Durante años, escuchar una canción de Gilda no fue motivo de alegría para su hijo Fabricio Cagnin. Tenía apenas ocho años cuando un accidente terminó con la vida de su mamá, su hermana Mariel, su abuela y siete músicos que viajaban junto a ellos.
Tres décadas después, conversó con Telenoche sobre aquella tragedia. Además, aseguró que se siente acompañado por la artista en cada momento de su vida y siempre aparecen señales de ella cuando la necesita.
“Me costaba dar notas. Para todo el mundo, ella era baile o joda y para mí significaba dolor”, reconoció en diálogo con Dominique Metzger al cumplirse 30 años de la muerte de la cantante.
Fabricio estaba en el micro cuando ocurrió el accidente en la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos. “Me tocó vivirlo en carne propia. Me desperté ahí y allá falleció mi hermana Mariel, mi abuela y mi mamá”, recordó sobre uno de los momentos más traumáticos de su vida.

En ese sentido, recordó una escena que quedó grabada en su memoria desde aquel día. “Lo primero que me acuerdo es que me vienen a buscar y me preguntan: ‘¿Sos el hijo de Gilda?’. Eso me acompañó desde aquel momento hasta hoy”, contó.
Durante su infancia, el éxito de su mamá fue difícil de transitar. “De chiquito iba a un corso o a un club a jugar al fútbol y escuchaba Gilda y eso me mataba a mí. Me escondía, lloraba”, relató.
Y explicó que, en aquel momento, no tenía las herramientas para procesar lo que le había ocurrido: “No entendía qué me pasaba. Estaba inmaduro para llevar adelante esa situación”.
También habló del Santuario de Gilda, ubicado en ese punto exacto sobre la banquina de la ruta donde ocurrió la tragedia. “Sé que hay mucho amor puesto ahí. Para mí es distinto porque ahí viví mi peor pesadilla”, sostuvo. Sin embargo, dijo que ya se siente preparado para afrontar esa situación: “Tengo ganas de ir y darle amor”.
Cómo era Gilda puertas adentro
Más allá de la figura popular, Fabricio recordó a su mamá desde un lugar íntimo y familiar. “Era muy dulce y graciosa, éramos muy compinches. Mi vieja, vivía la vida a pleno”, describió.
Y agregó: “Siempre anfitriona. En reuniones, ella cantaba y cantábamos todos. Era pura fiesta. Reuniones hasta que amanecía”.
En otra parte de la charla, eligió tres canciones para explicar quién fue su mamá y qué significan para él.

Una de ellas fue “Corazón valiente”, la cual vinculó con la decisión de Gilda de abandonar su vida como maestra jardinera y apostar por su sueño. “Estaba casada, se divorció, dijo ‘no amo más a mi marido y quiero ir por mi sueño’ y nadie le aseguraba nada”, destacó.
Luego, mencionó “No me arrepiento de este amor”, una canción que representa una etapa muy difícil de la carrera de la cantante. “Fue una persona perseguida, tuvo un productor que era un mafioso, que mató gente y le hizo la vida imposible”, afirmó.
Por último, “Mi despedida”, a la que le dio un significado especialmente personal: “Me enseñó que no hay despedidas, que siempre estás”.
“Todavía hablo con ella, me sigue ayudando”
A 30 años de la tragedia, Fabricio aseguró que el vínculo con su mamá no desapareció. “Lo lindo es que se sale. Todavía hablo con ella, me sigue ayudando. Me acompaña. (...)Voy por la calle y veo un 7, el 7 de septiembre, murieron siete músicos. Es su número. Cuando tengo dudas, veo una señal de ella y sé que es por ahí”, explicó.
Este año, además, decidió vivir el aniversario de una manera diferente. Después de ver los distintos festivales y homenajes que se preparaban por las tres décadas de su muerte, sintió que era momento de celebrar su legado.
“Pensé que este año eran 30 años, va a haber una fiesta. Se la celebré. Una noche soñada. Es como que se cierra un ciclo muy profundo en mi vida”, expresó.
Y dejó una frase que resume el lugar que Gilda ocupa hoy en su vida, después de tantos años de dolor: “Si suena una canción de ella la bailo, olvidate. La canto y soy feliz. La amo profundamente”.



