Edgardo Pierobón, docente de la Licenciatura en Hidrometeorología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) explicó en una entrevista de qué se trata El Niño. En Córdoba se espera un notable aumento en las lluvias, aunque el profesional destaca que la provincia está mejor preparada que años atrás para monitorear los cambios de clima.

Con información de UNCiencia
El Pacífico ecuatorial se está calentando, y mucho en un fenómeno que se conoce como “El Niño”. Según Edgardo Pierobón, docente de la Licenciatura en Hidrometeorología de la Universidad Nacional de Córdoba, “estamos ante un evento muy fuerte que continúa intensificándose” y que se perfila como uno de los más potentes de los últimos 80 o 90 años en términos de temperatura oceánica. Después de tres años seguidos de La Niña y una sequía que golpeó fuerte al campo, el péndulo del clima parece girar hacia el otro lado.
¿Qué significa eso para Córdoba? No hace falta imaginar lluvia todos los días: para el experto, este verano “jugaremos con un ‘dado cargado’”, donde las chances de tormentas intensas son mayores, sobre todo en el centro y el este de la provincia. Según el experto, ahora estamos más preparados que antes. “El monitoreo “ha cambiado de manera radical”, dice.
El Niño es la fase cálida de un fenómeno climático natural de escala global denominado ENSO (por sus siglas en inglés) o El Niño-Oscilación del Sur. La denominación proviene de hace muchos años, cuando los pescadores de las costas de Perú y Ecuador notaron un calentamiento periódico en las aguas del Pacífico ecuatorial que reducía los nutrientes y alteraba la pesca. Como el pico de este calentamiento solía registrarse cerca de diciembre, se lo asoció al “Niño Dios”.
Corresponde a la componente atmosférica del sistema. Se refiere a las alteraciones de presión en distintos puntos del océano Pacífico ecuatorial, las cuales están directamente vinculadas con los cambios de temperatura del agua. Este fenómeno comenzó a estudiarse de manera integrada como un todo recién a partir de 1960, por lo que es un campo de investigación relativamente reciente.
El ENSO cuenta con tres fases según la temperatura de las aguas del Pacífico ecuatorial. La fase El Niño ocurre cuando se produce un calentamiento sostenido en una zona específica durante varios meses (por lo general, cuando se mantiene por más de 5 a 7 meses, o 5 trimestres consecutivos solapados). Después está la fase La Niña. Se presenta cuando las temperaturas descienden por debajo de determinado umbral y ese enfriamiento se sostiene durante un periodo similar. Y por último tenemos la fase Neutra, que se da cuando las temperaturas permanecen dentro de los valores climatológicos o estadísticamente normales.
No existe una frecuencia consolidada o exacta. Los eventos El Niño o La Niña suelen ocurrir en intervalos de 2 a 7 años, pero no hay una periodicidad estricta.
Actualmente nos encontramos en condiciones de El Niño. La fase cálida comenzó a desarrollarse entre marzo y abril con un leve calentamiento que se ha profundizado notablemente. Considerando las anomalías térmicas en la zona de monitoreo, estamos ante un evento muy fuerte que continúa intensificándose y se perfila como uno de los más potentes de los últimos 80 u 90 años en términos de temperatura oceánica.
Este calentamiento implica una gran acumulación de energía en un sector del océano, lo que aporta una enorme cantidad de humedad y energía a la atmósfera. Luego, la atmósfera redistribuye esa energía de manera desigual a lo largo de los diferentes sectores del planeta. Es importante aclarar que a nivel global no es el único fenómeno natural que altera las lluvias y las temperaturas, aunque sí es el más importante a escala anual. En Argentina, cuando nos encontramos en condiciones de El Niño, suele generar precipitaciones por encima de lo normal en el Litoral y en sectores de la Pampa húmeda.
Los antecedentes de El Niño muy fuertes ocurrieron en los periodos 1972-1973, 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Se mencionan dos años para cada evento porque su desarrollo se da habitualmente entre mayo-julio de un año y abril del siguiente, alcanzando el pico de calentamiento en noviembre o diciembre.
Entre 2020 y 2022 atravesamos tres eventos consecutivos de La Niña en la región núcleo, la Mesopotamia y el Litoral argentino. Esto provocó precipitaciones muy por debajo de lo normal y severas sequías que afectaron fuertemente la producción agrícola y las cosechas.
El posible impacto de El Niño en Córdoba
La respuesta del clima no es lineal. En Córdoba la relación no siempre es directa, ya que influyen otros patrones a distintas escalas. Hemos tenido periodos de La Niña con lluvias normales o incluso superiores a la media. Sin embargo, ante eventos El Niño muy fuertes, la estadística muestra que durante el verano (de noviembre a marzo) aumenta la probabilidad de registrar precipitaciones por encima de lo normal, principalmente en el centro y este de la provincia. En el noroeste y el Valle de Traslasierra la señal no suele ser tan marcada.
No necesariamente. Significa que serán más frecuentes los sistemas de inestabilidad. Un modo sencillo de explicarlo es que jugaremos con un «dado cargado»: la probabilidad de que ocurran eventos de lluvia intensa será mayor.
No hay que confundir la escala anual del ENSO con eventos meteorológicos extremos puntuales. Las tormentas fuertes ocurren en Córdoba tanto en años El Niño, La Niña o neutros. Nuestra topografía de sierras favorece la formación de tormentas, y el ingreso de aire cálido y húmedo entre octubre y abril genera las condiciones para que se desarrollen fenómenos intensos independientemente de la fase del ENSO.
Córdoba mejoró su capacidad de monitoreo
Ha cambiado de manera radical. Hoy la provincia cuenta con herramientas que no existían hace diez años:
-Red de estaciones meteorológicas: Contamos con más de 400 estaciones automáticas integradas en distintos servidores, lo que da redundancia de datos en tiempo real sobre lluvias, temperatura, humedad y presión.
-Radares meteorológicos: Disponemos de dos radares (uno en Córdoba Capital y otro en Alejandro Roca) que escanean la atmósfera con un retraso de solo 8 a 10 minutos. Permiten ver el desarrollo y la severidad de las tormentas casi en tiempo real, siendo clave para los alertas a corto plazo del Servicio Meteorológico Nacional.
-Imágenes satelitales: Se realiza seguimiento mediante satélites geoestacionarios con imágenes cada 10 minutos para evaluar descargas eléctricas y la evolución de los sistemas.
A través del Observatorio Hidrometeorológico de la Provincia de Córdoba (OHMC), disponemos del modelo de alta resolución WRF. Este modelo proyecta las próximas 72 horas con resolución horaria y un detalle espacial de 4 x 4 kilómetros. Esto es fundamental porque los modelos globales (con mallas de 25 km) no logran detectar tormentas locales pequeñas. Además, permite realizar pronósticos focalizados por cuencas hidrográficas.
La provincia está articulando el trabajo entre distintos ministerios e instituciones para contar con información fidedigna. Se realizan reuniones periódicas para monitorear la evolución del fenómeno y tomar decisiones anticipadas que permitan mitigar eventuales impactos en la población y el territorio.
La entrada El Niño, el fenómeno climático que impactará en Córdoba hasta principios de 2027 se publicó primero en El Resaltador.




