Los pisos lisos facilitan la limpieza y acumulan menos polvo que las alfombras (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una cama puede reunir ácaros, pelo de mascotas y partículas de polvo durante días sin que sean visibles. En una vivienda, esos elementos se desplazan entre textiles, muebles, alfombras y sistemas de ventilación, y pueden agravar los síntomas de quienes padecen rinitis alérgica o asma. Reducir las alergias en casa exige identificar los focos que acumulan alérgenos y ajustar la limpieza, la humedad y la ventilación de cada ambiente.

La Academia Estadounidense de Asma, Alergia e Inmunología recomienda que las medidas se centren, antes que nada, en disminuir la exposición a los desencadenantes. Los purificadores o filtros pueden contribuir, aunque no sustituyen la eliminación de las fuentes de polvo, moho, caspa de animales y restos de insectos.

El dormitorio concentra buena parte de los alérgenos domésticos

El dormitorio requiere atención especial porque allí transcurre una parte importante del día. Los ácaros del polvo suelen acumularse en colchones, almohadas, mantas, edredones y juguetes de tela.

El dormitorio concentra ácaros, polvo y caspa de mascotas en colchones, almohadas y mantas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una medida útil consiste en cubrir colchón, somier y almohadas con fundas diseñadas para bloquear alérgenos. Las sábanas, fundas y mantas deben lavarse al menos una vez por semana con agua a una temperatura mínima de 54 °C. También conviene reemplazar, cuando sea posible, la ropa de cama de lana o plumas por materiales sintéticos que resulten más fáciles de lavar.

Las alfombras, los muebles tapizados, los libros y los adornos decorativos acumulan polvo. Los pisos lisos, como los de madera, vinilo o linóleo, suelen facilitar la limpieza. Si hay alfombras, es preferible que sean de pelo corto y que se aspiren cada semana con equipos provistos de filtro de aire de alta eficiencia, conocidos como filtros HEPA.

Las mascotas deben permanecer fuera del dormitorio de las personas con alergia a la caspa animal. La Asthma and Allergy Foundation of America (AAFA) aclara que no existen mascotas completamente hipoalergénicas, ya que todos los animales desprenden células de la piel. Bañarlos con frecuencia puede reducir parte de los alérgenos, aunque no elimina el problema.

La sala de estar necesita menos textiles y superficies fáciles de limpiar

Los sillones, las cortinas pesadas y las alfombras de pared a pared pueden funcionar como reservorios de polvo y caspa. Para disminuir la presencia de alérgenos en la sala de estar, se pueden priorizar muebles de cuero, madera, metal o plástico, que resultan más sencillos de limpiar que los tapizados.

Durante la temporada de polen, mantener las ventanas cerradas limita el ingreso de partículas desde el exterior (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las cortinas lavables de algodón liso o tela sintética constituyen una alternativa frente a los géneros gruesos. También pueden reemplazarse las persianas horizontales, donde suele depositarse polvo, por cortinas enrollables que se limpien con facilidad.

Durante las épocas de polen, mantener cerradas las ventanas y utilizar aire acondicionado puede limitar el ingreso de partículas desde el exterior. Aun así, es necesario limpiar con regularidad los marcos y alféizares si presentan condensación o moho.

Las plantas de interior merecen una revisión. La tierra húmeda puede favorecer el desarrollo de microorganismos que afecten a personas alérgicas. Si se mantienen macetas dentro de la vivienda, se debe evitar el exceso de riego y controlar la humedad del sustrato.

La cocina debe reducir la humedad, los restos de comida y las plagas

La cocina reúne dos factores frecuentes en las alergias domésticas: la humedad y los residuos de alimentos. Los vapores de la cocción aumentan la humedad ambiental, por lo que resulta conveniente contar con un extractor que expulse el aire hacia el exterior, y no solo recircule las partículas.

La cocina acumula humedad y restos de comida que pueden favorecer la presencia de moho y plagas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fregadero, las canillas, la heladera y los gabinetes debajo de la mesada requieren limpieza periódica. Las fugas de agua deben repararse cuanto antes, ya que facilitan la aparición de moho. En la heladera, es importante retirar alimentos vencidos o con hongos y limpiar la bandeja donde se acumula agua.

Guardar la comida, incluido el alimento para mascotas, en recipientes cerrados reduce la posibilidad de atraer cucarachas y roedores. La basura debe permanecer en un contenedor con tapa y vaciarse a diario. Según la AAFA, los residuos de estos insectos y animales pueden desencadenar reacciones alérgicas o síntomas de asma en personas sensibles.

El baño requiere ventilación después de cada ducha

El baño es uno de los espacios donde el moho puede crecer con más rapidez. La ventilación después de bañarse o ducharse ayuda a reducir la humedad. Un extractor de aire, siempre que descargue al exterior, puede contribuir a ese objetivo.

El baño es uno de los ambientes con mayor riesgo de acumulación de humedad y moho (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las alfombras de baño, las cortinas de ducha y los revestimientos deben revisarse con frecuencia. Si presentan moho, es necesario lavarlos o sustituirlos. Secar la bañera, los azulejos y las mamparas con una toalla luego de usarlos reduce el agua que queda sobre las superficies.

También se deben reparar pérdidas en inodoros, lavabos y cañerías. Para limpiar zonas con moho, Mayo Clinic aconseja usar una solución de lavandina de cloro al 5% y utilizar protección respiratoria. Es recomendable seguir las indicaciones del producto, no mezclar productos de limpieza y mantener el ambiente ventilado.

El sótano y las zonas húmedas requieren control de filtraciones

Los sótanos, lavaderos y otros ambientes con poca circulación de aire pueden presentar problemas de humedad persistente. Allí conviene retirar alfombras dañadas por el agua y reemplazarlas por superficies lavables, como concreto, vinilo o linóleo.

Un deshumidificador puede ayudar a mantener el ambiente seco, aunque debe limpiarse al menos una vez por semana. La humedad relativa de la vivienda debería mantenerse en 50% o menos, mientras que la temperatura puede ubicarse entre 20 °C y 22 °C, de acuerdo con las recomendaciones de Mayo Clinic.

La ropa y los objetos de colección deben guardarse en recipientes plásticos con tapa. También es importante que la secadora de ropa expulse la humedad hacia el exterior, ya que el vapor puede elevar el nivel de humedad dentro de la casa.

La limpieza semanal ayuda a evitar que el polvo vuelva al aire

Barrer en seco o sacudir con plumeros puede levantar partículas que luego permanecen suspendidas. Para los pisos lisos, es preferible una mopa húmeda. En muebles, puertas, marcos de ventanas y alféizares, un paño húmedo permite retirar el polvo sin dispersarlo.

A diferencia de las escobas, las mopas capturan partículas que pueden agravar los síntomas de alergia (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) señala que el control de la fuente suele ser la vía más efectiva para mejorar la calidad del aire interior. La ventilación y los equipos de filtrado pueden complementar esa estrategia, pero su eficacia depende de que los focos de contaminación estén bajo control.

Quienes tengan alergias pueden usar mascarilla durante la limpieza o pedir ayuda a otra persona. También deben evitar el humo de tabaco dentro de la vivienda, ya que puede irritar las vías respiratorias y agravar los síntomas. Si las molestias son frecuentes, intensas o afectan el descanso y la respiración, corresponde consultar con un profesional de la salud para evaluar el tratamiento adecuado.