toda hora debe producir algo visible: un resultado, un aprendizaje, una respuesta, un avance. Lo que no deja evidencia se vive casi como tiempo perdido, aunque haya sido tiempo profundamente vivido. Esa lógica tiene una consecuencia poco advertida: dejamos de preguntarnos cuánto hicimos y empezamos a preguntarnos cuánto demostramos haber hecho”, detalla Monteverde.

El mandato de aprovechar el tiempo

La cultura de la productividad y las redes sociales refuerzan la idea de que siempre deberíamos estar haciendo algo más. “Esto puede generar ansiedad y la sensación de que nunca es suficiente. Lo que conlleva una respuesta del cuerpo como un estado amenazante que se refleja en pensamientos, emociones y sensaciones corporales”, refuerza Jurado Lara.

“Rodearnos de personas que respeten nuestros tiempos y que no alimenten la exigencia constante favorece el bienestar psicológico”, aconseja el psicólogo de DIM.

El estrés repercute en el organismo con múltiples síntomas. (Imagen ilustrativa generada con IA)
El estrés repercute en el organismo con múltiples síntomas. (Imagen ilustrativa generada con IA)

En este sentido, crece el uso de apps para meditar o poder darse unos minutos para bajar el estrés. Yanina Choroszczucha, creadora de Meditalo y profesora certificada de Mindfulness & Meditación, cuenta todo lo que observó al idear su emprendimiento: “Nos llenamos de cosas sin dejarnos espacio entre la una y la otra, nos sentimos apurados, queremos hacer todo al mismo tiempo, nos ponemos en riesgo contestando mensajes de WhatsApp mientras manejamos porque pensamos que el otro está esperando nuestra respuesta de manera urgente, caminamos como zombis con la cabeza mirando el piso”.

Y agregó: “Operamos en piloto automático, sin prestar atención a lo importante: que el tiempo que tenemos es limitado y lo malgastamos. La cuestión es que el día termina y nosotros terminamos con el día”.

“A veces necesitamos un despertador para darnos cuenta de esto. Los budistas llaman a este despertador algo que sucede en tu vida y que requiere de tu atención: un accidente, el resultado de un análisis, la muerte de alguien cercano. ¿Para qué esperar a que suceda algo para darnos cuenta de que tenemos que parar?”, reflexiona Choroszczucha.

Y se responde: “Cuando te sentás a meditar, parece que no estás haciendo nada, pero en realidad tu cabeza va de un lado al otro, va y vuelve; es como el mono que salta de rama en rama, se acuerda de algo y vuelve. ¿A dónde vuelve? Al momento presente, el único momento que verdaderamente tenemos. Ahí es donde entra un concepto que suena casi revolucionario en tiempos de productividad extrema: parar y disfrutar del momento presente”.

Meditar entre 10 y 15 minutos al día puede bajar los niveles de cortisol. (Foto: Adobe Stock)
Meditar entre 10 y 15 minutos al día puede bajar los niveles de cortisol. (Foto: Adobe Stock)

La experta asegura que la meditación, lejos de la imagen de gurús y monasterios, se volvió una herramienta accesible: “Está demostrado científicamente que entre 10 y 15 minutos por día te ayudan a bajar los niveles de cortisol, lograr más calma y tranquilidad, mejorar la calidad del sueño y recuperar la sensación de que el tiempo alcanza”.

“Meditalo nació pensando en eso: enseñar a meditar en español sin exigir media hora de disciplina zen, sino adaptándose a la vida real de alguien que se despierta corriendo y llega a la cama agotado”, detalla Choroszczucha.

Me da culpa descansar

No son pocos los argentinos que se sienten mal cuando están libres de compromisos. Y es que en la actualidad estar en movimiento, o produciendo, es leído como que uno está construyendo su camino al éxito.

“El sentimiento de culpa tiene características particulares en cada individuo, pero para muchas personas el descanso se asocia con perder el tiempo o con no estar haciendo algo suficientemente útil. Cuando esto aparece en la consulta, es importante poder preguntarse qué significa realmente parar, reflexionar o simplemente estar, porque detrás de la dificultad para detenerse pueden aparecer angustia, miedo o frustración”, afirma Silvina Zecler, psicóloga especialista en psicoanálisis.

El descanso y el tiempo de calidad con nosotros mismos y con nuestros seres queridos, dice esta especialista, “son fundamentales para cuidar la salud mental. No todo momento tiene que tener un objetivo productivo ni todo aquello que hacemos necesita justificar su utilidad”.

Incluso, hay personas que hoy transforman el tiempo de ocio en una obligación. “Incorporamos la lógica del rendimiento a prácticamente todos los aspectos de la vida, incluso al tiempo libre. En lugar de preguntarnos qué nos da placer, muchas veces nos preguntamos qué nos conviene, qué deberíamos hacer o qué podríamos aprovechar. De esa manera, el ocio deja de ser necesariamente un espacio de disfrute y puede convertirse en una tarea más dentro de una agenda que ya está demasiado cargada”, suma Zecler.

El estrés puede ser una causa común de la somnolencia, pero no la única. (Foto: AdobeStock)
El estrés puede ser una causa común de la somnolencia, pero no la única. (Foto: AdobeStock)

“Recuperar el sentido del ocio implica también permitirnos hacer cosas sin una finalidad concreta, sin convertir cada actividad en una inversión para el futuro y sin sentir que debemos obtener algo a cambio de cada hora que tenemos disponible”, dice Zecler.

En coincidencia, la psicóloga Beatriz Goldberg, autora de Nunca es tarde. Cómo recalcular tu vida a cualquier edad, señala que a todas las edades “uno siente que tiene que estar todo el tiempo haciendo cosas, que hay que cumplir: ser la mejor esposa, mejor padre, mejor profesional, mejor amigo”.

Y Goldberg suma: “Hay que estar en todo, con una agenda muy apretada. Uno se propone muchos objetivos, por eso hay que tener cierta tolerancia a la frustración, que no se puede llegar a todo y hacerlo todo en la misma medida”.

“No hay escasez de tiempo. Hay inflación de expectativas. Intentamos hacer entrar, en veinticuatro horas, la vida de tres personas distintas. Después nos sorprendemos de que no alcance”, resume Monteverde.