
Parece que hubiera pasado mucho más tiempo, pero hace solo unos meses los peruanos elegimos un nuevo gobierno. Después de años marcados por la inestabilidad y la confrontación política, hoy existen señales que permiten mirar el futuro del país con optimismo. Durante el segundo trimestre, la inversión privada creció 17.6% y el consumo privado también se incrementó. Se abre así una oportunidad para recuperar la confianza y volver a crecer. Esto no significa que todos los problemas hayan desaparecido. La inseguridad continúa afectando la vida de los peruanos, limita el desarrollo de miles de negocios y deteriora nuestra calidad de vida. Al mismo tiempo, la amenaza del fenómeno de El Niño exige capacidad de prevención y respuesta, especialmente en las zonas más vulnerables. Tenemos una economía que empieza a avanzar, pero también enormes desafíos que no admiten improvisación.
En ese contexto, el próximo 4 de octubre volveremos a las urnas, esta vez para elegir autoridades regionales y municipales. Puede parecer una elección menos importante que la presidencial, pero no lo es. Sus resultados definirán quiénes conducirán durante los próximos cuatro años los gobiernos más cercanos a los ciudadanos. Estas autoridades tendrán una influencia directa en la seguridad, la infraestructura, los servicios públicos y las oportunidades de desarrollo de cada territorio del país. Las regiones y municipalidades administran presupuestos muy importantes. Bien utilizados, estos recursos pueden traducirse en mejores carreteras, colegios, centros de salud, espacios públicos y obras de prevención. Mal gestionados, pueden terminar en proyectos inconclusos, gastos sin impacto real o más corrupción. La diferencia dependerá en gran medida de la capacidad y visión de las autoridades que elijamos.

También está en juego la inversión privada. Muchas regiones concentran un enorme potencial minero y agroindustrial que todavía no se traduce en desarrollo para sus habitantes. La diferencia no está solo en el potencial, sino en las condiciones que cada gobierno regional o municipal decide crear para promover estas inversiones. Requerimos reducir trabas, resolver conflictos sociales, ejecutar la infraestructura necesaria y, sobre todo, tener reglas claras en el tiempo. Cuando esas condiciones faltan, la inversión no desaparece, pero se va a otra región o a otro país. Eso ya lo hemos visto en la última década.
Por eso no podemos votar a la ligera. Debemos revisar las trayectorias de los candidatos, la calidad de sus equipos y la viabilidad de sus propuestas. No basta con escuchar promesas. Tenemos que preguntarnos si cuentan con experiencia real para gestionar, si respetan las instituciones, si defienden las libertades y si entienden que la inversión privada y el crecimiento económico son indispensables para generar empleo, reducir la pobreza y financiar mejores servicios públicos.

Esta responsabilidad es especialmente importante para los jóvenes. Uno de cada cuatro electores peruanos tiene entre 18 y 29 años. Su voto puede definir el resultado en muchas regiones, provincias y distritos. Sin embargo, en las últimas elecciones generales, el ausentismo alcanzó el 24%. No participar significa permitir que otros decidan por nosotros.
Hace algunos meses, desde CADE Universitario señalábamos que los jóvenes no solo querían votar, sino también jugar el partido desde la cancha y decidir el rumbo del país. Hoy ese desafío sigue vigente. Participar no significa aceptar sin cuestionamientos las opciones disponibles. Significa informarse, comparar, exigir y elegir con conciencia. Los jóvenes tienen la oportunidad de respaldar a quienes protejan nuestras libertades, incluida la libertad económica, fortalezcan la institucionalidad, promuevan la inversión privada y gobiernen con honestidad. También pueden rechazar con su voto el populismo, la improvisación y las propuestas que debilitan nuestras instituciones y ponen en riesgo la estabilidad del país.
El Perú tiene una nueva oportunidad. La recuperación no dependerá únicamente del gobierno nacional. También se construirá desde cada región, provincia y distrito. El 4 de octubre debemos acudir a votar y elegir las mejores opciones. Esta vez tampoco podemos equivocarnos.





