
La Casa Real noruega ha difundido tres emotivas fotografías de la princesa Astrid velando en solitario el féretro de su hermano, el rey Harald V, en el Palacio Real de Oslo. En las imágenes, la única hermana superviviente del monarca aparece sentada en su silla de ruedas frente al ataúd cubierto con el estandarte real y flanqueado por las insignias de la Corona, guardando un minuto de absoluto silencio y duelo tras su fallecimiento.
La reaparición de la princesa adquiere una dimensión aún más emotiva tras haber permanecido ingresada durante más de seis meses debido a complicaciones derivadas de una neumonía. Tras recibir el alta médica el pasado agosto, Astrid solo había acudido de forma estrictamente privada al hospital Rikshospitalet para despedirse de Harald en sus últimas horas. Desde la terraza de palacio, las instantáneas también la muestran contemplando con viva emoción el inmenso mar de flores que los ciudadanos han depositado en la plaza pública en recuerdo a su soberano.
A sus 94 años, la tía del recién ascendido rey Haakon VIII no dudó en reunir fuerzas para velar en la intimidad los restos del soberano antes de la celebración del funeral de Estado en la catedral de la capital. Esta conmovedora estampa rinde homenaje al rey y pone de manifiesto la estrecha unión que Astrid mantuvo siempre con Harald V, con quien compartió no solo la pertenencia a la dinastía Glücksburg, sino toda una vida de servicio a Noruega, tragedias familiares y lealtad fraterna.
Un lazo forjado en el exilio
La relación entre la princesa Astrid y el rey Harald V se cimentó en la adversidad desde la infancia más temprana. Tras la invasión nazi de Noruega en abril de 1940 durante la Segunda Guerra Mundial, Astrid, junto a su hermana mayor Ragnhild y su hermano menor Harald, tuvo que abandonar el país. La familia real se refugió en Washington D.C. (Estados Unidos), residiendo en la finca Pooks Hill por invitación directa del presidente Franklin D. Roosevelt hasta el fin del conflicto en 1945.
Aquel exilio infantil creó entre ellos una cercanía indestructible que se afianzó aún más tras la prematura muerte de su madre, la princesa heredera Marta, en 1954. Con tan solo 22 años y tras el matrimonio y marcha a Brasil de su hermana Ragnhild, Astrid dio un paso al frente para asumir el rol de primera dama no oficial de la nación. Durante 14 años ejerció como anfitriona institucional junto a su padre, el rey Olav V, convirtiéndose al mismo tiempo en el principal pilar emocional del joven príncipe heredero Harald.
El papel de Astrid de Noruega
Formada en Filosofía, Historia Política y Economía en el reputado Lady Margaret Hall de la Universidad de Oxford, la princesa Astrid destacó siempre por su preparación y discreción. Fue la gran confidente de Harald V durante los momentos más delicados de su juventud, apoyándolo firmemente durante los nueve años de complejas negociaciones en los que el príncipe luchó por obtener el permiso para casarse con Sonja Haraldsen.

Aunque perdió la asignación oficial de la Casa Real tras contraer matrimonio con el empresario Johan Martin Ferner en 1961, Astrid nunca dejó de representar a la monarquía ni de apoyar a su hermano. Su labor como escudera de la institución durante los 35 años de reinado de Harald V fue tan destacada que, en el año 2002, el Storting (Parlamento noruego) acordó concederle una pensión de honor estatal en reconocimiento a sus servicios al país. Su silenciosa despedida en palacio cierra el capítulo de una de las alianzas fraternas más sólidas de la historia europea reciente.




