
Rosh Hashaná y Iom Kipur son días de encuentro, de balance, de reflexión y también de celebración. En la Argentina, como ocurre desde hace generaciones, miles de familias se preparan para reunirse alrededor de una mesa, compartir una comida, reencontrarse con quienes quizás no ven habitualmente y renovar tradiciones que pasan de padres a hijos.
Pero las fiestas no suceden solamente en las casas. También están los templos llenos, los rezos, los saludos, los abrazos, los chicos acompañando a sus padres y abuelos, las largas conversaciones después de los servicios y esa sensación tan particular de que, durante unos días, buena parte de la comunidad está haciendo lo mismo: encontrándose.
Y justamente porque se trata de estar juntos, hay algo más que también forma parte de estos días: la seguridad.
No como una preocupación que deba alterar la celebración, ni como una mirada alarmista sobre lo que puede ocurrir, sino como una responsabilidad sencilla y cotidiana. Porque la seguridad, en definitiva, también se construye con pequeños hábitos.
Desde DAC Argentina recordamos que caminar acompañados, especialmente de noche y en los trayectos hacia y desde las instituciones, es una medida simple que ayuda. También prestar atención al entorno y avisar al personal de seguridad ante alguna situación que resulte llamativa.
Hay algo tan sencillo como mantener cerradas las puertas de las instituciones, incluso en los momentos de mayor movimiento. Y algo que quizás sea todavía más importante: entender y acompañar los controles de acceso. Quienes están allí tienen una tarea muchas veces incómoda, precisamente para que quienes están adentro puedan rezar, celebrar y encontrarse con mayor tranquilidad.
También hay una recomendación que parece casi anecdótica, pero tiene sentido: los saludos, los abrazos y las conversaciones, mejor puertas adentro. Al terminar los servicios, evitar que grandes grupos permanezcan reunidos en la vereda permite que la salida sea más ordenada.
Son gestos pequeños. Tan pequeños que probablemente ni siquiera los recordemos después. Y, sin embargo, son parte de una cultura de prevención que permite que la vida comunitaria continúe.
Porque una comunidad no se protege encerrándose ni dejando de hacer aquello que la define. Se protege justamente para poder seguir haciéndolo.
El DAC trabaja durante todo el año, no solamente durante las fechas de mayor concurrencia. Y en estas jornadas, en las que miles de personas vuelven a encontrarse en las instituciones judías de todo el país, esa tarea adquiere una importancia particular.
Pero la seguridad no depende solamente de quienes tienen esa responsabilidad específica. También está en cada uno: en caminar acompañado, mirar alrededor, respetar un control, mantener una puerta cerrada o simplemente avisar cuando algo llama la atención.
Rosh Hashaná nos invita a comenzar un nuevo año. Iom Kipur, a detenernos, reflexionar y hacer un balance. Quizás también sea una buena oportunidad para recordar que cuidar al otro es una de las formas más concretas de construir comunidad.
Que estas fiestas encuentren a las familias reunidas, a los templos llenos, a los amigos reencontrándose y a la comunidad celebrando sus tradiciones con alegría y tranquilidad.
Shaná tová umetuká. Un año bueno y dulce para la comunidad judía y para toda la Argentina.




