Diego Nicolás Alonso
Nairobi, 11 sep (EFE).- Arquitectos africanos reivindican estos días en Nairobi la necesidad de que el continente tenga su propia voz sobre cómo se diseñan y se interpretan sus edificios, en el marco de la primera Bienal Panafricana (PAB), que busca cuestionar décadas de modelos y discursos definidos desde fuera del continente.
"No estoy inaugurando un festival, estoy inaugurando una institución", afirmó durante la apertura el fundador y director de la bienal, el arquitecto somalí-italiano Omar Degan, quien defendió que crear una institución propia implica también disputar "quién tiene derecho a hablar".
Bajo el lema "Desplazar el centro: de la fragilidad a la resiliencia", la cita se celebra en el emblemático Centro Internacional de Convenciones Kenyatta (KICC) de la capital keniana del 7 al 11 de septiembre con la asistencia de arquitectos de casi cincuenta países africanos.
La bienal plantea que África deje de ser tratada como objeto de estudio y pase a definir sus propios marcos arquitectónicos.
"Durante todo el tiempo que ha existido la disciplina de la arquitectura, África ha sido visitada, fotografiada, estudiada, medida, catalogada y exhibida", explicó Degan.
A su juicio, el "centro" de la arquitectura mundial no ha estado determinado únicamente por el talento, sino por quienes "han controlado" las bienales, las revistas, los premios, los archivos y los recursos para viajar y difundir el trabajo.
"Resiliencia", añadió, no significa simplemente soportar dificultades, sino tener la capacidad de tomar decisiones "sobre tu propio territorio".
Uno de los primeros debates de la bienal partió de una pregunta provocadora: "¿Existe la arquitectura africana?".
"Sí. Siempre ha existido", respondió Nnamdi Elleh, profesor y director de la Escuela de Arquitectura y Planificación de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica.
El arquitecto gabonés Jean-Pierre Maissa recordó que nadie suele preguntarse si existen una literatura, una música o una poesía africanas y defendió que prácticas hoy asociadas globalmente a la sostenibilidad, como la conciencia medioambiental o la construcción comunitaria, forman desde hace tiempo parte de muchas tradiciones arquitectónicas del continente.
"La arquitectura africana existe, es global y representa el futuro de la arquitectura", sostuvo Maissa, quien situó el debate en una cuestión de "narrativa".
La arquitecta keniana Stella Mutegi, cofundadora del estudio Cave_bureau, matizó, sin embargo, que quizá resulte más apropiado hablar de "arquitectura en África" dada la enorme diversidad del continente.
Mutegi puso como ejemplos las diferencias entre las arquitecturas de Lamu y Mombasa, en la costa de Kenia; o Dar es Salaam y Zanzíbar, en Tanzania, frente a las de África occidental, condicionadas por paisajes, materiales y culturas distintos.
La arquitecta también cuestionó quién merece ser considerado arquitecto y citó el caso de las mujeres masáis que levantan tradicionalmente sus propias viviendas con conocimientos estructurales y de materiales transmitidos durante generaciones, "aunque rara vez sean representadas en plataformas profesionales".
La cuestión de quién define ese relato centró también otra de las conversaciones, titulada "¿Por qué África necesita construir su propia bienal?".
Una de las responsables de curaduría de la PAB, Zakiyyah Haffejee, recordó que durante décadas el continente ha participado en el debate arquitectónico internacional desde instituciones y marcos creados fuera de África, por lo que planteó qué cambia cuando es el propio continente el que construye esos espacios.
La arquitecta sudafricana Tanzeem Razak lo resumió como una lucha por "reclamar espacio y recuperar la voz propia".
Razak denunció que, cuando en África se emplean soluciones locales, se califican a menudo de "baja tecnología", mientras que prácticas similares desarrolladas fuera del continente pasan a considerarse "sostenibles".
El debate se trasladó desde el KICC hasta varios estudios de arquitectura de Nairobi, como Urko Sánchez Architects, fundado en 2007 por el español Urko Sánchez, en jornadas de puertas abiertas.
Jaime Velasco, director de la oficina en Nairobi de Urko Sánchez Architects, explicó a EFE que la arquitectura del continente atraviesa un momento de "efervescencia" y "revalorización de lo local" y de las tradiciones anteriores a la colonización, aunque advirtió contra la creación de una identidad africana homogénea.
En el caso de Kenia, Velasco destacó la capacidad de las arquitecturas tradicionales de "hacer mucho con recursos limitados", utilizar de manera eficiente los materiales naturales y ofrecer soluciones adaptadas al clima con "una huella de carbono reducida".
Ese enfoque se refleja en la Escuela Waldorf de Nairobi, uno de los últimos proyectos del estudio, donde las aulas se integran entre los árboles y los denominados "muros vivos" permiten el crecimiento de plantas, insectos y otros organismos.
Pero el arquitecto alertó también del rápido crecimiento de Nairobi, donde echa en falta una visión urbana a largo plazo capaz de frenar un desarrollo inmobiliario que, a su juicio, amenaza la biodiversidad, desplaza poblaciones y favorece un modelo dependiente del coche y de los espacios privados frente a los públicos.
Una preocupación que conecta con otra pregunta central de la PAB: "¿cómo debe ser la arquitectura africana del futuro?". EFE
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