Jim Maroon limpia de noche las piscinas reflectantes del Memorial del 11 de Septiembre de Nueva York sobre la huella exacta de las Torres Gemelas. (Spencer Platt/Getty Images/AFP)

Jim Maroon se pone el traje impermeable de goma, baja al fondo de una de las piscinas reflectantes del Memorial del 11 de Septiembre de Nueva York y comienza a empujar una aspiradora sobre el granito negro. Son las 11 de la noche. Los visitantes ya se fueron, las cascadas están apagadas y el único sonido que quiebra el silencio es el zumbido del equipo. Cinco noches a la semana, entre las 23 y las 6 de la mañana, Maroon, de 54 años, limpia las piscinas que cubren la huella exacta de las Torres Gemelas.

Maroon trabaja en este lugar desde 2012, poco después de que el memorial abriera al público. En ese tiempo, según The New York Times, mantuvo un sitio que es al mismo tiempo una atracción visitada por millones de personas y el escenario de una tragedia colectiva. Las dos piscinas, cada una de cerca de cuatro mil metros cuadrados, están ubicadas unos nueve metros por debajo del nivel de la calle y honran la memoria de las 2.983 personas que murieron en los atentados contra el World Trade Center en 1993 y en los del 11 de septiembre de 2001.

Lo que hace particular a esta historia es que Maroon no llegó al memorial como un empleado cualquiera. Su padre trabajó durante años en el complejo del World Trade Center y él mismo estuvo a metros de las torres cuando el primer avión impactó.

Jim Maroon trabaja en el Memorial del 11 de Septiembre desde 2012 y estuvo a metros del World Trade Center cuando el primer avión impactó en 2001. (Spencer Platt/Getty Images/AFP)

La relación de Maroon con ese lugar excede el trabajo. El 11 de septiembre de 2001, tenía un empleo en la Bolsa Mercantil de Nueva York (New York Mercantile Exchange) y cruzaba la autopista West Side cuando el primer avión impactó contra la Torre Norte. Recuerda el sonido del golpe y, más tarde, la imagen de personas que caían desde los pisos más altos.

En su turno nocturno intenta no detenerse en ese recuerdo. Pero cada año, a medida que se acerca el aniversario, el peso vuelve. “Estas personas perdieron familia aquí”, dijo Maroon al Times días atrás, con el 25° aniversario como telón de fondo. “Siempre quieres mostrar algo bueno para ellos y que no digan: ‘Mi marido murió acá y este lugar debería ser hermoso, pero este tipo no está haciendo su trabajo’”, agregó.

Las inscripciones en bronce también lo afectan. “Me pega”, admitió en declaraciones a TODAY. “Ves estos nombres. No los conocí. Nunca los conocí. Pero son la madre o el padre de alguien”.

Jim Maroon recorre cada piscina del Memorial del 11 de Septiembre en 88 pasadas de aspiradora

El trabajo es metódico. Maroon calculó que cada piscina requiere 44 pasadas en una dirección y 44 de regreso. Junto a él trabajan un colega que cepilla la superficie detrás de la aspiradora y otro que opera la bomba del equipo. La tarea puede extenderse hasta siete horas para cubrir cada centímetro del fondo.

Cada piscina del Memorial del 11 de Septiembre requiere 88 pasadas de aspiradora y hasta siete horas de trabajo para limpiar todo el fondo. (Spencer Platt/Getty Images/AFP)

Lo que cae al agua varía. Maroon mencionó al Times monedas, latas de gaseosa, juguetes de niños y cámaras fotográficas. Pero la mayor parte de lo que aspira son hojas caídas de los cerca de 400 árboles que rodean el memorial. El agua, además, recibe tratamiento químico: según el mismo medio, los químicos del lugar utilizan bromina, un alguicida, para controlar el crecimiento de algas. Maroon retira manualmente cualquier resto del fondo de piedra.

Hace unos cinco años encontró una tortuga del tamaño de una lonchera. El personal del memorial la adoptó, le puso el nombre “Lucky” y le dio un lugar en las oficinas del complejo. “Probablemente nos sobreviva a todos”, dijo Maroon al Times.

Las monedas que caen al agua van íntegramente al memorial, aclaró.

Las piscinas reflectantes marcan la huella de las Torres Gemelas y recuerdan los atentados de 1993 y 2001

Las dos piscinas del memorial, conocido formalmente como Reflecting Absence y diseñado por el arquitecto Michael Arad y el paisajista Peter Walker, se encuentran donde estuvieron las bases de la Torre Norte y la Torre Sur. Cada piscina cae unos nueve metros desde el nivel de la calle hacia un vacío central que desciende otros seis metros aproximadamente. Las cascadas que bajan por las paredes de granito negro constituyen, según el Memorial y Museo del 11 de Septiembre, las cataratas artificiales más grandes de América del Norte.

El equipo de mantenimiento del memorial retira hojas, monedas y otros objetos del agua y utiliza bromina para controlar las algas en las piscinas reflectantes. (Spencer Platt/Getty Images/AFP (Photo by SPENCER PLATT / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP))

A lo largo del borde superior de cada piscina, los nombres de las 2.983 víctimas están grabados en paneles de bronce. El número incluye a las personas que murieron en el ataque con bomba del 26 de febrero de 1993, que dejó seis muertos y más de mil heridos en el estacionamiento subterráneo del complejo, y a las que perdieron la vida el 11 de septiembre de 2001, cuando el ataque coordinado de Al Qaeda derrumbó las dos torres, dañó el Pentágono y mató a casi 3.000 personas en total.

Los nombres están organizados por ubicación y por “adyacencias significativas”: amigos que murieron juntos, grupos de bomberos y policías aparecen uno al lado del otro, según las preferencias indicadas por los familiares sobrevivientes.

Reflecting Absence, diseñado por Michael Arad y Peter Walker, ubica las piscinas donde estuvieron la Torre Norte y la Torre Sur del World Trade Center. (Spencer Platt/Getty Images/AFP (Photo by SPENCER PLATT / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP))

El memorial abrió el 11 de septiembre de 2011, en el décimo aniversario de los atentados. Más de 12 millones de personas lo visitan cada año, de acuerdo con datos del propio museo.

El turno nocturno: cuando se apagan las cascadas y el equipo entra al agua

El trabajo nocturno comienza cuando el memorial cierra al público. En ese momento, Tony LoCasto, ingeniero jefe del Memorial y Museo del 11 de Septiembre, da la orden y las cascadas se detienen. Solo entonces el equipo puede ingresar a las piscinas.

Los nombres en bronce del Memorial del 11 de Septiembre están ordenados por ubicación y por adyacencias significativas definidas por los familiares de las víctimas. (Spencer Platt/Getty Images/AFP)

El contraste con las horas de luz es total. Durante el día, miles de visitantes se acercan a los bordes, leen los nombres grabados en bronce y depositan flores u objetos sobre los paneles. De noche, el silencio del lugar solo se interrumpe con el zumbido de la aspiradora o con alguna voz de los guardias de seguridad que resuena desde arriba. Es en ese contexto que Maroon trabaja solo, o casi solo, durante horas.

“Creo que eso es una ventaja del trabajo”, dijo Maroon al Times. “No tenés que ver al jefe. Hacés lo tuyo. Lo hacés bien y te dejan solo. No diría que soy antisocial, pero también estoy bien solo”.

El Memorial del 11 de Septiembre recibe más de 12 millones de visitantes al año y su equipo también restaura las placas de bronce para mantener legibles los nombres. (Spencer Platt/Getty Images/AFP)

LoCasto, por su parte, recibe con frecuencia mensajes de agradecimiento de los visitantes. “Te estrechan la mano y están parados frente al nombre de alguien que vinieron a visitar”, dijo al programa TODAY de NBC. “Eso te da un propósito mayor”. El ingeniero agregó: “No creo que nadie pueda olvidar las imágenes. Eso me impulsa cada día a alcanzar otro nivel de perfección”.

Billy Finch, el custodio que nació después del 11 de septiembre

Uno de los integrantes del equipo de mantenimiento es Billy Finch, de 23 años, quien nació después de los atentados. Finch describió al programa TODAY la dimensión de su trabajo: “Esta es una posición en la que estás preservando un sitio muy sagrado. Un lugar donde, sin importar la raza, el género, lo que seas, todos fueron afectados de alguna manera. Es algo muy noble y me enorgullece mucho”.

El equipo también se ocupa de los paneles de bronce con los nombres. Según Business Insider, los ingenieros utilizan un soplete especial para restaurar las placas y eliminar los rayones o marcas que se acumulan con el paso del tiempo, de modo que los nombres permanezcan legibles y en condiciones.

Nadie reemplaza a Maroon cuando está enfermo o de vacaciones, informó The New York Times. En 14 años de trabajo, esa continuidad se convirtió en una marca personal. “No es la primera vez que limpias la piscina”, dijo. “Es cuando la limpias mil veces. Es como el Día de la Marmota. Supongo que tiene sus ventajas y sus desventajas. Para mí, no tengo problema con eso”.

“No sé si soy leal, persistente o terco”, dijo Maroon al Times. “Por eso, 14 años después, sigo acá. Y no planeo irme a menos que el cuerpo me falle”.